<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378</id><updated>2012-01-29T00:58:51.444+01:00</updated><category term='lecturas'/><category term='Manual de Postcinismo'/><title type='text'>Cerrado por Melalcoholía</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>250</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-5317302197813425456</id><published>2012-01-28T14:59:00.003+01:00</published><updated>2012-01-28T15:18:18.630+01:00</updated><title type='text'>Sonámbulos por la frase</title><content type='html'>&lt;title&gt;&lt;/title&gt;    &lt;style type="text/css"&gt; &lt;!--  @page { margin: 0.79in }  P { margin-bottom: 0.08in } --&gt; &lt;/style&gt;  &lt;br /&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Queridos dos,&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Que no quiero irme lo demuestra mi repentino ataque de cuarentona prematura. He comprado muebles para el piso, he pintado un armario y voy a Pilates dos veces por semana, me da mucha vergüenza cuando la profesora me riñe porque hago los ejercicios mal, y el otro día una chica me dijo: “Perdona que te haga esta pregunta, pero tú no te dedicas a las letras?”. Y yo me quedé muy quieta, sin saber qué contestar.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;La cosa está fatal. Ya os dije que cobraba setecientos euros al mes, de los cuales trescientos se van a Autónomos. Supongo que podría buscar trabajo en revistas como Men's Health o GQ, pero ya no me quedan fuerzas para escribir reportajes por los que me pagarían unos cincuenta euros menos IRPF. Me oigo decir esto (o lo leo) y odio ser tan quejica, pero llevo catorce años dedicándome al maldito periodismo y os juro que no puedo más.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;He ofrecido mis servicios como traductora y estoy metida de lleno en una novela que debería entregar en mayo (de ahí que dude ante la idea de irme, porque tengo previsto hacerlo a principios de marzo). Por otro lado, es como si lloviera cada puto día en esta puta ciudad. Todo el mundo está triste y de mal humor, y eso que el Barça gana siempre. Las noticias son cada vez más desalentadoras y me siento muy sola. La crisis ha llegado hasta los quesitos. Me gusta más la vaca que ríe, pero ahora compro del caserío me río, porque crearon una cooperativa para salvar la empresa, y bueno, los pobres no tienen ni para el hilo ese rojo con el que podías quitarle el papel a la caja, y me paso varios minutos intentando arrancar el papel del cartón con las uñas, como la secuencia de Mira Sorvino abriendo un CD en aquella película de Paul Auster, creo que era &lt;i&gt;Lulu on the Bridge&lt;/i&gt;.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Esta tarde vendrá un amigo de Santander que también ha visto frustrado su sueño de irse a NY porque ha cortado con su novia (una modelo que por lo visto está muy buena, pero como una puta cabra). Quizá quiera alquilar mi piso desde marzo hasta finales de mayo, fecha en la que tengo que volver porque se casa mi primo en Córdoba. Y luego, ya veremos.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;No me gusta hablar de sueños frustrados ni de personajes que rebuscan en el bolso porque, como dice Zadie Smith, son tópicos que implican ir sonámbulo por la frase. Es una pequeña traición, pero es traición de todos modos. Cuando la cometemos, nos hemos vuelto perezosos y nos adaptamos al clisé. “Cómo separar al bolso de su viejo y persistente amigo rebuscar”, apunta Zadie Smith sin darse cuenta de que “viejo amigo” también es ir sonámbulo por la frase. Ayer lo hablaba con otro amigo, nada viejo, mientras comíamos: escribir es procurar no ir siempre sonámbulo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Y luego, ya veremos. No sé cuál es mi intención en Buenos Aires, conocer a la gente del mundo editorial, ir a la feria del libro, enrollarme con un par de argentinos cultos y cool, y olvidarme de esta mierda de país donde los jurados populares cometen delitos no sólo ortográficos, quiebran empresas y familias, mandan los hijosdeputa, los oligofrénicos agachan la cabeza, el que no está parado tiene un sueldo paupérrimo y nadie sabe qué hacer, nos limitamos a esperar a que se nos caiga el techo encima. Preferiría irme a Gran Bretaña o Estados Unidos, pero mi nivel de inglés deja mucho que desear. Me asusta la inseguridad ciudadana y en este sentido, aunque haya terremotos, dicen que Chile está mejor. Bueno, tal vez al final opte por Chile. No sé. Me da igual. Sólo quiero salir de aquí.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Hablo de inseguridad ciudadana y ayer, mientras comía con mi amigo, asesinaron a tres personas en el edificio de enfrente, a dos manzanas de mi casa. Dos ancianos y su nieta de dieciséis años. Los vecinos vieron cómo alguien metía al perro de los ancianos en el maletero de su coche, se supone que para que no ladrara. Por qué el asesino no mató al perro plantea una cuestión interesante. El hombre metió al perro en el maletero del viejo Mercedes blanco, propiedad de los ancianos, justo a la misma hora en la que mi amigo y yo salíamos de comer. Pero no vimos nada, o no nos fijamos, porque andamos sonámbulos por las calles de siempre.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Estoy tan desanimada que me lo tomo como una especie de alternativa al suicidio. Un suicidio figurado, se entiende, no os asustéis, un empezar de nuevo. Preferiría hacerlo con alguien, para espolearnos mutuamente en los momentos difíciles, pero ésta es una excusa que oculta el miedo que tengo en realidad.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Antes me gustaría hacerte una visita, Anika, pero Pumuky, tú dijiste que no puedes hasta principios de marzo y quizá para entonces ya habré cruzado el Atlántico. Sería divertido vernos los tres masqueperros y pasearnos por los jardines de Londres, ir a St Dunstan in the East, comprar libros y ver algún partido del Manchester. Anika de nuevo: todavía no te he enviado los libros que te prometí, pero lo haré la semana que viene sin falta. Pumuky: hace meses que no voy a Madrid, me hubiera gustado ver tu función. Os echo de menos.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Sin duda la mía es una angustia absurda, hay gente que está mucho peor que yo, pero necesito quitarme de encima esta patética sensación de fracaso. Trapiello dice algo así como que nuestros logros nos resultan ajenos, descubrimos aquello que no sabíamos que sabemos cuando repasamos algo que escribimos, y entonces pensamos que nos lo dictó alguien mejor que nosotros. Mientras que los fracasos, en cambio, los errores, los reconocemos inmediatamente como propios. Cómo despojarme de la impresión de que me he equivocado, tendría que haber leído más, escrito más y mejor. En fin, supongo que también tengo una crisis prematura. O que estoy en crisis más que nunca. O que se contagia la lluvia, aunque no llueva de verdad.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Agradaceré vuestras palmaditas en la espalda y vuestros abrazos virtuales.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Qué es eso de la penicilina????!!!!&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Un beso enorme,&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Mel&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-5317302197813425456?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/5317302197813425456/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=5317302197813425456&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/5317302197813425456'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/5317302197813425456'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2012/01/sonambulos-por-la-frase.html' title='Sonámbulos por la frase'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-6841911174456324886</id><published>2012-01-06T13:44:00.008+01:00</published><updated>2012-01-06T14:17:39.879+01:00</updated><title type='text'>Mi carta</title><content type='html'>&lt;title&gt;&lt;/title&gt;    &lt;style type="text/css"&gt; &lt;!--  @page { margin: 0.79in }  P { margin-bottom: 0.08in } --&gt; &lt;/style&gt;  &lt;br /&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Habíamos dejado polvorones y champán en la mesa del comedor, un bol lleno de lechuga y otro con agua para los camellos. Estábamos en el piso de Concha Espina. Mis abuelos habían vendido el chalet que tenían en el parque de Conde Orgaz. Nos dijeron que era porque, después de que se sus hijos se independizaran, les quedaba grande. Era mentira, pero no la que descubrí aquella mañana de Reyes.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Mis hermanos y yo nos levantamos muy temprano, obligados como habíamos sido a conciliar el sueño cuando la emoción no nos dejaba pegar ojo. Los camellos eran unos guarros, habían pisado el agua del bol y sus huellas se esparcían por todo el comedor. A Sus Majestades el dulce no les gustaba tanto como el champán, se habían acabado la botella. Sobre la mesa, una carta. Para nosotros tres. Como buena hermana mayor, quise leerla en voz alta, pero estaba escrita en árabe.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Recuerdo algunos regalos bajo el árbol. Recuerdo que aquél fue el año del cuaderno de Hello Kitty, donde empecé a escribir historias sobre la gata y sus amigos: Hello Kitty va de pesca, Hello Kitty en el parque de atracciones, Hello Kitty se hace puta. Muerte a Hello Kitty. Recuerdo el jersey de lana que nos había hecho mi abuela; el de mis hermanos era azul, el mío rojo. En el pecho, la inicial de nuestros nombres.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Aquel piso gigantesco olía madera buena. Milajros (con jota, porque era gallega) entraba por la escalera de servicio. Tiwá, la pastora de los Pirineos a la que bauticé cuando tenía yo un año ampuntando un verbal petit-waw-waw, estaba gorda. Acompañaba a Milajros en la cocina, y ella dejaba caer una patata frita, un trozo de pan, los restos de la carne picada, como si no se diera cuenta. La perra los engullía.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Cosas de burgueses. Para avisar de que habíamos acabado el primer plato, mi abuela agitaba una campanilla. Entonces Milajros traía los segundos, después el postre. Si no había campanilla, mi abuela hacía tintinear la copa con el mango de su tenedor de plata.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Aquella mañana de Reyes, desmenuzados los paquetes y celebrados los regalos –Milajros tenía el día libre y le habíamos contagiado a Tiwá nuestra excitación: correteaba por la casa con la lengua fuera y agitando el muñón que, por pedigrí, le quedaba en lugar de la cola–, nos sentamos sobre la enorme alfombra persa, a los pies de mi abuelo, que se ajustaba las gafas en el sofá orejero. Dijo que nos traduciría la carta que nos habían dejado los de Oriente, y yo ahí empecé a sospechar.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Sabía que mi abuelo hablaba francés, castellano, inglés y un poco de alemán, tiene raíces teutonas. Por otro lado, me constaba que el árabe es un idioma muy difícil y me parecía raro que, si mi abuelo lo conocía, no nos lo hubiera dicho. “Copito”, le pregunté: “¿Tú sabes árabe?”. Llamamos a mi abuelo Copito porque tiene el pelo muy blanco y un espeso mostacho también muy blanco. Y su hija Tantalia empezó llamarle así a escondidas, y él lo descubrió y le gustó, y pidió que a partir de entonces aquel fuera el nombre por el que le reconocieran sus nietos.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Mi abuelo Copito contestó que sí, que sabía árabe. Le pregunté por qué y respondió que había pasado mil y una noches en Siria.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Entonces se puso a leer la carta muy despacio, repasaba con el dedo índice las letras de derecha a izquierda, y a veces se equivocaba. Se corregía. Como habéis sido buenos piños... niños, niños. Os hemos traído estos pasados... perdón, quise decir presentes.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;A mí todo eso me parecía muy raro. Sobre todo porque dijo algo así como “gracias por los polvorones, estaban de rechupete”, y claro, la expresión no es muy propia de unos señores que llevan vivos más de dos mil años. Mi abuelo nos estaba timando, se estaba inventando el contenido de la carta. La verdad era que no tenía ni puta idea de árabe.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Entonces, mientras esperaba con estoica paciencia que acabara su numerito para poder jugar de una vez con los regalos, un frío terrible se filtró por debajo de mi grueso jersey de lana y se apoderó de mí. De repente entendí que no es que mi abuelo estuviera inventándose el contenido de la carta. El agua por el suelo, la botella de champán. Todo era un montaje. Comprendí con horror que esa carta ni siquiera estaba escrita en árabe, que la había escrito él mismo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;No, pero no puede ser, repetía para mis adentros. La realidad que eso implicaba resultaba inadmisible.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Mi imaginé a Copito escribiendo la carta en falso árabe, sentado la noche anterior en aquella misma mesa mientras mi abuela dejaba los regalos bajo el árbol y, juntos, brindaban por la ilusión. Me embargó una emoción muy profunda que luego he vuelto a sentir muchas veces y que mezcla, sin yo darme cuenta, amor y piedad, el terror del desengaño, la frustración y, a la vez, un agradecimiento infinito. Tantos hombres actuarían así, años más tarde, para no hacerme daño. Y yo, como entonces, me haría la tonta para no perder eso tan valioso, tan necesario, tan definitivo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Aquel día fingí que seguía creyendo por mis hermanos, que no merecían todavía la hostia en el orgullo que comporta comprender que tus mayores te han mentido año tras año. Y así, me convertí, yo también, en uno de esos mayores que ocultan la verdad para preservar la inocencia de los niños.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Fingí que seguía creyendo por mi abuelo, que se había esforzado tanto en hacernos creer, que se pondría muy triste si supiera que no lo había conseguido. Fingí sobre todo con la intención de regresar a la felicidad de la ignorancia. Si me esforzaba mucho, mucho, mucho, sería capaz de olvidar lo que acababa de descubrir. Volvería a tener insomnio por culpa de la impaciencia que provoca el anhelo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;La alternativa era el cinismo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Ahora me levanto en un piso vacío de pasillo infinito con los pies helados, y lo recorro una y otra vez, consciente de que la mejor manera de no llevarse un chasco es no hacerse ilusiones. Supongo que, maldita sea, en eso consiste la madurez. ¿O se trata tan solo de cobardía? Ojalá por lo menos me hubieran traído carbón, porque en tal caso significaría que he sido mala y merezco un castigo. Pero no hay rastro alguno ni siquiera de montaje: ni huellas de camello, ni lechuga mordisqueada, ni una botella de cava agotada por los brindis.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Este vacío es lo que te queda cuando, en la carta de los deseos, pides que no te engañen.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;De modo que sigo inventando. Rápido, rápido. Cualquier cosa. Sal de aquí.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Habrá una carta en el buzón, me prometo, un cuaderno en blanco. El maravilloso presente de lo que aún está por escribir. Y vuelvo a emocionarme mientras espero una excusa para bajar a comprobarlo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-6841911174456324886?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/6841911174456324886/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=6841911174456324886&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/6841911174456324886'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/6841911174456324886'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2012/01/mi-carta.html' title='Mi carta'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-8533706825141458949</id><published>2011-12-31T12:42:00.005+01:00</published><updated>2011-12-31T13:02:01.928+01:00</updated><title type='text'>Lo que el año se llevó</title><content type='html'>&lt;title&gt;&lt;/title&gt;    &lt;style type="text/css"&gt; &lt;!--  @page { margin: 0.79in }  P { margin-bottom: 0.08in } --&gt; &lt;/style&gt;  &lt;br /&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Se sienta de cuclillas en la azotea del edificio de enfrente, solo como siempre. Esta vez no se fuma un puro, sino un cigarrillo con tabaco de liar que bien pudiera ser un porro. Lleva el chándal negro habitual, sudadera con capucha de forro y cordones rojos. Nunca sé si me ve. Si la ventana enfocada al norte provoca un efecto espejo o si, al contrario, le facilita entrar visualmente en mi casa, recorrerla a lo largo del pasillo infinito, sobre las baldosas que canturrean bajo mis pies.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Él se agacha bajo el cielo azul de un día soleado que es el último del año, y me pregunto qué hace tanto tiempo allí, si sus compañeros de piso no le dejan fumar en casa, si es que vive en un agujero de la portería, si es que es un okupa que se ha instalado en las escaleras del edificio, si es que no soporta a su vieja. Va girando sobre sí mismo apenas sin darse cuenta, ahora ya me da la espalda, antes estuvo un rato de cara a la Sagrada Familia. Chupa las últimas caladas de la colilla y la observa con atención, como si se hubiera quedado pegado en ella un resto de sus labios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiene que ser un porro porque, al levantarse, se tambalea, la tira a la calle y luego mira el suelo, tose. Temo que decida lanzarse él también. Ahora fuma en pipa, mientras sí, mira abajo y pone un pie en el rodapiés de la barandilla.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Corro a ponerme un jersey para asomarme al balcón y asegurarme de que me ve, así no se atreverá a saltar. Tardo exactamente tres segundos. Cuando vuelvo, ya no está. Sé que no se ha precipitado al vacío porque hubiera oído un golpe, gritos.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Entre el murmullo del ir y venir de los coches, el tintineo impertinente de los golpes contra las bombonas de butano del repartidor, las ruedas de una maleta sobre la acera. No ha tenido tiempo siquiera de abrir la puerta que da a la azotea. Recuerdo que, siempre que lo veo, ya está ahí. Quizá se cuele desde la terraza de al lado. Nunca lo veo llegar o irse. Simplemente está y luego, en tres segundos, el tiempo entre dos insuflaciones en una triple maniobra de reanimación, deja de estar.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Tres segundos es menos que doce campanadas, es la memoria de un pez y lo que se calcula que dura el presente. El lapso entre captar, comprender y asimilar la realidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Tres segundos o un año, qué más da. Los recortes han afectado a la existencia de algunas personas queridas a las que ya no podré enviar e-mails, con las que no tendré largas conversaciones de madrugada sobre películas, anécdotas, sentimientos y libros.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Los recortes han afectado a mi economía, claro, a la pasión por mi trabajo, sin duda también al futuro. De tanto apretarme el cinturón, a veces creo que me ahogo y otras que soy Scarlett O'Hara encorsetándose para saludar a sus nuevos pretendientes, aunque también he hecho recorte de amantes. Me he cansado de amores clandestinos, y eso que reconozco que tiene su gracia encontrarse a escondidas en los bares de heavies y darse el lote mientras suena el ruido de un grupo danés satánico que no conoce ni su abuela, o alternar con dos amigos sin que éstos sospechen nada. O bueno, sin que yo sospeche que sospechan.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;He hecho recorte de vidas, porque la doble que llevaba en este blog se ha ido a la mierda. Al final, en este pueblo, todo se sabe, pese a que me empeñe en demostrar lo contrario. Lo interesante es que todos nos hacemos los tontos, hasta el punto de que a veces me siento realmente así. Entonces me pregunto si no me habré extraviado en mi propio personaje, el fingimento y esos heterónimos que intentan convencerse a sí mismos de que les están diciendo la verdad, de que cada uno de ellos es el auténtico, en el fondo conscientes de que éste es precisamente el más grande engaño al que se ven sometidos.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Recorte de confianza, recorte de fe, y sin embargo sigo con el firme propósito de descubrir el mundo (o el fin del mundo) desde la emoción ingenua, porque poco puedes descubrir desde la arrogante sapiencia. Volver a los orígenes sin esperar nada de nadie, quizá ni siquiera de mí misma, tranquila después del cansancio de mil pequeñas derrotas que harán que recuerde este año como una  fecha importante, seguramente definitiva, pero sin ningún cariño. Demasiadas pérdidas. Demasiadas hostias. No muy bestias: tropiezos, resbalones, magulladuras, nada grave; pero dolorosas y molestas, erosionadoras, la consciencia en la piel de mi propia vulnerabilidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Entre tanto recorte, evidentemente tenía que cortar con él. Del todo esta vez. Otro bonito recuerdo para la colección de mi memoria que, al final, es a lo que se reduce cualquier vida.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Y luego, una Navidad preciosa que también será la última, porque era la despedida velada de algunos familiares que se emocionaron al ver que aún somos capaces de reunirnos a sus pies, sentados en la alfombra, mientras brindamos como siempre: “Yo soy el jefe, esto es champán, feliz Navidad”. El horror cuando descubrí que la frase, tradición en casa, repetida por mi abuelo cada año, pertenece a &lt;i&gt;Johnny got his gun&lt;/i&gt;. La sonrisa al aceptar que los belgas son así, tan raros, tan fríos, supongo que en parte tan como yo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Ver a viejos amigos, al gran amor de mi vida, que vino a buscarme a la salida del cine por sorpresa y fuimos a cenar, y hablamos y hablamos y hablamos. Y volvimos a quedar y seguimos hablando. Pero no pude porque sabía que, si nos besábamos, empezaríamos de nuevo y ahora no tengo fuerzas para empezar nada, mucho menos una historia tan complicada como aquella, de distancias en todos los sentidos.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Dije: No hemos hablado de Melancholia.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Dijo: Sólo hemos hablado de melancolía. Sigues transmitiendo vida y eres una triunfadora.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Melancholia es una película derrotista que habría dado la razón al chico de la sudadera negra en el caso de que hubiera saltado. El triunfo de la rendición. La melalcoholía es el recuerdo difuso de una alegre borrachera desde el pastoso dolor de cabeza que provoca la resaca. No cometeré ni el error ni la mentira de exclamar: nunca más. Al margen de que es absurdo, ni siquiera es mi intención. Esta noche brindaré como hago cada día con el día cuando me levanto.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Y como diría la encorsetada Scarlett O'Hara al final de &lt;i&gt;Lo que el viento se llevó&lt;/i&gt; cuando deja de llorar: mañana será otro año.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-8533706825141458949?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/8533706825141458949/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=8533706825141458949&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/8533706825141458949'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/8533706825141458949'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2011/12/lo-que-el-ano-se-llevo.html' title='Lo que el año se llevó'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-510539221123516291</id><published>2011-12-18T14:19:00.021+01:00</published><updated>2012-01-01T18:03:26.979+01:00</updated><title type='text'>Twiggy no mini skirt de</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;object class="BLOGGER-youtube-video" classid="clsid:D27CDB6E-AE6D-11cf-96B8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0" data-thumbnail-src="http://2.gvt0.com/vi/z22nzBVLCto/0.jpg" height="266" width="320"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/z22nzBVLCto&amp;fs=1&amp;source=uds" /&gt;&lt;param name="bgcolor" value="#FFFFFF" /&gt;&lt;embed width="320" height="266"  src="http://www.youtube.com/v/z22nzBVLCto&amp;fs=1&amp;source=uds" type="application/x-shockwave-flash"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;/div&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;    &lt;style type="text/css"&gt; &lt;!--  @page { margin: 0.79in }  P { margin-bottom: 0.08in } --&gt;&lt;/style&gt; En esta ciudad, siempre llega un momento en el que el tío se aparta y, mirándote a los ojos, te dice con arrogancia: “Supongo que estás tomando la pastilla, porque como no dices nada”. Entonces le respondes: “No sabes cómo te la juegas, ¿acaso ignoras lo peligrosas que son las mujeres a nuestra edad?”. En realidad, le pellizcarías los genitales con las uñas porque a ti te enseñaron que antes de entrar hay que pedir permiso y, antes de correrte, tienes que avisar. Habrase visto semejante rostro.&lt;br /&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Luego lo acojonas un poco. Cuatro palabras para después de un polvo: “¿Te gustan los niños?”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él se lo toma como una broma pesada y, mientras, tú le observas con atención. La alopecia amenaza su sesera, no quieres eso para tu hijo. Demasiado pelo en el pecho, su boca es fea. A tu lado yace un monstruo sudoroso y satisfecho al que no conoces de nada y con quien podrías tener una relación genética el resto de tu vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te imaginas levantando a tu hijo por las mañanas, dándole el desayuno, acompañándole al colegio, una copia de este tío que te recordará para siempre aquellos cuatro polvos que echaste un viernes noche porque ibas borracha o caliente o porque, simplemente, te daba la gana. Hay mujeres dispuestas a ello. Mujeres cuyo absurdo reloj biológico se lo reclama al precio del sexo gratis que, a diferencia del deporte, debilita el corazón y te calienta la cabeza.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;No sabes cómo, la conversación deriva hacia las estrategias de apareamiento, los concursos de deletrear americanos, los escritores posmodernos, la tontería de los escritores posmodernos, secretos y mentiras de los putos posmodernos, algún exnovio, alguna examante.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Y de repente (siempre llega ese momento en esta maldita ciudad), salta un nombre. El nombre de una mujer que te odia y dentro de la cual este semental dejó impregnada durante unas horas su semilla. Siempre pasa. Da igual con quién te acuestes, da igual si lo haces la primera noche o después de un cortejo de tres días. Siempre descubres que has intercambiado fluidos con alguna petarda, la hermana de una vieja rival o la novia de tu mejor amigo. Tú te guardas muy mucho de mencionar nombres, igual que en este blog, que voy a tener que empezar a cambiar pseudónimos porque, queridas lectoras, son ustedes muy listas y su capacidad deductiva deja en ridículo a cualquier detective.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;De hecho, hace poco más de un año, uno de esos amantes esporádicos que tuvo conmigo (igual que otros) problemas de erección, reconoció que se había liado con alguien que leía este blog. De modo que ya sabéis, chicas, aquél que os dijo: “Nunca me había pasado esto”, mentía. Como mínimo, le pasó conmigo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Breve inciso sobre los gatillazos. La lección me la dio mi hermano. “Maligno”, le dije, “algunos hombres no empalman conmigo, yo les digo que no pasa nada, pero en realidad me jode un huevo. Les comento de coña: eso es porque no te gusto, y ellos responden, sí, me gustas mucho, nunca me había pasado esto”. Mi hermano el Maligo contestó: “Qué coño. Tendrían que decirte: Perdona, bonita, pero si me gustaras la tendría dura como un palo”.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Repasados viejos amores sin amor, tras calibrar afinidades (qué es mejor, el vino o la cerveza? El vino. Mierda, no tenemos futuro), y soltar algunas anécdotas, empieza el reto con el compañero de cama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antiguamente, llegados a este punto, los mandaba a buscar cruasanes y, cuando volvían, no les abría la puerta. Luego maduré y jugaba a lo mismo que ellos. Primera opción: a ver quién ha sido más cabrón. Empieza una retahíla de medallas al más hijoputa, incluyendo la estrategia de mandar a tu comañero de cama a buscar cruasanes y no abrirle la puerta cuando vuelve. Por su parte, qué sé yo, chiquillas desesperadas que les envían mensajes sin parar y son capaces de plantarles en casa a la policía. Es como decirte: nena, no te convengo. Y en tu caso: no te hagas ilusiones, pequeño.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;La segunda opción es más sibilina, pero no por ello más femenina. Muchos hombres la llevan a cabo apelando a nuestra sensibilidad. Consiste en decirte: “Estoy muy bien contigo, me gustas mucho, blablablá”, para que exhales un oh, y apuntes su nombre y su teléfono, y los tengas en mente (aunque ellos nunca te llamarán y, si se te ocurre llamar a ti, te pondrán cualquier excusa en el caso muy improbable de que contesten). Vencer es fácil, consiste en pagar con la misma moneda, nada de hacerse la dura. “Oh, sí, tú también me gustas un poco, tendríamos que hacer algo juntos”, a ver si así se asustan y te dejan en paz. De este modo empieza en muchos casos el enamoramiento. En serio.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;El otro día recordé un vídeo que alguien colgó en su blog hace unos años. En él aparecía una revisión occidental y actualizada del clip &lt;i&gt;Twiggy Twiggy&lt;/i&gt;, de Pizzicato Five. En lugar de un monitor, salía un ordenador portátil; las cámaras eran digitales, todo muy posmo. La chica que cantaba era rubia y yo comenté en aquel antiguo blog: “Joder, qué fuerte! Pero si ese fue nuestro proyecto final de carrera! ¿Cómo ha llegado hasta aquí?”. Como hiciera Haneke en &lt;i&gt;Funny Games, &lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;dije que habíamos grabado exactamente el mismo vídeo &lt;i&gt;frame&lt;/i&gt; por &lt;i&gt;frame&lt;/i&gt;, pero cambiando los actores y el atrezzo. Era mentira, claro. Una estrategia de seducción basada en la misma falsedad en la que se basan las demás.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Pues bien, el otro día quise recuperar aquel vídeo, pero no sé exactamente dónde lo vi y ha pasado un montón de tiempo, así que sólo se me ocurrió una cosa: contactar con los blogueros de antaño con los que, al abrir Cerrado por Melalcoholía, tenía más o menos relación. Una relación virtual de comentarios y quizás un mail de vez en cuando. Una relación de lugares falsos, nombres falsos, de desconocidos que se encuentran, inventan noches, instantes y nada. Ficción.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Me presenté con mi nombre real y me sentí igual que aquellos polvos esporádicos que ya ni siquiera recuerdas y que irrumpen de pronto y te dicen: “Tengo sida, tendrías que hacerte la prueba”. O casi peor, llegan con un bombo y te sueltan: “Hola que tal, esto es tuyo”. Lío embarazoso.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;“Hostia, Mel, ¿eres Mel de verdad? Nunca imaginé que Mel fueras tú, cuánto tiempo. ¿Un vídeo? No sé de qué me hablas, lo siento”. La sinceridad asusta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La misma sensación de haberlo inventado todo, de que esos hombres, en realidad, nunca estuvieron ahí. Ni yo tampoco.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Cuántas veces no me habré sentido así en esta ciudad, en tantas camas distintas de las que lo único que podías hacer era largarte corriendo y sin correrte. Así que tú eres Tal, que trabajó con Cual, que salió con X, le puso los cuernos con Y y Z, y le rompió el corazón a Mengana por culpa de Fulano que fue mi jefe. Era casi incestuoso. Por eso opté por el &lt;i&gt;fucknrunnismo&lt;/i&gt; (huir antes incluso del segundo polvo, para que no empiecen las conversaciones posteriores con su consecuente unión de puntos). Y por fin empecé a salir con alguien que no era de aquí y cuyas ex son tan famosas como personalmente desconocidas, con lo cual me ahorro sorpresas. Y sé con quién estoy. Bueno, más o menos. Eso nunca llegamos a saberlo del todo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Pero tengo que reconocer que a veces echo de menos la familiaridad de aquellas conversaciones sobre la almohada con desconocidos que resultaban no serlo tanto, ese provincianismo esnob, poner a parir a los posmoniños, jugar al quién es quién entre las sábanas. Saber que, si contraemos alguna enfermedad o tenemos descendencia, todo quedará entre nosotros. Aunque no existamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como tal vez tampoco exista aquel vídeo que, de momento, sólo pervive en mi memoria. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-510539221123516291?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/510539221123516291/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=510539221123516291&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/510539221123516291'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/510539221123516291'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2011/12/twiggy-no-mini-skirt-de.html' title='Twiggy no mini skirt de'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-3866390669201379863</id><published>2011-10-27T20:02:00.006+02:00</published><updated>2011-10-27T20:35:48.690+02:00</updated><title type='text'>Puta desgraciada</title><content type='html'>&lt;title&gt;&lt;/title&gt;    &lt;style type="text/css"&gt; &lt;!--  @page { margin: 0.79in }  P { margin-bottom: 0.08in } --&gt; &lt;/style&gt;  &lt;br /&gt;&amp;nbsp;  &lt;title&gt;&lt;/title&gt;    &lt;style type="text/css"&gt; &lt;!--  @page { margin: 0.79in }  P { margin-bottom: 0.08in } --&gt; &lt;/style&gt;  &lt;br /&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;La tarde de los cojones ha empezado a las tres. Entonces un chico ha preguntado por mí a través del interfono y ha subido con un ramo de rosas, once rojas y una blanca. En la nota pone: “Casi llegamos al aniversario”. Cabronazo, así no hay quien corte. Regresó ayer a Madrid, tras dos días de conversaciones infinitas, o quizá mejor monólogos que siempre hacía yo. Algunas lágrimas, "no lo entiendo", sin reproches. Por la noche, un mensaje: “Eres la mujer más inteligente, hermosa, rara, independiente, ingobernable, adorable y cascarrabias a la que he amado”. En la tele, &lt;i&gt;Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo&lt;/i&gt;. Yo al teléfono: "Conmigo nunca te has puesto taparrabos". Y él: “Antes me he dejado 'impredecible'”.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Once rosas rojas por lo que ha sido, una blanca por lo que casi fue. Ya sabemos qué fue de él, pero no lo que será de nosotros. Las meto en un jarrón y llueve a cántaros, compro un paraguas y voy a trabajar. Salgo del metro y los maravillosos zapatos que traje de San Francisco resbalan sobre la acera, me doy un trompazo como en los cómics; Tintina en Sans, o mejor la capitana Haddock, por todos los rayos y centellas. Me levanto con el cóccix salpicando estrellas y, buf, tengo un mareo. Me apoyo en una pared, unos segundos nada más, sigo caminando. Me apoyo de nuevo, esta vez en el escaparate de una tienda cerrada, un hombre y una mujer se resguardan de la lluvia y me preguntan si estoy bien, los oigo a través del iPod y mil galaxias. Sigo caminando.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;De repente, muchas caras. Cuatro, cinco. Me miran desde arriba, me hablan. Estoy en el suelo, me he desmayado. Estoy empapada y el señor que me ha preguntado hace un momento si estaba bien, me arrastra de nuevo hacia el escaparate para protegerme del chaparrón. Una rusa recoge mis cosas, el paraguas, el iPod, va a buscar agua con azúcar. Un joven trajeado dice que estoy lívida, que tengo los labios blancos y acartonados, me preguntan todo el rato si les entiendo. Creo que sí. Bueno, más o menos. ¿No te acuerdas de nada? No. ¿He comido bien? Nunca como bien, pero precisamente hoy he comido pollo. El primer señor llama a una ambulancia. “Es que se te van los ojos”. Es verdad que estoy mareada. Tengo la tonta impresión de que, cuando te mueres, sientes algo parecido a esto. Qué absurdo morirse así. Me bebo el agua con azúcar, tengo el culo mojado. Tengo que llamar a la radio para avisar de que me voy a retrasar.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;La ambulancia tarda. La rusa se excusa, tiene que trabajar, es joven, guapa, lleva unas gafas modernas. Le respondo que claro, le doy las gracias. Miro al trajeado y le digo que él también puede irse, que muchas gracias, en serio, estaré bien. Pasan muchos minutos. Él me envía un mensaje desde Madrid. Pésimas noticias: reunión con el productor, la función provoca pérdidas demasiado bestias, se acabó la temporada. Se queda sin trabajo hasta después de Reyes. "Tendré que criar caballos o reparar bicicletas". Le respondo que me he desmayado, se preocupa, "me gustaría estar allí".&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Pasan más minutos. Voy recuperándome. Le pido al señor que ha llamado a la ambulancia que les diga que ya está, que no vengan, que con los recortes en Sanidad y todo eso, sólo faltaría que les hiciera perder el tiempo. Le prometo que después de hacer mi sección en la radio, iré a un CAP. También le doy las gracias y la mano. Ánimo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Voy en taxi los cuatrocientos metros que me separan del edificio de la Maternitat. Cuatrocientos metros en un taxi de Barcelona cuestan cuatro euros con setenta y cinco céntimos. Hago mi sección y voy al CAP que queda justo detrás. La cabeza sigue dándome vueltas, pero estoy mejor. Un poco aturdida.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Mientras un chico muy majo me pide los datos, nombre, número de Seguridad Social, fecha de nacimiento, etcétera, suena el teléfono. Uno de mis jefes. Los free-lance tenemos muchos jefes, cobramos muy mal pero pagamos Autónomos como si fuéramos empresarios. Yo cobro 1.000 euros brutos al mes y 250 se van a los putos Autónomos. Quiero decir, cobraba. Mi jefe dice: “El director, el subdirector y por supuesto yo te queremos, seguimos contando contigo, pero los recortes, ya sabes. Cobrarás la mitad”.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Se me saltan las lágrimas. El chico majo que toma mis datos me mira como si comprendiera y promete que me atenderán enseguida.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Me atienden enseguida. Una doctora muy simpática solicita que me hagan mil millones de pruebas. Una practicante recién llegada de Alicante llamada Elvira o Eugenia me aplasta un brazo, me pincha un dedo, me pone electros en el pecho, me siento ETE, me hace preguntas. Me hace más preguntas. "¿Tienes pareja estable?". Mierda. Nos hacemos medio amigas. Todo bien, la tensión un poco baja, pero por lo visto eso es bueno. La doctora me toca la rabadilla, no parece rota, pregunta si quiero una radiografía, le contesto que no hace falta. Me receta Ibuprofeno por si acaso.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Vuelvo a casa con muchísimo cuidado para no resbalar de camino al autobús. Lloro otro poco, a escondidas, mirando por la ventana. Qué horrible puede ser esta ciudad cuando no te ofrece ya ningún futuro. Cuando el futuro madrileño también ha dejado de existir. Cuando de momento no tienes fuerzas para empezar de nuevo, y menos con el culo jodido y mojado. Se me pasará. &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Al llegar, claro, el ascensor no funciona. Subo a pie los cinco pisos con entresuelo y principal, pensando qué puta desgraciada. Riéndome, en realidad, porque poco más puedo hacer, aunque mi cóccix estalle cada vez que pongo un pie en un escalón.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Sobre la mesa del comedor, las doce rosas. Once rojas, una blanca. Y ese maldito concepto: casi llegamos. Casi.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-3866390669201379863?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/3866390669201379863/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=3866390669201379863&amp;isPopup=true' title='15 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/3866390669201379863'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/3866390669201379863'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2011/10/puta-desgraciada.html' title='Puta desgraciada'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-1400542106152906047</id><published>2011-10-20T14:01:00.005+02:00</published><updated>2011-10-20T18:51:49.783+02:00</updated><title type='text'>Notary Club</title><content type='html'>&lt;title&gt;&lt;/title&gt;    &lt;style type="text/css"&gt; &lt;!--  @page { margin: 0.79in }  P { margin-bottom: 0.08in } --&gt; &lt;/style&gt;  &lt;br /&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Tengo un par de amigos muy pijos y bastante divertidos con un síndrome de Peter Pan que ríete tú de mí. Los conocí una noche en la que me secuestraron para llevarme a un infierno llamado Otto Zutz, en el que los chicos llevaban el jersey sobre los hombros y las chicas, tres meses míos de trabajo en ropa.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;En parte, reconozco que me gusta salir con ellos porque nunca jamás permitirían que pagara nada; es lo bueno de los conservadores. Hace mil millones de años, mi amiga La Loca llevó a cabo en el Otto Zutz uno de sus experimentos situacionistas. Le pidió 50 euros a un desconocido, él se los dio, y ella se fue con lo suficiente para pasar el mes. En otra ocasión, esta vez en la calle, reclamó a los peatones que le ayudaran a comprar un erizo y liberarlo así de la jaula de Las Ramblas, “tenemos que salvarlo!”. Luego, con la suma recaudada en la mano, se sintió tan culpable que se lo dio todo a un &lt;i&gt;homeless&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Pero volvamos a mis amigos los pijos. Uno es laboralista; el otro, notario. El laboralista tuvo una novieta de veinte años que, antes de verano, se resistió un poco a salir con nosotros por el Born porque iba demasiado bien vestida para ese barrio (sic). La convencimos y tampoco era para tanto. Pongamos que se llama Bruni.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Pues bien, estaba yo ayer cruzando la calle Pau Claris, de camino a una cena, en mi iPod sonaba una canción de Glasvegas, cuando un chico hizo ademán de atropellarme con su Vespa. No le reconocí enseguida por culpa del casco. Veo que es el laboralista (a quien llamaremos así: Laboralista). Me quito los auriculares y, mediante gestos, le pregunto si piensa pararse para que hablemos un rato. Sube la moto a la acera y me dice que no puedo ir así por la vida, tan despistada, que cualquier día me matan. Le contesto que el semáforo estaba en verde. Son las diez menos veinte, comenta que no son horas de salir del trabajo. Me fijo en su corbata amarilla de calaveras rollo St. Pauli. Dice: “El proletario postindustrial, ya sabes”. Pienso: proletario, vaya huevos.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Apaga la Vespa y pregunta:&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;–¿Qué sabes de mi amigo?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Su amigo es el notario (a partir de ahora: Notario) y hace un montón que no lo veo.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Buf, hace un montón que no le veo. Nada. ¿Cómo está?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: Mañana lo veré. Hemos quedado.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Ah, pues entonces dale recuerdos de mi parte.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: La verdad es que yo tampoco sé nada de él, la última vez que nos vimos, nos hizo un feo y se largó a las doce y media o así, muy pronto. Dijo que se iba a casa. Y pensé: Melalcohólica.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: ¿Melalcohólica?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: Sí, pensé que había quedado contigo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Qué va. Sería con otra.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: Le gustas muchísimo. Nos envía todo el rato e-mails diciendo que si hemos visto esto o lo otro, cosas que has escrito y eso.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Pero qué dices, eso era antes. Ahora pasa de mí.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: Te enteraste de que fuimos a ver a José Tomás, no?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Sí, lo de las entradas del señor Balañá.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;(acotación: en la corrida del sábado, el Laboralista perdió las entradas para ver a José Tomás el domingo, en la que sería la última corrida de la Monumental. Entonces, agobadísimo, fue a ver qué podía hacer. Justo en ese momento, se encontró al empresario dueño de la plaza –así como de la mayoría de cines y teatros de la ciudad– y éste le acompañó a la taquilla y lo solucionó todo. Le hicieron un duplicado y al día siguiente, aunque había dos personas sentadas en sus sitios, que compraron las entradas en la reventa, cupieron los cuatro).&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: Fue muy fuerte, me lo encontré justo cuando estaba bajando del coche.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: ¡Venga! Es un poco increíble.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: Notario no me cree, ¿verdad?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: No mucho. Pero Abogado sí.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;(acotación: Abogado es el nombre que recibe otro amigo suyo que, pese a su apelativo, no es abogado).&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: Mierda, tendría que haber sacado una foto.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Sí. También me contaron lo de Bruni y que te pitaron los oídos y les enviaste un mensaje.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;(acotación: en un momento dado, Laboralista vio a Bruni al otro extremo de la plaza. Fue hacia allá, y uno de sus amigos los vio besándose aunque se suponía que ya no estaban juntos. Empezaron a reírse de él y, justo en ese momento, Notario recibió un SMS de Laboralista. Decía: “Dejad de rajar, cabrones!”.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: ¡Lo sabes todo!&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: ¿Y tú cómo supiste que estaban hablando de ti?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: Porque yo también lo sé todo. Por ejemplo, sé que después de la corrida, Notario y tú estuvistéis chateando.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Exageras, nos enviamos un par de mensajes, como mucho. Le pregunté si se había emocionado. Además quería saber cómo le van las clases de golf y si tiene swing.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: Toda la noche mandando mensajes.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Pues estaría escribiéndose con otra.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: Noooo, él escondía su BlackBerry, y yo miraba por encima de su hombro, y ponía algo así como Melita o Mimí...&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Mel.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: ¡Claro! ¡Cómo no caí! ¡Mel de Melalcohólica!  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Qué cabrón eres.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: Mira, te voy a hacer un regalo que me ha hecho un cliente.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Se saca del bolsillo interior de la chaqueta un pequeño bote de LetiBalm Stick.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: Es una crema reparadora para los labios y la nariz, para que los tengas bien tersos.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: ¿Es una indirecta? ¿Tan arrugada me ves?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Él: Un poco.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: !!!&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: Qué va, me encanta tu nariz, me encantan tus labios. Y a Notario más.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Qué pesado.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: Si llego a saber que no se creerían lo del señor Balañá, les digo que me he encontrado a José Tomás directamente!&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Hubiera molado, mucho más peliculero. Pero Abogado te creyó.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Hablamos de su moto, una vieja Vespa muy bonita de color crema. Él creía que yo ya la había visto, yo le contesto que no porque cuando coincidimos en el Born, se fue en el minicoche de Bruni.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: Lo nuestro se acabó.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Eso dijiste la última vez, y luego te pillaron en la plaza de toros.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: No, pero ahora estoy saliendo con una chica que creo que te gustará.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: ¿A mí?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: Sí, porque es muy creativa.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Buf, qué mal suena eso de &lt;i&gt;creativa&lt;/i&gt;. ¿Qué quieres decir con &lt;i&gt;creativa&lt;/i&gt;? No sé si me gustan las &lt;i&gt;creativas&lt;/i&gt;.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: Entonces, ¿quién te gusta?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Nadie.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Notario: Devuélveme el reparador de labios.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Bueno, a ver...&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: ¿Te gustan los notarios?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Claro.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: Me dijiste que Bruni no te gustaba.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Nunca dije eso. Nunca se me ocurriría decir algo así.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: Bueno, que no le veías futuro a lo nuestro.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: ¡Qué va! ¡Si me pasé la noche insistiendo en que tuviérais hijos!&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: Jajajaja! Es verdad! ¿Por qué hiciste eso?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: No sé, estaba blanda. De repente le busqué un sentido a la vida.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: Siempre te agradeceré una frase que me dijiste aquella noche. La he repetido muchas veces y, joder, en cuanto la digo, las mujeres se abren de piernas ipso facto. Funciona en el 90% de los casos. Te debo la mayoría de polvos que he echado desde entonces.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: ¿Qué frase es?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: “Yo sólo quiero devolver lo que me han dado: la vida”.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: ¡Jajajajajajaja! ¿En serio dije eso?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: Supereficaz.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Mierda, un concepto tan trascendental llevado a...&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: Llevado a la practicidad. ¿Qué sentido tiene tanta trascendencia si no es para follar? Funciona con todas menos con las divorciadas que tienen hijos.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Claro, porque ya saben el coñazo que comporta ser madre.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Laboralista: Ésas se van corriendo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;En fin, que Laboralista se fue a casa y yo a cenar. Y bueno, reconozco que los pijos tienen su gracia.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-1400542106152906047?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/1400542106152906047/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=1400542106152906047&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/1400542106152906047'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/1400542106152906047'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2011/10/notary-club.html' title='Notary Club'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-9173266517138469772</id><published>2011-10-18T14:17:00.002+02:00</published><updated>2011-10-18T14:24:14.149+02:00</updated><title type='text'>Un sueño</title><content type='html'>&lt;title&gt;&lt;/title&gt;    &lt;style type="text/css"&gt; &lt;!--  @page { margin: 0.79in }  P { margin-bottom: 0.08in } --&gt; &lt;/style&gt;  &lt;br /&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Estaba tumbada a su lado, con la cabeza apoyada sobre su pecho, en uno de esos abrazos de oso que solía darnos. Nos hallábamos en aquel espacio desajustado en el que sabíamos lo que iba a pasar al cabo de dos días, pero no lo que ocurriría antes de que se cumpliera ese plazo fatídico. Esto es: el territorio de los sueños.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Hablábamos creo que de Ellroy. Se giró hacia un calendario de 1971 colgado junto a la cama y dijo: “El día 13 se cumple el aniversario de su muerte. Ochenta años”.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;–Ochenta años mola, es una buena edad para morir –le contesté consciente de que él no alcanzaría esa edad. Yo sabía, porque en los sueños esas cosas se saben porque la vigilia va a otro ritmo, que él se moriría al cabo de dos días, a los cuarenta y tres. El siete de octubre. Pero para que esa realidad no se cumpliera (y en el mundo onírico podemos cambiar lo que queramos), añadí: –Claro que nosotros viviremos hasta los ciento veinte.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;–No, lo importante es 1971, lo importante es el día 13 –respondió.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Era extraño estar con él en la cama, de aquel modo fraternal, hablando de Ellroy y de la muerte. Descubriendo cosas que no sabía que habían pasado, porque la cronología, la lógica del tiempo, iba en otra dirección. En eso consisten los sueños, sí, y en eso consiste la ficción: en jugar con los datos, en desordenar la información, en mezclarlo todo según unos intereses para otorgarle un sentido.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Que él se haya muerto no tiene sentido alguno. Que se haya muerto así, tan de repente.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Se levantó. “Me encuentro mal”, dijo. “No”, pensé yo. Así empezó todo. O así acabó.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;–¿Quieres que llame a un médico? ¿Te acompaño a algún sitio?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;He intentado aferrarme a ese sueño desesperadamente, porque en el sueño él aún estaba vivo y yo sabía que iba a morirse y él no, y tal vez todavía podríamos salvarle y, en cuanto despertara, nada tendría sentido. Para que la ficción se convierta en realidad, hay que transformarla. Creérsela. Espera, espera.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Me he despertado con el pelo por delante de la cara. Temblando. Ellroy, por qué Ellroy, si ni siquiera ha fallecido. Dice mi amigo el Lobo que los sueños son el lenguaje de... pero para mí aún no está muerto. Como Ellroy. Cómo voy a creerme eso, si no tiene sentido.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;La vida, en realidad, es inenarrable. Con la muerte pasa lo mismo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Eran pasadas las tres y media. He jugueteado con Google, buscando respuestas que sólo inventaría. En 1971, Ellroy fue arrestado por la policía de Los Angeles. Vale. Su madre fue asesinada en 1958, tenía 42 años.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Su manera de escribir nada tiene que ver con la de él. Mero pasatiempo para no recordar qué era lo que de verdad me había despertado. Intento de recuperar el sueño, ese terreno en el que, aunque sabemos lo que va a pasar, creemos que podemos cambiarlo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Insomnio. Miedo. La crueldad de morir despierto. La paradoja. La palabra y el concepto "conciliar". Y luego.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-9173266517138469772?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/9173266517138469772/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=9173266517138469772&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/9173266517138469772'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/9173266517138469772'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2011/10/un-sueno.html' title='Un sueño'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-2300663845564968766</id><published>2011-09-18T18:56:00.003+02:00</published><updated>2011-09-18T19:40:06.692+02:00</updated><title type='text'>El nudo de la corbata</title><content type='html'>&amp;nbsp;  &lt;title&gt;&lt;/title&gt;    &lt;style type="text/css"&gt; &lt;!--  @page { margin: 0.79in }  P { margin-bottom: 0.08in } --&gt; &lt;/style&gt;  &lt;br /&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;Los rumores no me molestan, especialmente cuando me conciernen. Me divierte esa sensación de tener más vidas de las que tengo, de haberme acostado con más hombres de lo que confesaré jamás y con muchos menos de los que me atribuyen. Los rumores juegan a favor de los que somos celosos de nuestra intimidad porque, mientras corren y llenan las bocas de quienes se los pasan como un porro, esas bocas no pueden decir nada más, no preguntan, no indagan. Se quedan ahí, aleladas, con el rumor colgado del labio, sacando humo tras el que se oculta la verdad. Sólo humo. Habrá quien diga que por él se sabe dónde está el fuego, o el cáncer. Pero lo cierto es que evidencian dónde hay marihuana y qué alucinaciones exhala.&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;Cuando soy la protagonista, intento preservar ese papel alimentando el rumor que me lo concede. Si un amigo me comenta en una fiesta: “Dicen que nos miramos mucho”, yo le miro todavía más y le sonrío ostentosamente, le dedico una caída de párpados y a veces incluso vuelvo en el mismo taxi que él, aunque cada uno se vaya a su casa. Si está en duda mi heterosexualidad, meto mano a una amiga fingiendo disimulo, bailo con ella lasciva. Esa superficialidad no puede hacerme daño. Tal vez sí a otras personas. Por eso, cuando veo que se extiende hacia alguien que podría salir perjudicado, hago nuevos malabares, llamo la atención; si siembro la duda o creo confusión, si despisto un poco, me doy por satisfecha.&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;En eso consiste precisamente la literatura y supongo que para eso existe este blog. La gente tiende a creerse las cosas que ve por la tele o lee en cualquier sitio, la gente quiere creerse todo lo que le cuentan. La verosimilitud es más fácil de conseguir si quien narra la historia lo hace en primera persona y utiliza un pretérito próximo, del mismo modo se presentan las anécdotas. Le dices a alguien: “Flipa con lo que me acaba de pasar”. Y el otro se queda y escucha, y a lo mejor no flipa, pero como se lo han anunciado de un modo tan atractivo (quédate aquí conmigo porque lo que estoy a punto de contarte te va a impresionar muchísimo) no tiene más remedio que dejarse arrastrar hacia el mundo que se abre tras cada relato, sin plantearse –para qué– qué parte tiene de ficción y qué de realidad.&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;La boda de nuestros amigos, el viernes, jugó todo el rato en ese espacio indefinido donde lo que es verdad y mentira no importa, siempre y cuando se lo puedan contar unos a otros como a ellos se lo han contado. Para empezar, se celebró antes de que marido y mujer se hayan casado. De hecho, el mes que viene la celebrarán de nuevo en África y no firmarán los papeles hasta diciembre en una nueva ceremonia oficiada por el exalcalde de la ciudad.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;Mi amiga La Loca y yo solemos arrastrarnos mutuamente a una perdición inocente, así que por la tarde la convencí para que abandonara la Dukan y volviera a la cerveza, que es mucho más sana y agradecida. Sentadas en una terraza de la plaza Artós, ella de Valentino y Mascaró, yo con un vestido ceñido, brindamos por los kilos perdidos. Y cuando llegamos al Giardinetto, por su falta de costumbre y mi semana de sobredosis, llevábamos un puntillo interesante al borde del abismo.&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;Su falta de costumbre se debía a veinte días sin probar el alcohol. Mi sobredosis era sobre todo emocional, a raíz de una tormenta que sacude esa bonita historia de amor que solía mecerme de Barcelona a Madrid hasta que me mareé, o hasta que yo qué sé, porque las crisis son siempre lo más difícil de explicar. Las relaciones tienen una unidad narrativa; las rupturas, en cambio, fragmentan el relato, uno no sabe por dónde empezar ni cómo justificarlas, especialmente cuando el sentimiento no se corresponde con los actos, o cuando lo conveniente quizá no sea lo acertado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He pasado un verano tranquilo, durillo a veces y solitario, en el que lo que me ha salvado han sido las conversaciones con un amigo que piensa mejor que yo, y que no sólo me ha cambiado el modo de mirar, sino también de ver muchas cosas. De ahora en adelante lo llamaremos el Joven Cultivador de Marihuana, lo que le convierte en parte en cultivador de sueños y de rumores, como decía al principio. El humo y las alucinaciones.&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;La cuestión es que el viernes, en la boda, estuve un pelín triste. El día anterior había estado en Madrid, me pasé el viaje de vuelta llorando en el AVE, tan cansada que ni siquiera me dio vergüenza. Ver tantas caras conocidas en el Giardinetto me alegró, creo que logré cierta chispa al principio, aunque luego me dijeron que me faltaba energía. Bueno, no importa, estaba cómoda, me sentía acogida, la novia estaba exultante y yo, contenta por ella. Existe cierta envidia sana que consiste en verse reflejado en el otro. Es una envidia peligrosa porque puede derivar en la autocompasión, pero supongo que para eso están las bodas, para imaginarte en su lugar. A mí la novia me recuerda a mi madre en muchos aspectos; en lo enamorada que está, por ejemplo, en el orgullo que siente por su marido. Nosotros nos hubiéramos casado en el último pueblo de la Vall d'Aran y habríamos invitado a todo dios, desde mis amigos de Barcelona y Mallorca, hasta los suyos de Madrid y Zaragoza.&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;Para acabar de adobar mi rara nostalgia (basada evidentemente en viejas conversaciones llenas de ilusión), ahí estaban sus amigos de Zaragoza, todos recordándome la buena pareja que hacíamos, lo felices que se nos veía juntos, etcétera. A quién le importa por qué no funciona el amor, o por qué con el amor no basta, esas justificaciones son un coñazo. Por otro lado, qué ganas tiene todo el mundo de dar su opinión, “me caes bien, me cae bien, me gustáis juntos, no rompáis, devolvedle unidad al relato”. Y lo hacen con la mejor intención, pero qué complicado es todo, como en ese estúpido estado de Facebook, it's complicated. Qué egoístas somos, qué incapaces de simplificar las cosas.&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;Creo que él ha empezado a salir con una chiquilla muy guapa e inminentemente famosa; a mí me relacionan con un Principito que también estaba en la boda y a quien le tomé prestada la corbata roja para alimentar como hago siempre ese rumor. Luego le pedí a uno de los editores más importantes de Europa que me hiciera el nudo y posteriormente bailé con su mujer; planeamos un road trip en busca de uno de sus autores, que ha desaparecido en algún complejo de apartamentos al sur de la Península.&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;Mientras a mí me preguntaban por el hombre al que aún amo en Madrid (qué raro que no le haya puesto nombre, supongo que cualquiera resultaría demasiado obvio) al Principito le preguntaban por mí, ¿es verdad que estáis juntos? El más malicioso me dijo: “¿Sabes que la corbata es un símbolo de sumisión y que su propietario es tu dueño?”. Luego me enteré de que el rumor no se limita a que nos hayamos liado, sino que va mucho más allá: dicen las malas lenguas que yo dejé al chico de Madrid por el chico al que le tomé prestada la corbata. Eso supera con creces la potencia que yo creía que tienen los rumores y le da mil vueltas a mi imaginación; narrativamente carece de tanto sentido que resulta surrealista. Claro que &lt;i&gt;sur-realisme&lt;/i&gt; quiere decir sobre la realidad. Estoy por presentarme a la próxima fiesta con un cojín en la barriga para que se pregunten de quién es el bebé.&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;Todo iba más o menos bien, pero sin duda llevaba la tristeza impregnada en la cara como un rímel corrido, porque cuando la novia empezó a repartir rosas rojas y blancas entre las invitadas (una para cada una), a mí me dio dos. Yo había encontrado un led en el suelo, atado a los restos de un globo reventado, y me lo anudé a la corbata, llevaba en mi cuello la luz.&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;Estaba hablando con alguien en la barra cuando, de repente, un tío al que apenas conozco se volvió hacia mí, me interrumpió y dijo: “Oye, estás muy buena y ese vestidito que llevas es muy mono, pero escribes como el culo”. Eso fue demasiado para mí. Se agolparon en mi garganta la terrible despedida del día anterior en Madrid, las excusas improvisadas con las que intentaba justificar que él y yo no estemos juntos pese a hacer buena pareja, se agolparon las mil cervezas, la boda que no será, la autocompasión y la patética piedad que me di cuenta que provocaba a mi alrededor. Salí corriendo a buscar un taxi, me ahogaba.&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;Me senté en un banco para tomar aire, conté hasta cien y recordé dos cosas importantes. Primera, que soy demasiado egocéntrica. Segunda, una conversación que acababa de tener con un filósofo que se casó con quien más le daba; él se había dejado deslumbrar por otras mujeres, pero eran ilusiones, pura ficción. Sólo ella era real, sólo lo que ella le ofrecía era de verdad. Él supo descubrir la autenticidad de su sentimiento en el fondo del rumor. Ahora esperan un hijo que es la materialización de un proyecto sólido en común. Conservador? Puede. Convencional? Sin duda. ¿Una justificación para convencerse a sí mismo ante el acojone que implica la responsabilidad de ser padre? Quién sabe. Pero nunca nadie me había explicado tan bien la evidencia, el valor de lo tangible. Lo auténtico.&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;Regresé al bar, todavía cabreada, y me deshice del led brillante y la corbata roja con la que hubiera podido colgarme de una viga si en mi casa hubiera vigas y algún gancho del que colgarme y, qué coño, si hubiera querido colgarme, que en realidad está claro que no. Se la devolví a su propietario con tanto dramatismo (arrancármela del cuello y dársela delante de todo el mundo) que  los invitados corroboraron sus sospechas: si le montaba aquel numerito era porque me había rechazado o algo así. No sabían que mi enfado no tenía nada que ver con él, sino con un gilipollas que me había interpelado en la barra para decirme que escribo como el culo. Pero les daba igual, mola más pensar que estás presenciando un desatado ataque de pasión que ratifica la veracidad del rumor y lo despoja de cualquier duda.&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;Me senté con el filósofo que tanto me había enseñado y sus amigos, hasta que vino el gilipollas a pedirme perdón. Por lo visto fui borde con él hace unos años y seguía resentido conmigo. Le dije que no recordaba haber sido borde, sino que sencillamente lo rechacé cuando pretendió acostarse conmigo. Le dije que era de muy mala educación interrumpir a alguien a quien apenas conoces para decirle que escribe como el culo en una boda. Volvió a pedirme perdón y me dijo que fuéramos a tomar una copa. Tuve que resistirme para no contestarle que se fuera a tomar por culo.&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;El Principito se iba en ese momento y le acompañé al taxi para que los demás siguieran hablando de nosotros un rato más, no voy a decepcionar a mi público. Luego me reuní con un gran escritor al que admiro mucho y quiero un poco, y mi grado de patetismo era tal que me abrazó para animarme. Sé que tendría que haberme largado a casa en ese momento, corría el riesgo de hacer un ridículo espantoso si me quedaba, pero no podía hacerlo porque era consciente de que me sentiría muy sola. Tenía miedo. Un miedo tristísimo y aberrante, un miedo tragicómico y melodramático, totalmente absurdo por injustificado, pero miedo al fin y al cabo. Me senté derrotada en un taburete y los que me consideraron un resto de serie fueron haciendo turnos para darme abrazos y besos. Algunos con mucho cariño, otros llevados por otro tipo de impulso. Estaba claro que era vulnerable, tenían que averiguar si me dejaría mimar y animar hasta la entrepierna.&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;Entre los que se acercaron con dudosas intenciones volvía a encontrarse el gilipollas, que insistió en que fuéramos a tomar una copa. Se lo presenté a mi amiga La Loca y cometí un error. Dije: “Éste es Tal, dice que escribo como el culo”. La Loca y yo nos arrastramos mutuamente a una perdición de azúcar, pero también nos defendemos la una a la otra como leonas. Ella contestó: “¿Cuál de sus novelas has leído para sostener semejante afirmación?”, a lo que él replicó: “Me basta con sus artículos”.&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;Eso fue sólo el principio de un intercambio de lindezas aderezadas con litros de alcohol que él desató a partir de un: “hablas raro, tienes voz de pija, quítate la patata de la boca”, y que ella rebatió con un: “tú sí que hablas mal que no sabes ni prinunciar correctamente una ele”, él se metió con su camisa de Valentino, ella con su nariz de pepino, ella con su ultranacionalismo catalán, él con su fascismo español, “imbécil”, “idiota”, “estúpida”. Etcétera.&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;El gran escritor al que admiro mucho y quiero un poco había sacado montañas de jamón para hacer un resopón de madrugada. Fue una buena idea, pero tuvo consecuencias. Harta ya de la discusión agresiva y sin argumentos con aquel gilipollas integral, mi amiga La Loca dio media vuelta y se disponía a irse enfadadísima cuando éste agarró un puñado de jamón y se lo puso en el pelo. Yo no daba crédito. Entonces mi amiga se giró hacia él furibunda e hizo el molinillo, que consiste en mover los brazos y las manos muy rápidamente delante de la cara para hacer saltar por los aires todo lo que se interponga en su camino, en este caso las gafas del gilipollas. Del tortazo que le dio, le abrió una pequeña brecha en la nariz.&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;Lo siento, sé que la escena a lo mejor fue un poco fea, pero qué coño, estuve muy orgullosa de ella y, si lo ha sido siempre, en ese momento se convirtió en mi ídola absoluta y mi heroína más que nunca por los siglos de los siglos. La adoro incondicionalmente. Llevaba horas reprimiéndome y esa hostia se la hubiera dado yo, al gilipollas. Gracias a mi amiga La Loca, no me quedé con las ganas.&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;De vuelta a casa, bajo la primerísima luz del día, pensé en lo divertida, emotiva y etílica que había sido la fiesta pese al último episodio (aunque fuera el más morboso y el momento cumbre de la noche, también hay que decirlo). Pensé en lo contentos que pueden estar los novios, ella descalza sobre una moqueta impregnada de años de desfase, él claro, sin corbata. Pensé en lo complicado que es hacer algunos nudos, sobre todo si no es uno mismo quien se los hace; eso dicen los hombres que llevan corbata, al menos, que les cuesta hacérselos a otro. Pensé en todas esas mujeres que, en cambio, aprendieron a hacer esos nudos a sus maridos. Pensé en el matrimonio, las sogas al cuello, las correas, los lazos, los nudos en la garganta.&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;Pensé en lo fácil que es deshacer algunos de esos nudos, sin embargo, y protagonizar una escenita devolviéndole la corbata a su propietario. Un truco de ilusionista involuntario, una mala interpretación, la comidilla, rumores, un cuento. Pensé que algunos nudos se deshacen cuando lloras y que otros provocan tu llanto en cuanto se deshacen. Supe que la resaca sería insoportable.&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;Y lo fue. Pero menos de lo que esperaba, o más física que mental, con más dolor de cabeza y ovarios que de corazón. Me vino la regla y eso explicó muchas cosas. Otro nudo se afloja cuando por fin te baja la menstruación. Bebí litros de agua, dormí prácticamente el día entero, recordé que llevaba una semana sin descanso, me convencí de que lo había soñado todo. Y quizá sea así. Escribir consiste en eso, en hacer que lo que inventas sea verdad aunque la verdad parezca mentira, y hasta que no se distingan. Hacerlo siempre, a pesar de que habrá algún gilipollas que te diga que lo haces como el culo y con quien quizá lo preferible sea liarse a hostias. Para hacerle callar y porque un buen sopapo puede ser el mejor antidepresivo aunque no lo des tú.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-2300663845564968766?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/2300663845564968766/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=2300663845564968766&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/2300663845564968766'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/2300663845564968766'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2011/09/el-nudo-de-la-corbata.html' title='El nudo de la corbata'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-7462038605286578353</id><published>2011-09-02T12:49:00.013+02:00</published><updated>2011-09-03T11:19:39.733+02:00</updated><title type='text'>Hombres Supuestamente Interesantes con los que nunca volveré a acostarme (VI)</title><content type='html'>&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;b&gt;El falso amigo (o el consolador dorado)&lt;/b&gt;. Recibe el nombre de “falso amigo” aquella palabra que, en un idioma, se parece mucho o es igual a la de otro, pero cuyo significado es distinto. Por ejemplo:&amp;nbsp;&lt;i&gt;presunto&lt;/i&gt;, en portugués, quiere decir jamón;&amp;nbsp;&lt;i&gt;embaraçada&lt;/i&gt;, avergonzada.&amp;nbsp;&lt;i&gt;Subir&lt;/i&gt;, en francés, se traduce por sufrir.&amp;nbsp;&lt;i&gt;Grocery&lt;/i&gt;, en inglés, por mercancía o tienda de ultramarinos. Y un poco de todo esto tiene la lección de hoy que recordé ayer.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;Había una vez una chica que tenía una percepción tan esencial de la vida que a menudo debía frivolizar para no saltar por la ventana. En los momentos chungos tomó por costumbre reírse de sí misma y refugiarse en brazos amigos que, si bien no la sostenían (ella quería valerse por sí misma), sí la consolaban mediante caricias y arrumacos durante las noches frías. Así conoció hace años al que luego llamaría El Amante que Huyó Bajo la Lluvia, un amor absurdo por imposible porque él tenía novia.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;La primera noche, él le contó cosas muy tristes sobre su familia, cosas que aquella chica creía que sólo salían en las películas de Antena-3 o en los breves de un periódico. Caminaban por las calles vacías a horas intempestivas y entonces él le dijo: no sé por qué te cuento todo esto. Se besaron. Estuvieron viéndose a escondidas durante algunos meses hasta que él se largó dramáticamente bajo la lluvia. Ella lloró mucho. Lo había pasado mal a raíz del sentimiento de culpa y por el terror de saber que lo suyo no tenía futuro y, al comprobar que el futuro estaba ahí mismo, un abismo se abrió bajo sus pies.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;Nunca pensó que estuviera enamorada. Sentía que quería mucho a aquel chico, que tenían una complicidad cojonuda, le esperaba sin esperarle con la estúpida certeza de que acabarían juntos tarde o temprano, cuando aquella frivolidad suya y la novia de él se fueran a tomar viento. A veces, cuando iba borracho, él le enviaba un mensaje o la llamaba a las tantas. A veces también colgaba. Llamadas perdidas que no reclamaban nada.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;Dejaron de hablarse. Sin rencor, sin rabia. Él se había ido, ella renovaba su colección de amantes, salía en serio con alguien, volvía a ser la impetuosa de siempre que no necesitaba más apoyo que el de los amigos tradicionales y la fiel seguridad que le rendían mil horas de trabajo. Un día, años más tarde, coincidieron en una fiesta. Ella estaba descolocada tras un verano con la libido por los suelos, a raíz de haberse cargado su enésima relación “seria”. El Amante que Huyó Bajo la Lluvia también había cortado con su novia y no acababa de superarlo, también estaba hecho un lío. Se consolaron mutuamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;Vamos a ver: ni eran pareja ni tenían intención de serlo. Ella era muy feliz con sus dos amantes y medio (el&amp;nbsp;&lt;i&gt;medio&lt;/i&gt;&amp;nbsp;era el Hombre de Hojalata, que padecía a su lado una terrible impotencia, lo que mermaba la confianza de la chica que sabía que aunque te digan: “no sé qué me pasa, es la primera vez que me ocurre algo así, me intimidas”, etcétera, y aunque ella le quitaba hierro al asunto contestando: “no te preocupes, será que te gusto demasiado y estás enamorado de mí”, en realidad si no le ponía es que no le ponía y punto, y es horrible no ser capaz de excitar al tío que tienes en la cama. Pero bueno, por dónde íbamos).&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;Que la narradora de esta historia y aquel recuperado Amante Que Huyó Bajo la Lluvia se llevaban bien, bromeaban mucho y no se exigían nada. Eran amigos y se tomaban el pelo (cuando hablaban por teléfono, por ejemplo, los compañeros de piso de él le cantaban la marcha nupcial). Era un rollo desenfadado y sin compromiso que a ambos les iba muy bien. A veces él se presentaba en su casa de madrugada, después de una noche de fiesta, y ella, en vez de mandarlo a la mierda, le abría todas las puertas.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;Un día ella se enamoró de otro, o se dejó enamorar por otro. Mientras se enrollaban, pensó en el Amante Que Huyó Bajo la Lluvia y aquel tipo le dijo: “Estás ausente, es como si tuvieras novio”. Ahí se preocupó un poco. Pero le dio más importancia al "poco" que al motivo de su preocupación.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;He empezado diciendo que la narradora tiene una percepción esencial de la vida y a menudo debe frivolizar para no suicidarse. No es tan exagerado como parece. Se dio cuenta de que quería mucho a aquel Amante Que Huyó Bajo la Lluvia, pero era consciente de que las reglas de su juego eran otras; él le había repetido varias veces que no quería salir con nadie, a ella le daba igual que se hubiera follado a compañeras suyas (incluso a alguna buena amiga, algo que nunca le confesaron).&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;Con él se veía desde el otro lado, como quien observa su propia evolución y su educación sentimental; era consciente de dónde se equivocaba, qué tonterías cometía, cuáles eran sus necesidades. Y aunque ya no esperaba sin esperarle como sí había hecho años atrás (cortará con su novia y entonces volveremos a estar juntos), agradecía haberle conocido porque fue apoyo y refugio –amigo– cuando más lo necesitaba.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;Continuaron cada uno con su vida después de quedar un par de veces y de que el encuentro fuera un poco dramático (de nuevo, el adverbio es lo importante). Él no se daba cuenta de esto. Para él ella también había sido un refugio, sí, donde guarecer su polla circuncidada; ella era la chica simpática que estaba dispuesta, la puerta siempre abierta de madrugada. No quería problemas.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;No creáis que los doy, soy fácil incluso en eso.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;Falso amigo: cada una de las dos palabras que, perteneciendo a lenguas distintas, se asemejan mucho en la forma pero difieren en el significado.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;Pese a que se enlazaban, su lengua no besaba lo mismo que la mía.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;Ayer nos vimos. Aunque siempre hemos procurado llevar nuestra historia intermitente en secreto, todo dios la sospecha. Nuestros amigos me dijeron que no querían salir conmigo porque “a las dos siempre te vas a fornicar”. Entonces me volví hacia él y le pregunté: “¿Qué hora es?”. Era una broma, ahora mismo lo último que me apetece es desenterrar viejas historias, me he hecho mayor, pero me gusta provocar, qué le vamos a hacer.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;Supongo que él creyó que lo violaría en el baño, la mayoría de tíos que conozco son unos creídos y nuestras recaídas siempre han sido en septiembre. El error es mío, por habérselo puesto siempre todo tan sencillo. Pero yo pensaba que éramos amigos y que, del mismo modo que había podido contar conmigo, podría contar con él en los momentos jodidos. Anoche todos fueron muy cariñosos, estuve hablando hasta que cerraron el puto AlmodoBar y él me evitó todo el rato, se fue sin despedirse. Nueva huida y eso que no llovía. Yeah.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;Me envió un mensaje: “Era la mejor decisión. Hoy no era el día. No te enfades”. Y me enfadé.&amp;nbsp;Seguramente conmigo misma. Porque a estas alturas debería saber qué significa presunto, cómo se dice avergonzada, de qué va sufrir y que la grosería es que te traten como una puta tienda de ultramarinos. Falso amigo, que te den por culo con un consolador amarillo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px;"&gt;PD. Lo del consolador dorado es una metáfora: cuidado con lo que te consuelas, porque eso que te metes y con lo que te alivias se lo puede haber introducido un cineasta de culto por el ano.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-7462038605286578353?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/7462038605286578353/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=7462038605286578353&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/7462038605286578353'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/7462038605286578353'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2011/09/hombres-supuestamente-interesantes-con.html' title='Hombres Supuestamente Interesantes con los que nunca volveré a acostarme (VI)'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-5824603645678623178</id><published>2011-08-05T21:14:00.013+02:00</published><updated>2011-08-05T22:02:57.030+02:00</updated><title type='text'>Yo siempre como siempre</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Georgia, serif; font-size: 16px; margin-bottom: 0in;"&gt;Mi abuela no perdona. De junio a septiembre, tiene que nadar cada día. Como no conduce, mi padre o una de mis tías la acompañan a la playa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Georgia, serif; font-size: 16px; margin-bottom: 0in;"&gt;El llamado S'Arenal Gran de Portocolom está separado del Petit por un exiguo pantalán en el que, cuando mi padre aún llevaba bañador con tirantes, se colocaba un guardia para vigilar que hombres y mujeres no se mezclaran. El llamado Arenal Petit, hendido en un pinar y junto al que ahora hay un buen restaurante regentado por unos bordes (la bordería forma parte del encanto mallorquín), estaba reservado a las mujeres y sus hijos menores de 12 años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi abuela suele dejar allí su toalla porque hay sombra. Va nadando hasta S'Arenal Gran -donde antiguamente estaban los hombres- sin mojarse la cabeza. Tiene 91 años y fuma un paquete de tabaco diario; como ya no hay Record de la caja verde, primero se pasó a los puritos y ahora, al Winston. Dice que si tiene cáncer, será de garganta porque casi no se traga el humo, pero yo sostengo que lo que pone en las cajetillas es incompleto. Sí, el tabaco puede matar. Pero también puede no hacerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Georgia, serif; font-size: 16px; margin-bottom: 0in;"&gt;Cuando llega a la playa grande (este año atestada de guiris, lo que es una novedad&lt;span style="color: #3d5d47;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;, camina por la orilla de punta a punta un par de veces. Luego vuelve a nado de donde llegó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Georgia, serif; font-size: 16px; margin-bottom: 0in;"&gt;Hoy mis padres y yo nos hemos sentado junto a las escaleras en las que se acomodan las señoras del pueblo, mujeres estupendas que se han puesto muy morenas y cuyo pelo ha adquirido un sospechoso color amarillo. Tienen las típicas conversaciones playeras con el tono de voz y el acento apropiados para la ocasión. Algunas se sientan en esas sillitas ridículas y otras, las menos, juegan con sus nietos un rato. Hablan de temas que olvido inmediamente porque oírlos es inevitable, pero retenerlos, por alguna extraña razón, me resulta imposible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Georgia, serif; font-size: 16px; margin-bottom: 0in;"&gt;Mientras me pongo crema protectora factor 30, veo cómo me saluda una amiga de mis primas. Me quito las gafas de sol, me levanto de la toalla y me acerco a ella. Fue madre el año pasado, me presenta a la criatura; cuenta que otra amiga suya está a punto de reventar. Hincha los carrillos y coloca las manos medio metro delante de su barriga para hacerme entender que el embarazo la ha puesto como una vaca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pienso que me sabe mal haber sido tan soberbiamente solitaria de adolescente. Ahora esas amigas de mis primas también serían las mías y no me avergonzaría proponerles que quedáramos este fin de semana. Podríamos ir a la Cova dels Ases a tomar algo, cenar un&amp;nbsp;&lt;i&gt;pa amb oli&lt;/i&gt;.&amp;nbsp;Estoy todo el día encerrada en casa leyendo, escribiendo, y no digo que esté mal. Bajo a la piscina a primera hora, doy paseos mientras se pone el sol. Pero un mes de convivencia con mis padres será excesivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Georgia, serif; font-size: 16px; margin-bottom: 0in;"&gt;Viene otra chica con la que fui al colegio. Es mayor que yo, estudió Historia con mi famoso catequista. Me dice: “Estás de enhorabuena!”, y me llevo las manos a la barriga horrorizada. ¿Perdón? “Por los libros”, añade. Ah, sí. Vale, lo de plantar el árbol y lo de escribir el libro ya está. Hablamos un rato y dudo si preguntarle por el catequista. No lo hago. Ni siquiera sé si sabe que nos conocemos. Perdón, que nos conocimos. Se casó, me consta que por lo menos tiene un hijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Georgia, serif; font-size: 16px; margin-bottom: 0in;"&gt;Ayer llamé a un casi Hombre Supuestamente Interesante con el que Nunca Volveré a Acostarme. Y digo&amp;nbsp;&lt;i&gt;casi&lt;/i&gt;&amp;nbsp;porque no llegamos a acostarnos juntos. Era el guapo de EGB, tenía los ojos tan verdes que le llamábamos Gato. Llegó en Tercero, venía del colegio francés y decía muchas palabrotas. Decía mucho “cojones” y yo entendía “cajones”, así que no me parecía que fuera un taco y lo decía con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Georgia, serif; font-size: 16px; margin-bottom: 0in;"&gt;Su madre se había separado de un hombre y casado con otro. Gato estaba enfadado con el mundo, nos insultaba constantemente, pero era tan guapo que mi mejor amiga se enamoró de él. Un día Gato se escapó tras una bronca con el profesor de gimnasia. Se fue corriendo, saltó la verja del patio y desapareció. Estuvieron toda la tarde buscándolo. Lo encontraron por la noche en casa de sus abuelos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Georgia, serif; font-size: 16px; margin-bottom: 0in;"&gt;La madre de Gato era una mujer guapa y moderna que miraba a todo el mundo con muchísima curiosidad. Desde mi perspicaz ingenuidad infantil, me parecía que su simpatía resultaba peligrosa para ese tipo de esposas celosas que tienden a odiar a otras féminas, especialmente si son más guapas, más modernas y más simpáticas que ellas. Gato tenía una casa fabulosa en un pueblo cerca de Palma, y en verano celebrábamos fiestas en su piscina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Georgia, serif; font-size: 16px; margin-bottom: 0in;"&gt;En Sexto nos hicimos muy amigos. Entonces, como él, yo también odiaba al mundo. Empecé a jugar a baloncesto con él y otros compañeros a la hora del patio. Un día, la Gorda me sacó de la pista y me advirtió: “Aléjate de Gato, Gato es para X”. X era la superpija de la clase, a quien casi todos iban detrás. Cuando Gato se enteró, en Naturales cogió mi pupitre (el pupitre entero), y lo puso a su lado. Nos sentamos juntos lo que quedaba de curso y creo que seguimos codo con codo hasta Octavo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Georgia, serif; font-size: 16px; margin-bottom: 0in;"&gt;En el Instituto nos perdimos la pista, pero cada noche de los Santos Inocentes nos reuníamos toda la clase e íbamos a cenar. Aquellos odios hacia la humanidad fueron breves, en realidad nos llevábamos de puta madre (todavía hoy quedamos casi cada invierno y seguimos llevándonos bien). Mi vieja amiga seguía perdidamente enamorada de él, pero él alargaba el momento de volver a casa para quedarse a solas conmigo; más de una vez nos pillaron agarrados por la cintura o de la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Georgia, serif; font-size: 16px; margin-bottom: 0in;"&gt;Se fue a estudiar primero a Lugo y después a Valencia. Yo le escribía desde Barcelona. Supongo que aún podría encontrar aquellas cartas que, si mal no recuerdo, hablaban sobre todo de Nietzsche y de una angustia oscura existencial. Uno de sus perros se suicidó, saltó por el balcón. Seguíamos viéndonos de vez en cuando, seguíamos acabando tímidamente abrazados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Georgia, serif; font-size: 16px; margin-bottom: 0in;"&gt;Empecé a salir con un cantante. Acabé la carrera y pasé diez meses en Palma. Gato no acabó, pero venía en Semana Santa y Navidad. Él también salía con una chica. No recuerdo dónde nos besamos por primera vez, supongo que en aquel pub irlandés donde nos poníamos tibios de Guinness. Fumábamos mucho. Luego vino a casa, el error fue intentar pasar del sofá a la cama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Transcurrían unos meses, quedábamos de nuevo. La última vez, en la suya. Su madre llegó por sorpresa, casi nos pilló, salté por la ventana, corrí por el jardín hasta la carretera, donde él pasó a recogerme con su Vespa y me llevó a Palma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Georgia, serif; font-size: 16px; margin-bottom: 0in;"&gt;Me dejó en el portal y dijo que se había acabado. Antes incluso de empezar, o después de tantos años, qué más da. Se sentía culpable. Yo no, aunque sabía que también debía sentirme culpable. Nos abrazamos muy fuerte, muy fuerte, y a mí me parecía imposible. Volví a escribirle, pero él hablaba en serio y nunca contestó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Georgia, serif; font-size: 16px; margin-bottom: 0in;"&gt;Mi prima se casó con su primo. Su madre y hermanos fueron a la boda. Él no.&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Georgia, serif; font-size: 16px; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;Volvimos a vernos hace un par de años, en una de esas reuniones de compañeros de EGB. Seguía siendo muy guapo. Seguíamos teniendo aquella complicidad. Pero yo estaba más flipada por otra historia: mi primer amor oficial (que era otro, casi desde parvulario) le había puesto mi nombre a su hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Georgia, serif; font-size: 16px; margin-bottom: 0in;"&gt;El domingo me enteré de que la madre de Gato ha muerto. Una tontería, una mononucleosis mal diagnosticada. Creyó que era un resfriado, siguió yendo a trabajar, se consumió de forma absurda hasta que su cerebro no pudo más y tuvo varios infartos. Así de simple.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Georgia, serif; font-size: 16px; margin-bottom: 0in;"&gt;Así de triste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Georgia, serif; font-size: 16px; margin-bottom: 0in;"&gt;Ayer llamé a Gato. Está bien, vive en una finca en la montaña con aquella chica por la que apostó correctamente. Este verano educarán a un caballo maltratado, cada verano dedican sus quince días de vacaciones a salvar a algún animal; para evitar que alguno vuelva a suicidarse, supongo. Repasamos las vidas de nuestros conocidos en común. “Y tú qué, desde que eres famosa no se te ve el pelo”, dijo. “No soy famosa, soy la más localizable de todos vosotros y si no me ves el pelo es porque me lo he cortado. Pero como siempre. Yo siempre como siempre; exactamente igual que la última vez”, respondí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Georgia, serif; font-size: 16px; margin-bottom: 0in;"&gt;Todos en la playa miran hacia la estrecha carretera por la que no puede pasar un 4x4. La culpa es de un Citroën mal aparcado, y las señoras de pelo amarillo, los hombres con barba, los padres y madres de los niños, absolutamente todo el mundo mira hacia la carretera y da su opinión. Por fin ocurre algo emocionante. “Pero el propietario de ese coche no se da cuenta de que molesta?”, grita alguien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Georgia, serif; font-size: 16px; margin-bottom: 0in;"&gt;Me imagino al propietario de ese coche disimulando en la orilla, consciente de que tras ese 4x4 llegará otro turismo de grandes dimensiones, y después otro, y otro. Y cada vez que se acerque un vehículo ancho, se armará este mismo pollo. Imagino su angustia y su vergüenza. Me lo imagino preguntándose en qué momento podrá sacarlo de allí sin que se le eche todo dios encima.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-5824603645678623178?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/5824603645678623178/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=5824603645678623178&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/5824603645678623178'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/5824603645678623178'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2011/08/yo-siempre-como-siempre.html' title='Yo siempre como siempre'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-3847827807273143064</id><published>2011-05-02T20:56:00.001+02:00</published><updated>2011-05-02T21:09:53.553+02:00</updated><title type='text'>¿Qué hice el viernes?</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-9dDkisqisz4/Tb775Rd4XlI/AAAAAAAAAYQ/9YZuUGJDeQ0/s1600/american_psycho-1.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://4.bp.blogspot.com/-9dDkisqisz4/Tb775Rd4XlI/AAAAAAAAAYQ/9YZuUGJDeQ0/s320/american_psycho-1.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;La verdad es que ni puta idea, no lo recuerdo. Pero entre el sábado y el domingo recibí vía Facebook seis e-mails de sendos desconocidos que me hacen intuir que debió de ser algo gordo. O que es primavera.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Tendría que ir con cuidado porque acabo de deshacerme de un psicópata y ya tengo a otro acechando. ¿Qué es un psicópata? Pues un tipo que cruza unas palabras contigo (apenas diez minutos durante una conversación o mediante un correo electrónico cordial, gracias, encantada, punto) y ya cree que tenéis una relación. ¿Por qué lo cree? Es una incógnita. ¿Cómo actúa? Enviándote entre veinte y cuarenta emails diarios durante un año hasta que te cansas, le pones una denuncia y el auto dictamina que no puede contactar contigo nunca más so pena de algo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Analicemos qué implican entre veinte y cuarenta emails diarios: primero, que te cuenta su vida, una vida que no te interesa y que satura tu bandeja de entrada y, como la BlackBerry no entiende de filtros, consigue que cada media hora sepas que has recibido un nuevo mensaje y tengas que acordarte de él y de toda su familia. Un psicópata es un pesado que se convierte en pesadilla.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Como no le contestas, el tipo se contesta a sí mismo. No está loco de verdad, por eso compara vuestro diálogo unilateral con la relación que tendría con esa plantita que necesita que la cuiden y le hablen y, aunque no articula palabra porque es una planta, responde estando bonita. Pero yo no soy un puto vegetal.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Tú no lees sus mensajes, sólo esperas que pare. Él intenta contactar con tus conocidos para sentir que tiene algún lazo contigo, crea personajes ficticios y manda correos electrónicos con pseudónimo y da con tu amiga La Loca, que le suelta: “Puto chalado de mierda, si no dejas en paz a Mel ahora mismo te meteremos una bengala por el culo y esparciremos tu higadillo por los montes de Rijeka”.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Un psicópata se inventa un lenguaje nuevo, te hace preguntas y, cuando agregas a un amigo en Facebook, considera que le estás contestando que sí, y cuando borras a un amigo, piensa que le estás diciendo que no. Por eso un día se planta en Barcelona y te llama y te dice: “No te preocupes por mí, estoy bien, ya sé que tienes mucho trabajo y vas muy agobiada, pero si me das tu dirección iré a tu casa y pasaremos la noche juntos y nos abrazaremos y haremos el amor muy despacio”.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Te deja cinco mensajes en el contestador, cinco mensajes que repiten la misma idea alterando el orden de las frases, que también son las mismas: "Quiero pasar la noche contigo, ya sé que estás muy agobiada, pero basta con que me des tu dirección y yo me acercaré, no te preocupes por mí, estoy bien". Y en otro: "¿Por qué me haces esto? Sólo quiero abrazarte y hacerte el amor muy despacio, ya sé que estás muy agobiada, pero no tienes que preocuparte por mí". Afortunadamente, cuando te llama estás en Croacia.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Un psicópata no hace caso del abogado que le amenaza con que va a denunciarle, ni tampoco a tu novio, que le dice que le quemará el pelo, ni a los amigos de tus amigos que fueron amigos suyos alguna vez y le advierten de que se está pasando tres pueblos. Corta con su novia y eso también te lo cuenta en esos emails que no lees nunca porque si lo hicieras tal vez tendrías miedo. Corta con su novia y se inventa que es por ti y en realidad es que eres el fruto de los váliums que se toma, fuente de sus deseos, ninfa de sus delirios.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Un psicópata repite las mismas fórmulas. Siempre. Por ejemplo, en lo de querer hacer el amor lentamente. O en lo de matarme muy despacio. ¿Acaso no podría ir más deprisa y acabar de una puta vez, el muy capullo? Por ejemplo, en repetir mi nombre en casi cada frase, y utilizar un mmmmmmm... sin venir a cuento. Por ejemplo, en enviarme canciones o fragmentos de letras de canciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Insisto en que, como mucho, estuvimos hablando siete minutos una noche de febrero de 2010 con dieciocho amigos míos sentados a la misma mesa.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;Un psicópata se presenta a tus conferencias y se va antes de que acabes porque sabe que no está obrando bien. Un psicópata te avisa antes por email de que al día siguiente se mezclará con el público de tu conferencia. Un psicópata te corrige después y te dice cómo hubiera quedado mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Pues bien, transcurrido un año, me decido a ir a la Policía y pongo una denuncia y la jueza le llama y el tío, por fin, para. Siento una ligereza nueva, como cuando te duele la regla y con las pastillas se te pasa y te sorprende que no nos demos cuenta de lo bien que se vive sin dolor. Un alivio recién estrenado que en realidad estrenamos cada día.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Vivo un par de meses con una euforia que no sé muy bien de dónde sale porque nunca me atreví a reconocer el agobio que provoca tener un acosador. Pensé que si lo ignoraba por escrito y no se lo contaba a nadie, acabaría por conseguir ignorarlo completamente. Pero su existencia, igual que la de las hadas y los monstruos que se ocultan bajo la cama, depende de nuestra atención. Por eso el psicópata reivindicaba que le hiciera caso y persistía como una astilla clavada en la planta del pie. En caso contrario, desaparecería para siempre. Moriría para mí. Y, por ende, también para él.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;El viernes pasado mi amiga La Loca y yo bebimos mil cervezas sin cenar. Ella se acercó de rodillas a dos chicos con su estética &lt;i&gt;nude&lt;/i&gt;. Creyó que podría convencerlos para que luego hicieran lo mismo y vinieran a nuestra mesa también de rodillas, pero olvidó un pequeño detalle: eran de Barcelona.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Así que cambiamos de bar. He olvidado por completo los rostros y conversaciones que apenas registró mi estado etílico, pero sé que mi amiga La Loca acabó agarrándome del brazo y huimos por las calles de Gràcia porque un tarado se obsesionó de repente y salió corriendo detrás de nosotras gritando mi nombre. Intentamos escondernos tontamente tras una esquina, pero nos encontró. Entonces nos abalanzamos sobre un taxi que pasó en ese momento y acabamos en el parque infantil de la plaza del Tripi, del que nos echó un mosso de esquadra. Porque, de nuevo, esto es Barcelona y está lleno de ejemplos de urbanismo preventivo: si ponemos cuatro columpios en la plaza más yonki de la ciudad, fijo que la peña dejará de beber y de fumar frente a la puerta de los cien bares que hay.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Durante el fin de semana recibí, como digo, mensajes de seis desconocidos con los que supongo que estuve hablando el viernes por la noche. Bueno, uno de ellos dice que sólo nos mirábamos y sonreíamos, valiente presunción, teniendo en cuenta que yo llevaba un ciego de tres pares que me impedía ver ni distinguir nada.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;En general los mensajes son simpáticos y amables y reclaman como mucho una solicitud de amistad o un simple “jo, qué noche”. Todos menos uno: el del tarado que nos persiguió por la calle. El suyo es un email larguísimo cuyo contenido me resulta terroríficamente familiar. Lo que más me inquieta es que incluye "mmmmmmm...", el fragmento de la letra de una canción, su dirección y su teléfono. Y la invitación para que vaya y hagamos el amor lentamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;No es el mismo psicópata. El otro tenía greñas y éste la cabeza redonda, el otro era alto y éste es de mi estatura, el otro está en otra parte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero empiezo a sospechar que me hostiga un espíritu diabólico que despojará de personalidad a todo aquel que haya cortado recientemente con su novia. Y se introducirá en su cuerpo para perseguirme hasta que logre poseerme.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-3847827807273143064?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/3847827807273143064/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=3847827807273143064&amp;isPopup=true' title='17 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/3847827807273143064'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/3847827807273143064'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2011/05/que-hice-el-viernes.html' title='¿Qué hice el viernes?'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-9dDkisqisz4/Tb775Rd4XlI/AAAAAAAAAYQ/9YZuUGJDeQ0/s72-c/american_psycho-1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-6275402645774119283</id><published>2011-04-03T21:02:00.007+02:00</published><updated>2011-04-03T21:53:16.385+02:00</updated><title type='text'>Perforada</title><content type='html'>&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Cuando nací, mi madre no quiso perforarme las orejas, le parecía una barbaridad. Mi tía se quejó porque no podría regalarme pendientes en mi cumpleaños o por Navidad, y tendría que pensar alternativas. Aseguraba no tener tanta imaginación. Así que, cuando cumplí los 17, fui a una joyería y me agujereé la oreja izquierda. Sólo la izquierda. Ésa sería para mi tía. La derecha se la reservé a mi madre.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Mi tía tiene 53 años y se muere. Lo supimos el martes. Bueno, ella no lo sabe. No sabemos si quiere saberlo, así que no se lo hemos dicho. Mi madre llamó a la hora de la cena. “La cosa está peor de lo que esperábamos”. En casa no se llora. Intuyo que algo va mal cuando mi padre habla con un tono de voz un poco más exaltado, porque normalmente es un hombre muy tranquilo, o cuando mi madre se pone en plan pragmático, éste es el próximo paso que deberemos dar, etcétera. “El diagnóstico es muy serio”, dijo tras contarme los pormenores de la operación. Cuando despertó de la anestesia, mi tía pidió un bocata de calamares. “¿Qué significa 'muy serio'?”, pregunté mientras me comía un mejillón. “Bueno, entre seis meses y un año”.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;A mí, cuando me dan un disgusto, me da por soltar un “joder”. Mi padre emite un suspiro exagerado, mi madre abre mucho los ojos y pregunta el nombre de la persona a la que le ha pasado algo. Por ejemplo, ante el anuncio: “Alberto ha tenido un accidente”, ella diría: “¿Alberto?”. Mis hermanos, que son muy altos, es como si empequeñecieran. Se quedan muy serios, pierden el rostro.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Una lágrima resbaló por mi mejilla. Él, que se sentaba enfrente, al otro lado de la mesa, me alcanzó una servilleta de papel. Estábamos en un restaurante de Sants y yo tenía las manos sucias del tizne de los calçots. Me sequé los ojos, y el rímel se mezcló con el hollín. Mi madre, al teléfono, se puso en plan pragmático, claro, ahora empezará con la quimio y luego veremos cuál es el próximo paso. Etcétera. Me preguntó por él, le dije que estaba bien, que recuerdos de su parte, que dormiríamos en su hotel.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Él me sirvió ginebra y salimos a la terraza a fumarnos un cigarro.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Cuando éramos pequeños, mis hermanos y yo escondíamos los paquetes de tabaco de mi tía. Ella jugaba un rato a buscarlos, pero iba impacientándose y alguna vez se cabreó. No mucho, es de esas personas que no se enfadan nunca. O que no se enfadan de verdad. Sus cabreos nos hacían reír, porque ponía los brazos en jarra y las gafas le resbalaban hasta la punta de la nariz, es chata. De pequeños la adorábamos porque es una payasa. Luego la hemos querido con muchísima ternura.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Mi tía es alta, delgada, fue muy guapa, y soltera. Del mismo modo que le escondíamos los paquetes de tabaco, mis hermanos y yo también le buscábamos novio, sin éxito. Poco a poco entendimos que esa búsqueda, casi una imposición&amp;nbsp;–¿cuándo tendrás novio?–&amp;nbsp;podía entristecerla. Ella nunca creyó que sería soltera. Ella se imaginaba con hijos. Con marido tal vez no tanto, pero con hijos sí. Iba a misa todos los domingos y cantaba en el coro. Tenía algunos amigos que se fueron casando. Cree en la bondad, pero es un poco timorata y bastante vaga. Los hombres le dan miedo. O la ponen nerviosa, no sé. Entonces habla mucho y muy rápido, repite las mismas anécdotas, está exultante.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Me desperté a las cuatro y cuarto de la madrugada en la cama gigantesca de un hotel que emula una nave espacial hortera. Él roncaba a mi lado. Me despertó el miedo. Pensé: la primera noche es el miedo. Pensé que mi tía no ha tenido la vida que esperaba, quizá tampoco la que deseaba. Sólo trabaja los fines de semana, pero consume el resto de los días levantándose tarde, pasadas las dos. Sospecho que acelera el tiempo con una botella de vino, un paquete de tabaco o tal vez más. Pensé que una familia le hubiera servido de motivación. Pensé que sus hermanos –sobre todo una de sus hermanas– han sido su familia y le demuestran que lo son. Me odié al pensar que se irá sin dejar nada.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Él dejó de roncar. Dejó de respirar. Estuvo en silencio un buen rato. Puse un dedo bajo su nariz y no salía aire. De repente dio una bocanada, como si se ahogara. Al cabo de unos minutos, volvió a pasar lo mismo. Y luego, otra vez. Le susurré que se girara para evitar la apnea. Luego me abracé a su espalda mientras los monstruos del futuro luchaban con los fantasmas del pasado en una batalla terrorífica sin sangre.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;El miércoles fui a ver a una amiga T. Acaba de tener un hijo y ya van dos. Es feliz.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;La segunda noche es la euforia. Mis padres seguían en el hospital, pero yo estaba de fiesta con él y mis amigos, que le hacían preguntas impertinentes, y el alcohol no me dejaba pensar con claridad. Miento: el alcohol ocultaba cualquier atisbo de preocupación o angustia. Me reí mucho.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;La tercera noche es la resaca. Y la resaca deja en la arena los restos de esas historias que no se hundieron. Y tú te paseas entre aquellos pedazos de tu vida que acabaron por no formar parte de ella y te preguntas por qué. En qué momento decidiste convertirlos en meras reliquias, fragmentos incorruptibles de un cuerpo ya inerte. Qué ha hecho que se conserven, por qué no se van con la marea. Por qué permanecen aquí y te recuerdan, malditos objetos adorables, aquello a lo que renunciaste.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Deambulas por la playa desierta y querrías reconstruir de los escombros las alternativas que te perdiste, los destinos que no has tenido. Sólo para asegurarte de que no has perdido, de que no te estás perdiendo. Sólo para convencerte porque para algunos ya es demasiado tarde.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Eché mucho de menos a uno de esos hombres supuestamente interesantes con los que no me atrevo a asegurar que nunca volveré a acostarme. Porque lo jodido es eso. Aunque te enamores, aunque quieras a alguien por encima de todo, aunque sientas que estás donde debes y donde deseas, eso no aniquila otros sentimientos que, en esa guerra de monstruos y fantasmas, serían los zombies: muertos vivientes. Que vuelven y te revuelven cuando menos te lo esperas.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Él me preguntó: qué te pasa.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Al día siguiente se fue. Y así puedo decir que la cuarta noche es la nostalgia. Una añoranza que mezclaba su ausencia con la de mi tía. Una ausencia que impide el recuerdo en plan película yanki, rollo cinta de vídeo mental que puedes rebobinar y pasar cuando te plazca, porque tanto él como ella están, siguen estando, y no merecen que se les evoque como si no estuvieran.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Pensé en la vez que fuimos los tres (él, mi tía y yo) con otra tía mía, de cañas por Madrid. Pensé que entonces bromeaba con una resonancia que le tenían que hacer a las ocho de la mañana y que era demasiado pronto y que a esas horas las calles, etcétera. Pensé que ya sabíamos que estaba jodida, pero no tanto. O puede que sí. Con lo quejica que ha sido siempre, que lloriqueaba cuando no quería hacer esto o lo otro, mi tía se enfrenta a su enfermedad con un sentido del humor admirable. No es optimismo, es estoicismo. Y es admirable.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;Quizá lo sepa. Quizá haya llegado mucho más allá que nosotros. Ahora entiendo que es una mujer fuerte, que jugaba&amp;nbsp;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, serif; font-size: 7.52315px; line-height: 21px;"&gt;–&lt;/span&gt;escóndeme el tabaco, que yo te sigo&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, serif; font-size: 7.52315px; line-height: 21px;"&gt;–&lt;/span&gt;&amp;nbsp;porque los payasos en realidad están dotados de una sabiduría trascendente. Quizá sepa que todos lo sabemos pero fingimos no saberlo y finja ella también que no lo sabe. Porque la vida es precisamente eso: fingir que no sabes lo que te espera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no permitir que nadie te lo diga porque sólo en la ignorancia queda un resquicio de felicidad. Nadie quiere que le cuenten cómo acaba una película.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O como dice Gamoneda: morir no es más que volver donde estabas hace cien años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Pensé que, con mi tía, aquel día, recuperé una vieja gracieta de niña, cuando le dije: “Con tanto médico, tienes más citas que nunca”. Me odié al pensar que alguna vez recordaré ese día como algo especial.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Fui a Palma. Vi a mi hermano. Nos dijimos: qué putada. Mis padres son más finos. Dicen: menudo palo o vaya golpe.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;La noche pasada no pensé nada, pero hoy los dedos me olían a pegamento imedio y tenías las uñas sucias de plastilina azul y los calcetines llenos de arena. Mi tía trabaja en el aeropuerto y atendía a los famosos y nos contaba cómo eran Bruce Springsteen y Julio Iglesias. En mi regresión, he abrazado su cuerpo huesudo en el que su perfume se mezcla con el tabaco.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;En casa no se llora y contar las penas es de mala educación. Por otro lado, a quién le importa.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Me acaricio el lóbulo de la oreja izquierda y noto un bultito ahí donde lo perforé. Pero hace tanto que no me pongo un pendiente que sin duda el agujero se habrá cerrado. Es curioso. Me duele ahora más que nunca.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-6275402645774119283?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/6275402645774119283/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=6275402645774119283&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/6275402645774119283'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/6275402645774119283'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2011/04/perforada.html' title='Perforada'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-7496564516375829379</id><published>2011-04-03T15:35:00.000+02:00</published><updated>2011-04-03T15:35:02.325+02:00</updated><title type='text'>Barcelona</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;object width="320" height="266" class="BLOGGER-youtube-video" classid="clsid:D27CDB6E-AE6D-11cf-96B8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0" data-thumbnail-src="http://0.gvt0.com/vi/tBtXRF2GTyw/0.jpg"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/tBtXRF2GTyw&amp;fs=1&amp;source=uds" /&gt;&lt;param name="bgcolor" value="#FFFFFF" /&gt;&lt;embed width="320" height="266" src="http://www.youtube.com/v/tBtXRF2GTyw&amp;fs=1&amp;source=uds" type="application/x-shockwave-flash"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Dedicado a &lt;a href="http://verbalisima.blogspot.com/"&gt;Humo&lt;/a&gt; y al comentario que dejó en mi post anterior.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-7496564516375829379?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/7496564516375829379/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=7496564516375829379&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/7496564516375829379'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/7496564516375829379'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2011/04/barcelona.html' title='Barcelona'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-4892843393892026946</id><published>2011-03-15T19:03:00.011+01:00</published><updated>2011-03-15T20:43:37.740+01:00</updated><title type='text'>Kurosawa y las hermanas Grimes</title><content type='html'>&lt;table align="center" cellpadding="0" cellspacing="0" class="tr-caption-container" style="margin-left: auto; margin-right: auto; text-align: center;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://www.quarrygirl.com/wp-content/uploads/2010/06/zen-palate-ext.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: auto; margin-right: auto;"&gt;&lt;img border="0" height="238" src="http://www.quarrygirl.com/wp-content/uploads/2010/06/zen-palate-ext.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;Aquí Dakota Fanning y Haley Joe Osment comen gachas de avena&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;WhatsApp&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;él: Hola.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;yo: Hola.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;él: Qué haces.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;yo: Leo. Miro la calle mojada desde la ventana. Pienso qué puedo preparar para comer.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;él: ¿Escribes?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;yo: Escribo artículos y la charla que daré el jueves en una mesa redonda. Va sobre literatura impertérrita&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;él: Aquí tirado. Chimenea, tele y sofá. Mortis.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Me envía una foto en la que aparecemos en un quirófano junto a un cadáver sin cabeza. Llevo un abrigo rojo, él un raído traje de chaqueta. Al fondo, la ex de un cantante muy famoso con bata verde y gorro de cirujano atiende al director, que le da instrucciones. En un rincón asoma el cámara del tráveling con pinta de aburrido.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;yo: Me encanta.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;él: Estás guapísima.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;yo: Tú también. Guapísima!&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;él: Cómo mola mi novia.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;yo: Pelota.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;yo: Tengo hambre. Ha caído el diluvio universal, lluvia ácida. El cielo era de color amarillo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;él: Vendrá de Fukushima.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;yo: Eso he pensado yo. Busca en Internet “La pesadilla de Kurosawa”.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;él: Qué drama. Nos vamos a la mierda. Aprovechemos.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;yo: No sé cómo, a distancia. Quince días sin vernos sí que es una catástrofe. Y además antinatural.&lt;br /&gt;yo: Me haré una pasta con mucho tabasco y mucha guindilla y mucha pimienta. ¿No me preguntas si sigo enfadada?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;él: ¿Sigues enfadada?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;yo: No me enfado nunca. Sólo me enfado cuando estoy triste.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;él: ¿Estás triste?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;yo: Claro. Pero no importa, escribo mejor cuando estoy triste.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;yo: Mierda.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;él: Qué pasa.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;yo: He estado a punto de morir. He puesto el agua a hervir, se ha salido del cazo y ha apagado la llama del fogón. Menos mal que he ido a tiempo a la cocina. Podría haber saltado por los aires. O haber muerto asfixiada por el gas.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;él: No te mueras.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;yo: Vale.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Después de comer, leo &lt;i&gt;Richard Yates&lt;/i&gt;, de Tao Lin. Se me ocurre una cosa. Podría recuperar algunas imágenes que salen en la novela y contar lo que me pasó a mí. Por ejemplo: Dakota Fanning y Haley Joel Osment ven &lt;i&gt;Lemming&lt;/i&gt; antes de robar vestidos en American Apparel y comer gachas de cereales.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo he visto &lt;i&gt;Lemming&lt;/i&gt; dos veces porque la primera me pareció una película muy rara y la segunda convencí a mi Amor Sobre Ruedas para que la viera conmigo y se quedó dormido aunque la protagonista sea Charlotte Gainsburg. Charlotte Gainsburg estaba en la lista de las chicas que mi Amor Sobre Ruedas podía follarse si tenía oportunidad con mi permiso.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Otra de las chicas que estaban en su lista era Miranda July, la directora de &lt;i&gt;Me and You and Everyone We Know&lt;/i&gt;, que tiene esa secuencia entrañable del niñato de seis años diciéndole a su amante virtual mayor de edad que le gustaría cagarse en su culo, y que luego ella se cagara en el suyo y así tendrían una mierda de ida y vuelta. El niño teclea muy despacio, claro. Su amante virtual ignora que está chateando con un niño de seis años. En realidad Miranda July y Tao Lin tienen cosas en común. O quizá no.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Mientras salíamos juntos, le regalé a mi Amor Sobre Ruedas &lt;i&gt;Nadie es más de aquí que tú&lt;/i&gt;. Yo no pude acabarlo. En uno de los cuentos, la narradora da clases de natación a una anciana dentro de un charco, en la sala de estar. Eso está bien. No recuerdo nada más.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;En otro momento, sobre las 6:30 pm, Haley Joel Osment lee &lt;i&gt;Ghost World&lt;/i&gt; bajo las sábanas. Mi amiga La Loca y yo conseguimos que un colega nos desagregara de Facebook porque  pusimos en su muro lo de: “Dear Josh, we came to fuck you, but you weren't at home. Therefore, you're gay. Tiffany &amp;amp; Amber”. Creo que a su novia no le hizo gracia.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Mi amiga La Loca se parece un poco a Thora Birch, sobre todo cuando entra en el colmado con el sombrero de pescador y llega ese tío sin camiseta, pero con la marca de la imperio porque se ha quemado por el sol, y se pone a hacer ejercicios con un nunchaku junto al coche.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo no me parezco a Scarlett Johansson. Mi prima sí se parece un poco.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Fui a ver &lt;i&gt;Lost In Translation&lt;/i&gt; con un amigo, y dijo que teníamos algo. Pero bueno, él creía que Scarlett Johansson era Sofia Coppola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;A mí me gustaría escribir como Richard Yates de verdad y ser como &lt;i&gt;Richard Yates&lt;/i&gt; el libro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-4892843393892026946?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/4892843393892026946/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=4892843393892026946&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/4892843393892026946'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/4892843393892026946'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2011/03/kurosawa-y-las-hermanas-grimes.html' title='Kurosawa y las hermanas Grimes'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-4452132494236852674</id><published>2011-02-11T20:43:00.002+01:00</published><updated>2011-02-11T20:51:57.577+01:00</updated><title type='text'>El espejo que refleja a la chica apagafarolas</title><content type='html'>&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Hoy he ido a comprar un espejo. El domingo vendrá y no es plan que descubra que, desde que vivo aquí, nunca me he visto reflejada en ningún sitio más que en los cristales de la puerta que da al balcón. No sé dónde se venden espejos si no es en Ikea, así que me he puesto a dar vueltas por el barrio.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;He pensado en su madre. Esta mañana su madre le ha llamado histérica porque en El País sale que estoy embarazada y ella no sabía nada. Bueno, eso me ha dicho él. En realidad a ella le han contado que El País ha publicado que él está esperando un hijo de su novia catalana. En fin, creo que si estuviera encinta lo sabría, aunque estos periodistas son unos adelantados. El caso es que quien hizo correr el bulo se equivocó, leyó un nombre que no era y que corresponde a un hombre que no es.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Su padre tuvo un ictus y no habla, como mucho tararea el Cara al Sol. Era militar de caballería y un excelente escalador, muy estricto y buen hombre a pesar de su ideología. Hoy, cuando su mujer ha vuelto de la compra, se lo ha encontrado llorando. El periódico estaba abierto por la página de esquelas y ha pensado: se le habrá muerto un amigo. Las ha leído y un nombre le ha llamado la atención: era el de una novia que tuvo su marido antes de casarse con ella.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;“¡Pero será posible! Esa mala pécora se casó con un marqués que la trató como una reina, nunca tuvo que preocuparse por nada, y yo llevo cuarenta años cuidándote, ocho ocupándome de ti, ¿y encima la echas de menos? ¿Lloras por ella? ¡No me lo puedo creer!”.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;No conozco a esa mujer, pero me cae bien. Por decirlo en plan bestia: no me importaría que fuera mi suegra.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;He entrado en tres ferreterías porque me fascinan, se me ocurren un montón de cosas que podría comprar: una black and decker para hacer agujeros, una escalera para llegar al techo, un estante para poner las especias, una báscula para no utilizarla, un reloj de cocina, un bote de pintura por si quiero pintar algo, un trasto sin nombre que me iría muy bien en el baño. Joder, puedo pasarme horas en una ferretería, siempre hay hombres aparentemente normales esperando su turno y haciendo preguntas extrañas, piden objetos cuya existencia desconocía y lo más alucinante es que en la ferretería siempre los tienen. No sólo eso, sino que además el dependiente les da consejos sobre cómo utilizarlos.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;En una de las ferreterías había muebles bonitos de oferta. ¿Por qué había muebles bonitos en una ferretería? Ni idea, pero he estado pensando si comprarme un botellero que hace las veces de guardacopas y de mesa para servir vino, o un espejo rústico precioso. Qué dilema. Yo había salido de casa para comprar un espejo, pero he podido vivir sin él tranquilamente durante los seis meses que llevo en este piso. Claro que también he podido vivir tranquilamente sin el botellero.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Le he dicho al señor que lo veré mañana y he vuelto a la calle, me he preguntado cuánto se supone que tiene que costar un espejo. Había anochecido y la gente se movía bajo las farolas naranjas del Eixample que a veces se apagan a mi paso. El otro día conocí a una chica a la que le pasaba lo mismo. De hecho, ha estrenado una obra de danza contemporánea titulada &lt;i&gt;La niña que apagaba farolas&lt;/i&gt;, o algo así.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;He ido a la Biblioteca a recoger una cosa que habían dejado a mi nombre, y ya de camino a casa, he visto un mueble precioso junto a un container. En mis años de estudiante me harté de recoger muebles por la calle. Luego los pintaba con mis compañeras de piso y así nos ahorrábamos un montón de pasta. Todavía recuerdo un sofá horroroso con un estampado de flores marchitas. Pero, por alguna razón, ahora me da vergüenza, no sólo recogerlo, sino incluso acercarme a ese mueble.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Es una tremenda estupidez, la restauración es uno de los oficios más bonitos y ecológicos. De pequeña yo quería ser restauradora. O arqueóloga, como Indiana Jones. En ambos casos descubres qué oculta lo que tienes en las manos, en ambos casos recuperas un pedazo de historia.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;El semáforo se ha puesto verde y mientras cruzaba me he dicho, qué coño, no podría cargar con esa mesilla de teléfono años setenta hasta mi casa, pero quiero verla de cerca. Así que ido hacia el container. El mueble estaba en aparente buen estado, pero lo había devorado la carcoma. Entonces lo he visto. Apoyado en el contenedor, no era precisamente bonito. Sin embargo, era un espejo. Redondo, un pelín amuescado y lleno de polvo, le faltaba uno de los remaches que lo sostenía al soporte. Pero era lo que estaba buscando. No podía dejarlo allí hasta que otro se lo llevara o se hiciera añicos. Lo he cogido.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;En los espejos se quedan las almas de todos aquellos que alguna vez vieron en él su reflejo. Las imágenes forman parte de su memoria silenciosa y me pregunto quién se ocultará al otro lado, tal vez un anciano y la dominicana que iba cada día a cuidarle hasta que murió, su hijo, su nuera, sus nietos, nadie sabe. La verdad es que espero no averiguarlo. Me limitaré a comprobar que voy bien peinada, bien pintada, bien vestida. Y cuando él venga el domingo, nos miraremos juntos y comentaremos que sólo así tenemos sentido.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;En secreto imaginaré que aquella exnovia de su padre se asomaba a este espejo cada día. También en secreto, se ponía guapa pensando en él.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-4452132494236852674?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/4452132494236852674/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=4452132494236852674&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/4452132494236852674'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/4452132494236852674'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2011/02/el-espejo-que-refleja-la-chica.html' title='El espejo que refleja a la chica apagafarolas'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-8052799654773681744</id><published>2011-01-13T21:41:00.008+01:00</published><updated>2011-01-14T00:14:05.509+01:00</updated><title type='text'>Los amantes del amor</title><content type='html'>&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Cada mañana prepara un zumo de naranja y me lo trae a la cama. Dice que ése es el secreto para lograr un matrimonio sin fin. Levanta las persianas y la bruma cubre su jardín destartalado, en el que se esparcen juguetes de niño, algunos arbustos y una vieja calabaza naranja que se ha deshecho con la lluvia. Tiene ensayo y se va. Pero antes me acerca el ordenador para que consulte la prensa acurrucada bajo el edredón. Repite que muere de amor por mí y nos besamos. Oigo cómo el coche arranca y empiezo a echarle de menos con el sonido de la valla al cerrarse detrás.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;La casa huele a chimenea, a tierra mojada y también a tabaco. A veces, cuando el niño no está, nos fumamos unos petas mientras brindamos con ron antes de dormir. Vemos películas malas en el proyector de la sala, abrazados en el sofá. O simplemente hablamos durante horas sobre mis hombres y sus mujeres, gente que nos hizo creer que esto no existía, no por su culpa, sino por la nuestra. Hemos jugado a querer sin respeto por el sentimiento, como aquel personaje de Truffaut, menudo par de amantes del amor.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Aún nos cuesta creerlo. Tan inesperado, tan inconveniente. Y por otro lado, tan inevitable, en realidad tan fácil. Tenía que ser así. Todo en él (no: en nosotros) me resulta familiar. Y a la vez lejano, como si lo hubiera mantenido ahí, a distancia, como si pudiera ocurrirle a mis tíos o a los personajes de las novelas, a alguna amiga chilena, pero no a mí. Como si, por haberlo observardo tanto, pudiera comprenderlo, pero ni siquiera me hubiera atrevido a desearlo. Como si no fuera conmigo, como si no pudiera ser.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Tiene una hija de veinte años, fruto de un polvo gamberro que acabó en: “Hay un 99% de posibilidades de que este bombo te pertenezca”. Es una tía cojonuda que toca la gaita y estudia Publicidad, le regala camisetas de St Pauli a su novio y cada noche ven Buenafuente juntos por Skype, él vive en Asturias. También tiene un hijo de ocho, tan listo y honesto como para reconocer: “No puedo prometerte que haré los deberes, papá, porque si luego no los hiciera, me sentiría muy mal”.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Esta tarde, en el centro comercial, padre e hijo solos se disponen a comprar un pez:&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;- Papá, me prometiste que no traerías chicas a casa.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;- Ella no es una chica, ella es mi amor.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;- Confieso que estoy un poco celoso. No podría soportar que mamá tuviera novio.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;- ¿Sabes? Hay muchos tipos de amor. Para mamá y para mí eres lo más importante del mundo, pero eso no quita que también queramos que otras personas nos cuiden y nos quieran. Eso no cambia lo que sentimos por ti, es otra cosa, no tiene nada que ver. ¿Verdad que no nos quieres igual que a tus amigos?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;- Ya.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;- Y a ellos los quieres de una manera diferente que a tus novias.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;- O a Marcos.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;- ¿Cómo????&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;- Pues eso, que a mis amigos.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Una cuarentona con aires de divorciada y de haber sangrado a su exmarido pega la oreja y escucha la conversación con ternura. Compran un pez batalla con los colores del Barça. Lo llaman Pep. Cuando le cantas el himno que les enseñé, Pep agita las aletas.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Su hija me envía e-mails. Su hijo empieza a aceptarme, poco a poco, y quiere que vaya a verle jugar a fútbol el domingo, le enseño la diferencia entre &lt;i&gt;boquete&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;zoquete&lt;/i&gt;. Y si ella no le enseña a su novio la diferencia entre dentro y fuera, podrían repetir la historia de sus padres.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Por las mañanas, la casa está vacía. Sólo el mastín cojo me observa desde el porche mientras escribo, y levanta solemnemente una pata como si dijera: “Una grande y libre”, a través de los ventales. La niebla se ha disipado y el agua se evapora de las vigas, las tumbonas de mimbre, las mesas de la terraza. El mundo fuma.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Lili llega a las dos y media. Lili es la chica que viene a poner un poco de orden: recoge las cáscaras de nueces y avellanas que saltaron al partirlas, paquetes de tabaco, los kleenex del niño, vasos apurados, tensa las fundas del sofá, plancha y dobla ropa, hace las camas, enciende el motor de la cisterna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lili es rumana y un poco depresiva. El otro día se puso a llorar mientras pelábamos patatas y me contó que ha cortado con su novio y lo está pasando mal. Luego me contó que acaban de operar a su tía, y también lloró. Y llora cada vez que piensa en su madre y en su abuelita, que viven en Rumanía.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Dice que lo que más le gusta es mi risa. Y que, desde que estamos juntos, él es feliz. Eso hace feliz al resto de la familia.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Él llega a las tres y prepara la comida, cocina de puta madre. Comemos con Lili y luego nunca se sabe. Damos una vuelta por el pueblo o bajamos a Madrid, él intenta quedar con intelectuales para que no me aburra. Pero vamos a ver, cómo puedo aburrirme a su lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos tomamos un gintónic en La Buena Vida, un vino en Tipos Infames, mil cervezas. Acabamos borrachos en un bar de copas con ese director de cine y ese productor importante, y ese escritor y esa directora de casting y ese actor secundario y esa actriz, y él se pone de pie, el bar calla, y él anuncia que me ama, que soy la mujer de su vida, y yo sonrío y no sé qué hacer ni qué decir. Luego nos metemos en un atro que ya no huele a tabaco, sino a jamón.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Siento como si conociera a sus amigos desde siempre (y cómo no sentirlo, si los he visto en el cine o él me ha puesto al día). Siento como si todo estuviera en su sitio, especialmente yo. Entonces, lo reconozco, también siento un poco de miedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque, alérgica como era al compromiso, exploradora como era del amor, analista como era de las emociones y escéptica porque lo que no es racional, es literatura, de repente me veo con una familia, en una casa de la Sierra, con alguien a quien todo dios conoce y quien más quien menos critica, dejando que me llame cariño y amor (corazón no; si lo hace, le respondo con un apelativo como higadillo o riñon), permitiendo que me presente por ahí como su novia. Formamos un equipo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;¿Cómo no enamorarse de eso? De él y de su vida. De lo que me ha dado, de lo que compartimos y de lo que nos espera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy feliz. Absolutamente feliz. Como no lo había sido en la puta vida. O sí, pero de otro modo. Igual pasa con los diversos tipos de amor, único cada uno.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Entonces me importa una mierda ese temor infantil de tener las manos demasiado pequeñas para sostener este sentimiento tan grande. Me importan una mierda la frivolidad, el ligoteo en el Heliogábal y todos esos afectados que se creen profundos por hacerse los complicados. Me importan un carajo los chantajes emocionales, los trabajos por entregar, la cuenta corriente y si he engordado un par de kilos. Me importan un pimiento los mensajes de tanteo, los e-mails sin contestar, los platos por fregar. Me importan un comino mis vecinos, mis jefes, mis ex y los que nunca lo serán.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Lo importante es que todo empieza ahora. Y he comprado naranjas, para que no tenga fin.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-8052799654773681744?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/8052799654773681744/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=8052799654773681744&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/8052799654773681744'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/8052799654773681744'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2011/01/los-amantes-del-amor.html' title='Los amantes del amor'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-6044561549274782067</id><published>2010-12-14T20:04:00.010+01:00</published><updated>2010-12-15T10:50:09.899+01:00</updated><title type='text'>Todas las películas hablan de él</title><content type='html'>&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Nos conocimos una noche en la que yo iba de Clyde, rodeada de algunas Bonnies. Fuimos a propósito a un bar de la Diagonal para verlo con nuestros propios ojos, nos dijeron que él estaría allí y nos costaba creerlo. El impacto fue brutal. Se acercó inmediatamente. Era un galán &lt;i&gt;loser&lt;/i&gt;, medio loco y muy listo, simpático, divertido y encantador, que fingió que le arreglaba un zapato a mi amiga La Loca, se le había roto un tacón. También fingió que me regañaba delante de todo el mundo supongo que para impresionarme. No lo consiguió.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Volvimos a coincidir meses después, en noviembre. Nos emborrachamos en el Milano con otros que también se emborracharon por culpa de los tequilas letales a los que siempre nos invita un amigo. Acabamos en el Luz de Gas, él contándome historias desgarradadoras, yo con el corazón hecho un trapo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé si sería una estrategia o qué, pero su rollo surtió efecto. Lo acompañé a un taxi, del taxi lo acompañé al hotel. Me dijo que quería que me fuera con él a Madrid, que viviéramos juntos. Luego cayó redondo en la cama y se quedó profundamente dormido.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;A la mañana siguiente aún se acordaba de mí. Consiguió mi número y me llamó con una excusa rara. Yo me olvidé de él, pero no del todo: siempre tendría una anécdota que contar. Días antes del puente de la Constitución, me escribió un mensaje: tenía que venir a Barcelona. Vale, pues iremos a tomar un aperitivo a la Boqueria. “¿Y no quieres tomarte otro en Madrid?”. Convénceme de que el trabajo no es tan importante. “Aquí nieva y estoy frente a la chimenea, además cocino muy bien”. Si no lo consigues así es que no tengo sentimientos. Etcétera.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Fui a buscarlo a la estación preguntándome qué coño estaba haciendo. Dejarme seducir por él era lo más friki que haría en la vida. Me dijo que necesitaba unos zapatos nuevos y lo acompañé a comprarse unos. La gente nos miraba en la Rambla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes pasamos por su hotel y, en la recepción, me soltó a bocajarro: quiero pasar contigo todo el tiempo posible, intentaré no separarme de ti. No supe qué decir. Me reí. Este tío me descoloca. Nos tomamos unos boquerones y unas cañas en La Bodegueta. La gente le felicitaba, se sacaba fotos con él, uno le pidió un autógrafo, le saludaban y le decían que muy bien.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Le hicieron una entrevista en una televisión. Volvimos al Milano, nos tomamos uns gintónics. Vinieron mis amigos y algún amigo suyo. No nos emborrachamos tanto como la otra vez. Por eso, cuando me dijo que me amaba, que se había pasado las tres semanas pensando en mí, comprando el periódico a diario para leer mis artículos, flipé. Puse los ojos como platos. Le dije: no puede ser. Él sonrió resignado. Ése es el papel que represento normalmente, me lo había arrebatado. La que suelta barbaridades sentimentales para dejar al otro clavado soy yo. Y de repente me tocaba dar la réplica. Nunca había estado al otro lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De todos modos, le creo solo a medias; al fin y al cabo, ambos trabajamos con la ficción. Sabemos jugar con ella. Dominamos, cada uno a su manera, los trucos de la interpretación.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Le propuse que tuviéramos un amor platónico para hacer algo distinto de lo que había hecho él con sus tres mil mujeres, yo con los doscientos hombres con los que me habré acostado. ¿Doscientos?, preguntó con cierta incredulidad. Bueno, dejémoslo en cien. Dijo que haríamos lo que yo quisiera, aunque debía matizar que no le parecía una buena idea: si lo único que había funcionado con toda esa gente era el sexo, ¿por qué privarnos de él? Tiene lógica.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Al día siguiente fuimos a Madrid, al estreno de &lt;i&gt;Todas las canciones hablan de mí&lt;/i&gt;. Salimos con el futuro inmediato del cine español y nos divertimos hasta tarde. Hablé con el director de &lt;i&gt;Pagafantas&lt;/i&gt; sobre su madre, que debe ser el personaje más bizarro y extraordinario sobre la faz de la tierra: la buena mujer mira la televisión a través de un espejo porque no le gusta dónde está colocada en su habitación. Evidentemente, puede ir olvidándose de las versiones subtituladas.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Hemos pasado juntos casi una semana comiendo castañas junto al fuego, tomando cañas con sus amigos, paseando con su perro cojo por el Escorial, viendo el capítulo más demencial de su serie. He jugado a la Play con su hijo, he hecho los deberes con él, le conté el chiste del bollo que habla. Es verdad que cocina bien, ahora unas lentejas, ahora un pescado con naranja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desayunábamos durante horas en su porche con vistas a la Sierra, mientras leíamos la prensa, él sin miedo ni pudor alguno a decirme que me adora. “Así que eres una mantis religiosa, eh?”. No le cuelo una. Y me acerca una tostada con tomate a la boca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me enseña su Harley Davidson de montaña. Me promete que me llevará a pasear, le contesto que odio que me digan cosas que no van a cumplirse, me pregunta cuándo me ha fallado, le respondo que no ha tenido tiempo, asegura que nunca. De cine, vaya.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Creo que, por primera vez en mi vida, me he dejado llevar, aunque fuera a rastras. Me lo ha dado todo y el muy capullo dice que no tiene mucho que ofrecer. Ignoro si lo hace para que le quiera, pero aun así, ¿por qué yo? ¿Qué saca él? Y pensar así me repugna, tanto miedo y tanto recelo. Tanta estupidez.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Mientras volvía en el AVE con una sonrisa boba que no se borró ni durante las tres horas de viaje ni se ha borrado después, pensé que todo es tan raro como sencillo. He hecho con él aquello de lo que siempre he huido. Y no se trata solo de simular una cotidianidad con alguien cuyo pasado es de todo menos cotidiano (preguntó: ¿crees que soy un seta?). No se trata de pasar un fin de semana hogareño con sus conversaciones de pueblo, el señor que nos sirve unos garbanzos, la señora que nos sirve un café, cómo va todo, todo muy bien, comer en el Burger King con tres niños y llevarlos después a una fiesta de cumpleaños. Ni siquiera me acuerdo de que es -o de que fue-, como él dice, “famosete”. No se trata de eso.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Volvía en tren y comprendía que, tal vez por primera vez, me he dejado querer. Sin pedirlo, sin esperarlo, sin buscarlo, sin quererlo siquiera. Y, con la alegría que eso provoca, se mezclaba una suerte de angustia cobarde al entender que, ahora que lo he vivido, me costaría vivir sin ello. Pero, bien pensado, no tengo por qué hacerlo. Acojona pensarlo, es cierto. Sentirlo, no tanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la farándula nunca sabes cuánde caerá el telón. Poco importa. Han sido unos días preciosos, lejos del mundo en el que suelo moverme, ordenador, móvil, correos electrónicos, entregas inmediatas, redes sociales, insomnio y estrés. Ha sido muy bonito y se ha convertido mucho más que en una anécdota que podré contar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El final será tan rotundo como un The End y los títulos de crédito. Sonará la música si esto no se convierte en un filme de Haneke, entonces tendremos que abandonar la butaca en silencio. Pero esto no tiene pinta de ser una película de Haneke.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pregunta está en si aprovecharemos la oscuridad de la sala para secarnos las lágrimas. No, ésa no es todavía la pregunta. La historia acaba de empezar.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Soy la cazadora cazada, la conquistadora conquistada, la amante enamorada no únicamente del amor, como Truffaut. Y me he dejado embaucar precisamente por alguien que antes iba de eso, de pequeño cortejador. Bueno, qué más da. No me apetece asimilar la sorpresa, pero tampoco me atrevo a exclamarlo a los cuatro vientos. Es todo mucho más simple, más asequible. Tenía que ser así. Soy feliz y ya está. Y eso, en realidad, es lo más grande.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Se despidió con un: "y ahora te reirás de mí con tus amigos". Bueno, reconozco que inicialmente ése era el plan. Pero de repente soy incapaz de hacerlo. Sin duda es absurdo, pero en cierto modo le quiero. Tanto como me lo permite este recelo absurdo porque cualquier representación, por muy lograda que esté, hace que todo parezca imposible.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Ayer le escribí para contárselo, me cuesta expresarme si no es por escrito. Temí que, negro sobre blanco, yo en mi papel de nuevo -hola qué tal, esto es lo que siento-, él se fuera corriendo. No sería el primero. Nada de eso. Esta historia no se parece a ninguna de las que haya protagonizado hasta ahora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Contestó que se sabe mi carta de memoria. Bueno, a fin de cuentas, a él le toca repasar el guión. Yo estoy aprendiendo a improvisar.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;El domingo volveremos a vernos.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-6044561549274782067?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/6044561549274782067/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=6044561549274782067&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/6044561549274782067'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/6044561549274782067'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2010/12/todas-las-peliculas-hablan-de-el.html' title='Todas las películas hablan de él'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-1887662674311849775</id><published>2010-12-06T21:51:00.006+01:00</published><updated>2010-12-07T02:49:18.211+01:00</updated><title type='text'>La puta reina de corazones</title><content type='html'>&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;La noche del viernes empezó con este mensaje prometedor: “Me hiciste un facial lotion y fuiste un fuck&amp;amp;run, por lo tanto: eres gay”. (&lt;i&gt;Nota&lt;/i&gt;. Facial Lotion: dícese de una corrida en tu cara; Fuck'N'Run: dícese del que se corre y se va corriendo en tu cara).&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Luego llegaron el novio de mi amiga La Loca y sus colegas físicos. Cuando tienen prisa, el novio de mi amiga La Loca le dice cosas tan románticas como: “¿Podemos echar un polvo de colegueo?”. Una vez le escupió en la cara para que superara el trauma. Es un encanto. Sus amigos también lo son.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes yo solía ser más química, me tentaba encontrar la fórmula de la adrenalina, el amor y esas paridas. Pero últimamente me he puesto en plan físico. Siempre estoy rodeada de chicos guapos y sólo me lío con chicos guapos. Podría decir que porque los extremos se atraen, pero pecaría de falsa modestia y mentiría. Tengo la gran suerte de haber conocido a unos cuantos tíos buenos interesantes.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Uno de los colegas del novio de mi amiga La Loca es alto (dos metros), rubio, tiene los ojos azules y la tez fina. Parece mucho más joven de lo que es, dice que de tanto beber (el alcohol conserva, y si no, fijémonos en Ana María Matute) y de fumar (mi abuela de 90 tacos se mete un paquete de negro diario; hablamos de tabaco). Su sentido del humor es tan fino como su tez. También es parco en palabras. El pobre es alemán y nunca sabes si te está entendiendo, si es capaz de expresarse o si realmente se aburre. Él asegura aburrirse a menudo y no puede creerse que yo no me haya aburrido en la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le pregunté qué hace cuando se aburre. Me contestó: “Miro la pared”. ¿Y nada más? “No”. Vaya, parece interesante. “Mis paredes no son interesantes”. ¿Y no fumas o algo así? “Sí, fumo y miro la pared”. Ya.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;El Alemán y el novio de mi amiga La Loca trabajan en Castelldefels. Me pareció entender que son investigadores, pero no supieron explicarme qué investigan exactamente. Algo de mecánica cuántica. Según ellos, yo enfocaba mal la pregunta: quería saber “por qué”, cuando ellos investigan el “cómo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablamos del principio de la termodinámica y era muy bonito, porque la materia se sostiene por pura atracción. No supieron responder a si tenemos ojos para ver o vemos porque tenemos ojos. En cambio, me pusieron un ejemplo muy raro sobre lo que haces cuando alguien está enfermo: llamas a la ambulancia y lo normal es que la ambulancia se lleve al enfermo al hospital y que allí lo curen. En fin, no sé qué coño tiene que ver eso con la mecánica cuántica y sus investigaciones en Castelldefels, pero me pareció fascinante.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Como no me rindo fácilmente, lo intenté por otros medios. ¿Qué hacéis durante el día? El Alemán: “Llegamos al trabajo y leemos los periódicos”. ¿Y después? “Tomamos un café”. ¿Y después? “Trabajamos”. ¿De qué manera? “Nos sentamos ante una hoja en blanco y pensamos”. Vale. ¿Y entonces? “Pues eso”.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Tras pasar un rato en el Masía, fuimos al Raval, donde se agregó un compañero de piso del novio de mi amiga La Loca. Ayer se tomaron unas setas alucinógenas para adornarlo, seguro que ha quedado muy bien. El piso, digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego fuimos al Big Bang, que es un atro terrorífico lleno de chicos feos y pocas chicas. La Loca y yo nos acercamos al único que era un poco monillo y le dijimos que tenía una nariz muy bonita. Le preguntamos: “¿Eres judío?”. Y él: “No, pero me llamo Israel”. Quisimos saber quién le había puesto un ojo morado, pero él se hacía el loco todo el rato, fingía que no sabía de qué le estábamos hablando. Hasta que de repente se retiró el pelo de la cara y, joder, no es que tuviera un ojo morado, es que era la sombra del flequillo. Pensó que nos faltaba algo. Sí, nos faltó vista. Y vergüenza.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Llegó el tercer amigo del novio de mi amiga La Loca, también físico y con una pinta de nerd que tiraba de espaldas. Es un tío superdivertido que soltaba un montón de tonterías muy graciosas e ingeniosas. La cuestión: que cuando La Loca y su novio se fueron, me los llevé a todos a La  [2] del Apolo, y como el Alemán es un percha, le colgué el abrigo y la bufanda mientras bailaba. Todas las tías iban a por él, pero él no estaba interesado.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;El sábado, con un dolor de cabeza que sólo pudo provocar el puto último gintónic de la noche (sin duda de garrafón), me enteré de que nunca nadie había conseguido arrastrar al Alemán hasta el Apolo, lo que no hizo que me sintiera especialmente orgullosa, pero alteró mi ego un poco.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;El sábado fue un día de mierda que pasé tirada en el sofá con una resaca de mierda, tras haber estado cuatro semanas sin librar ni un puto día de mierda, bebiéndome hasta las macetas para sobrevivir y fumándome lo que no está escrito. Por la noche se me ocurrió la genial idea de quedar con Mi Amor Sobre Ruedas. Quise que todo saliera bien. Desde que volvió de Asia nos habíamos visto un par de veces y en ambas ocasiones nuestro encuentro fue un desastre. Él no se dio cuenta, pero la tercera también lo fue.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Como me pidió que no publicara aquella conversación-bucle que tuvimos en este blog, me meteré directamente en la cama, donde primero tuve náuseas y después un sueño intranquilo repleto de pesadillas: en unas, miraba unas fotos que acababan de sacarme y descubría que tenía los brazos gordos y llenos de estrías. ¿Por qué nadie me había avisado de que estaba gorda y fofa? En otras, abría la boca y veía mis encías sanguinolentas, mis muelas podridas y negras. En fin, que mi subconsciente es bastante obvio: soy un ogro.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Me desperté unas doscientas veces y por fin decidí levantarme para seguir trabajando. No soy controladora aérea, aunque me resulta imposible dejarme llevar y volar sin control. Me enteré de que una amiga en quinto mes de gestación fue a hacerse una revisión para saber de qué sexo es su criatura, llevaba años queriendo quedarse embarazada y ya tiene cuarenta. La criatura es niña. Pero tiene una deformidad grave en el cráneo. Me cago en la puta ginecóloga que tuvo que decirle: tu monstruo habría sido mujer. Porque entonces ya convertía a su feto en persona, en alguien en quien pensar. Todos sabíamos a través de emocionados SMS que era del Barça, durante el clásico dio muchas patadas.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;El horror, el horror. Ayer quedé con mi Examante Que Una Vez Huyó Bajo la Lluvia. Hice algo absolutamente inaudito en mí: bajé al OpenCor y compré vino y la cena. Nada currado, unos solomillos. Cuando llegó a casa, flipó. Él no podía entender mi miedo a ser poco femenina (creo que las mujeres hacen este tipo de cosas), el asco que siento a veces, el odio que me tengo porque es verdad lo que dijo uno de mis primeros amantes (uno de los primeros!), que voy por ahí sembrando cadáveres. Y quien siembra... Antes estas cosas no me afectaban.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;No llegamos a cenar, claro. Brindamos y mi Examante Que Una Vez Huyó Bajo la Lluvia soltó alguna bordería. Le dije en broma: ya no te quiero. Contestó: nunca me has querido, eres una mantis religiosa y te aprovecharás de mí hasta que me arranques la cabeza.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Soy la puta reina de corazones.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Que alguien me saque de este papel, si es posible. Gracias.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-1887662674311849775?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/1887662674311849775/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=1887662674311849775&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/1887662674311849775'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/1887662674311849775'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2010/12/la-puta-reina-de-corazones.html' title='La puta reina de corazones'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-1032376716785479209</id><published>2010-11-27T13:55:00.012+01:00</published><updated>2010-11-27T14:30:08.107+01:00</updated><title type='text'>Corazón de cerdo</title><content type='html'>&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_rtOXMZlMTkg/S3MWB0h6xXI/AAAAAAAACok/Na8m56zMwCc/s1600-h" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="237" src="http://3.bp.blogspot.com/_rtOXMZlMTkg/S3MWB0h6xXI/AAAAAAAACok/Na8m56zMwCc/s1600-h" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Voy al médico y le pregunto sobre eso que han descubierto del corazón. Por lo visto, pueden vaciarlo y rellenarlo con células primarias de otro que no esté dañado. “El mío está muy mal”, le digo, “normalmente no late, pero de repente da un vuelco y estoy a punto de tener un infarto; desde que se rompió, ya no es el mismo”.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Quedó hecho añicos hará unos cinco años. Nunca antes había tenido un rasguño. También es cierto que nunca antes había conocido a un Hombre de Hojalata. Me esforcé cuanto pude para que me quisiera. Y lo curioso es que lo conseguí. Pero ya era demasiado tarde. El tiempo que dediqué a ir derribando sus defensas, tan estúpidas y cobardes, me faltó luego para recomponer aquel puñado de nada al que había quedado reducido mi corazón. Necesité mucha paciencia y mucho superglue para conseguir que sus piezas encajaran. Sin embargo, me aterrorizaba tener emociones fuertes; sabía que la mínima sacudida lo destrozaría de nuevo. Por eso me dejé amar por un chico maravilloso que me llevaba entre algodones, y me acostumbré a que me trataran así de bien.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;El problema es que él no se sentía correspondido del todo. Tampoco los que llegaron más tarde. Es decir, intuían que les quería, pero en mi reserva levantaban la suya. En cierto modo, me temían. Soy una morbosa, aspiro al deseo, ese imposible al alcance de la mano. Conseguir algo o a alguien equivale a dejar de desearlo porque ahí está. Y tal vez, con un corazón mal reparado, yo no pudiera aspirar a nada más. Sólo me tentaba el desafío.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;O lo que es peor: ésa era mi excusa, inaceptable en cualquier caso. Poner trabas es demostrarle al otro que su empeño no vale la pena.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Intenté cambiar. De acuerdo, tal vez me asustara sentir según qué, pero eso no quitaba que me gustaran las personas. Podía decirles lo mucho que me gustaban. Volvieron a temerme, pero por todo lo contrario. No está bien visto que le digas a tu amante “joder, estoy muy bien contigo”, aunque sea la puta verdad. Piensa que le estás diciendo algo más. Peor: piensa que le estás pidiendo algo.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Lo recuerdo en mi anterior casa, yo destrozada porque cuando estoy cansada pierdo los papeles y lloriqueo como una niña caprichosa. Lo recuerdo arguyendo que no tenía cojones y que tenía que irse. No estaba enamorada, sólo necesitaba un poco de paciencia, un poco de cariño, y ni siquiera se lo estaba exigiendo, quédate un poco más. El sexo es lo de menos. Por fin lo ha entendido, no sé cuántos años después. El sábado pasado estábamos en el Michael Collins tomándonos una cerveza, y yo me reía de él y de aquella madrugada lejana que huyó y llovía, y luego pilló una pulmonía por gilipollas integral. Desde entonces, cada vez que llueve, le digo: “Por qué no te vas?”.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;“Sois unos arrogantes. Creéis que estoy enamorada de vosotros y que os haré la vida imposible, cuando lo único que hago es deciros lo que soy capaz de sentir porque estoy orgullosa de poder sentirlo y contenta de poder expresarlo; llevaba treinta años de mutismo y la exaltación forma parte de mi felicidad”. Y la vida es muy corta, qué coño, y estoy harta de estrategias y mi corazón no funciona. A otros no les funciona la cabeza y es peor, pero eso está socialmente aceptado.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;La puta arrogancia masculina. La puta vanidad femenina. Mi amiga La Loca no comprende que alguien pueda no perder el culo por ella. Y en realidad, supongo que a todos nos pasa más o menos lo mismo. Somos cojonudos, no te jode, qué mejor plan que pasar un rato conmigo.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Sentados en el Michael Collins, cerveza en mano, le hablaba al Examante Que Una vez Huyó Bajo La Lluvia del bloguero al que conocí por internet y con quien pienso casarme sin su permiso (como no viviremos juntos, nos enviaremos a nuestro hijo vía AVE, que será muy espabilado y acabará descubriendo la vacuna contra el cáncer). El bloguero también se acojonó. Tuve que explicarle que, aunque lo nuestro esté por escrito, sólo está por escrito. No pienso plantarme en tu casa para que te replantees tu vida, muchacho.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Le hablaba de otro Hombre de Hojalata que va de no-me-acerco-a-ti-para-no-hacerte-daño-pero-no-creas-que-te-evito, cuando en realidad lo que pasa es que pasa; de mí, quiero decir. Y no pasa nada. Me hubiera gustado que fuéramos amigos porque me cae bien y todo eso. Pero tiene los dedos demasiado delgados para que lo nuestro funcionara en la cama. Cada vez que intento acercarme a él movida por el recuerdo de algún buen capítulo que compartimos, me rehuye. Y ah, la vanidad, me resisto a entender por qué. Aunque lo entiendo perfectamente.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;No le hablaba de Mi Amor Sobre Ruedas, que sin duda pretende conmigo este mismo acercamiento incondicional. Mi Amor Sobre Ruedas tiene un corazón de oro a prueba de balas, a prueba de sustos, de disgustos y de mí. Y le quiero. Él lo sabe. Yo le arranqué de cuajo ese corazón de oro para colgármelo del cuello como la medalla de un mafioso, y sin embargo tiene otro de repuesto. Y otro y otro. Está llegando ahora mismo de su viaje por Asia.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Un tipo que bebía chupitos en la barra de Michael Collins se puso a hablar conmigo. El Examante Que Una Vez Huyó Bajo La Lluvia me preguntó: “¿Por qué atraes a todo el mundo?”. O a lo mejor fue: “¿Por qué todos los frikis se acercan a ti?”.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Ayer fui yo quien me acercaba a ellos para presentarles a una amiga de Madrid. Me puse una minifalda muy corta, botas, camisa de leñadora, salimos a cazar. La Loca, que la semana pasada se había enamorado por enésima vez de algún millonario que conoció por ahí, volvió a enamorarse, en esta ocasión de un físico asturiano y veinteañero que hoy ya es su novio. Mi estrategia para ligar era: "Mi amiga es extremeña y dice que no hay ni un chico guapo en todo el bar, vamos a demostrarle que se equivoca, en realidad creo que le gustas tú".&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;De repente, apareció un sevillano que conocí una noche en Girona, cuando huía de un hombre que había reservado habitación en un hotel; eran las tres de la madrugada, llovía y el primer tren a Barcelona salía a las siete de la mañana. Lo que me diferenciaba de mi Examante Que Huyó Bajo La Lluvia (y a quien aún no conocía) era que ese tío del hotel nunca fue mi amante, pero lo veía dispuesto a todo para conseguirlo. Salí corriendo, como digo, y hacía frío. Y por suerte encontré un bar abierto, conocí al sevillano y me llevó a casa de unos amigos, por la mañana compré cruasanes para todos. El sevillano y yo pasamos un fin de año en Bruselas hace más de seis. Nunca más supe de él, ayer me dijo que acaba de regresar del Congo. Insisto. Todos vuelven. Los oscuros golondrinos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;También mi Examante Que Una Vez Huyó Bajo La Lluvia. Mientras hablaba con el sevillano y me tomaba la cerveza número doscientos tres, apareció por sorpresa. Sigue teniendo cierto miedo a decir lo que siente, pero por lo menos le ha quedado claro que yo, igual que él, tampoco quiero salir con nadie. Las parejas ya no existen, paso de novios, al contrario que mi amiga La Loca. Y odio a las exnovias, que son el puto mayor problema de este mundo. Sin ellas, todo resultaría mucho más sencillo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Vanidad, deseo, pasado, ganas de decir lo que siento porque para mí es algo nuevo y a todos nos excita la novedad. Las cosas claras, para qué perder el tiempo. Un corazón reconstruido que, pese a todo, a veces prefiere permanecer latente a latir manifiestamente. O al revés: prefiere exhibirse loco antes que confesarse roto.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Sí, tengo sentimientos, aunque siempre diga que no. Pero me cuesta entender el reparo de los demás, su lentitud a la hora de asimilar que lo que me ocurre es que ya no tengo miedo a expresarme. Es mi única arma para defender este pingajo que guardo en el pecho hasta que funcione a toda hostia y reviente. “Vacíemelo, doctor, y rellénemelo con lo que sea, da igual si es de cerdo”.  &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;El cardiólogo sonríe y recomienda: “No intentes alejarte de los Hombres de Hojalata porque ése es el único imán con el que cuentan”. Tras una revisión, me da el alta: “Estás &lt;a href="http://www.goear.com/listen/6d6b308/estupendamente-the-new-raemon"&gt;estupendamente&lt;/a&gt;”. El amor todo lo cura.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-1032376716785479209?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/1032376716785479209/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=1032376716785479209&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/1032376716785479209'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/1032376716785479209'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2010/11/corazon-de-cerdo.html' title='Corazón de cerdo'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_rtOXMZlMTkg/S3MWB0h6xXI/AAAAAAAACok/Na8m56zMwCc/s72-c/s1600-h' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-8745345078578633519</id><published>2010-11-20T11:04:00.003+01:00</published><updated>2010-11-20T11:34:31.066+01:00</updated><title type='text'>Hombres supuestamente interesantes con los nunca volveré a acostarme (IV)</title><content type='html'>&lt;b&gt;El tío bueno de manual&lt;/b&gt;.&amp;nbsp;Este post explica por qué el verano de 2003 fue el más caluroso de la historia. Lo conocí por Internet. De hecho, lo conocí a través de un foro de cine. Entonces no chateaba ni nada, pero era un poco cinéfila y, no sé por qué, me llamó la atención la discusión que él había iniciado bajo el epígrafe ODIO A NANNI MORETTI!!!, así en mayúsculas y un montón de signos de exclamación. Decía que &lt;i&gt;La habitación del hijo&lt;/i&gt; era una puta mierda. No recuerdo qué contesté, pero al día siguiente tenía un e-mail suyo bastante divertido en la bandeja de entrada, así que empezamos a escribirnos casi a diario, a ver quién era más chulo, y creo que me dejé ganar.&lt;br /&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Una cosa llevó a la otra y, por pura soberbia, decidimos quedar con un par de cojones o varios. Nos citamos en la puerta del Verdi, pero antes me emborraché en casa de un amigo que vivía delante porque una cosa es tener arrojo, y otra muy distinta presentarte sobria a una cita a ciegas. De hecho, tan ciega iba, que me costó creer lo que vieron mis ojos: el tío estaba buenísimo. Pero no estaba bueno porque mira, visto lo visto, tiene un pase y tapándole la cara con la almohada, todavía. Tampoco estaba bueno porque me cayera bien y eso. No: estaba buenísimo de verdad. Como un puto tren, era un jodido adonis. Ojos azules, pelo rizado y moreno, un cuerpazo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Fuimos a tomar algo al Blues Café y me contó que su novia estaba trabajando en Formentera, no regresaría a Barcelona hasta septiembre. Yo también salía más o menos con un buen chico al que ayudé tanto como puteé, aunque él ahora sólo se acuerde de la primera parte. Pillamos taxi y cuando llegamos a su casa le di un beso en la mejilla, adiós. El tío flipaba. Se quedó en medio de la calle Padilla mirándome como si estuviera loca mientras yo le decía al taxista: arranque. Evidentemente, me conecté nada más llegar y le envié un mail. Volvimos a quedar al cabo de dos días.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Era 21 de junio, justo cuando empezaba el verano.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Recuerdo que la noche más corta del año se nos hizo aún más corta, y los pájaros nos sorprendieron en posturas imposibles que fuimos perfeccionando día a día, enredados y sudados ahora en el sofá del piso de su madre, ahora sobre la lavadora de su casa o en la mesa de mi cocina. Hablando vulgarmente, éramos dos putos conejos; hasta entonces no recuerdo haber follado tanto con nadie ni tan bien. Creo que el mejor polvo fue en la ducha, arrancamos la cortina, lo inundamos todo, pero bueno, él tenía mucho tacto, un gusto delicioso, olfato para entender qué quería, o mucha vista, nunca tocaba de oídas. Aunque los provocara todos, me hacía perder el sentido.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Éramos buenos amigos y él, un narcisista de la hostia. Es decir, cuando lo hacíamos de pie (su madre había forrado las paredes de la habitación con espejos), él miraba cómo se le marcaban los abdominales, por ejemplo. Un fantasma. Tenía cinco o seis amantes con las que quedaba de vez en cuando y luego me contaba cómo había ido; yo también tenía algún que otro amante, pero eso nunca lo cuento. Una de esas chicas vino a propósito desde Italia para pasar cuatro días con él; él prefirió pasar esos cuatro días conmigo y a ella solo le brindó un café. Ella perdió la cabeza y le arañó en la cara. Con las demás, provocaba situaciones así; es lo que tiene la belleza, que apasiona. Nos llevábamos bien. Mejor todavía: nos lo pasábamos bien. Y parte del morbo (si no todo) estaba marcado en la fecha de caducidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Las paredes ardían, los viejos se morían en Francia, sudábamos sin parar, bebíamos sin parar, me fui sola diez días a Praga, me instalé en un piso del barrio judío, conocí al camarero de un bar llamado Chocho, releí &lt;i&gt;La insportable levedad del ser&lt;/i&gt; en francés, me ahogué en litros de cerveza, engordé pero a él le daba igual. Cuando volví, nos fuimos juntos a Mallorca, lo metí en casa de mi abuela, me la metió en la cocina de mi abuela con mi abuela durmiendo en la habitación de al lado, intentamos seguir en el balcón pero entonces temimos que nos viera todo el puerto. Lo intentamos hacer en una barca. En fin. También pasamos una noche en una playa y primero nos picaron los mosquitos y de día nos quemó el sol, un bicho alado nos perseguía por las dunas y nos refugiamos en el mar.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Y llegó septiembre. Pasamos nuestro último fin de semana juntos en Cadaqués, imaginamos cómo seríamos al cabo de veinte años. Él estaría liado con una amiga de su hijo, sería un hombre interesante; yo sería una escritora solitaria un poco huraña, muy cínica por no haber encontrado nunca el amor. “Mentira”, dijo él, “serás una madre cojonuda y estarás hasta las trancas por tu marido, que será la polla en vinagre”. Nos citamos para entonces en aquel mismo bar donde el camarero, sarcástico, nos sirvió dos cortados con un corazón de cacao pintado en la espuma de la leche.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Llegó septiembre, sí. Y con su novia llegó el frío. Dejamos de vernos, según lo previsto. Es curioso que el tío que las volvía a todas locas no me hiciera perder nunca el control. Poco antes de Navidad, fui a comprar un abrigo. Al salir de la tienda, me lo encontré por la calle. Ostras, qué sorpresa, cuánto tiempo, cómo va. Hablamos un rato y me invitó a ver &lt;i&gt;El retorno del rey&lt;/i&gt;. Yo había visto las dos anteriores de &lt;i&gt;El señor de los anillos&lt;/i&gt; con Hombre Supuestamente Interesante con el que Nunca Volveré a Acostarme (modalidad: cantante de grupo 1) y pensé que sería buena idea cambiar de pareja, a ver si me mentalizaba de una vez de que aquello se acabó.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Fuimos a ver la película, luego tomamos unas birras, me dijo que había cortado con su novia. Últimamente, recibo mensajes de chicos que cortan con sus novias y quieren quedar conmigo, ¿a quién le halaga ser un premio de consolación? Bueno, siempre tranquiliza saber que tienes plan si lo necesitas. Nos colamos en la Sagrada Familia de madrugada con la idea de echar un polvo en una de las torres. Pero el segurata nos pilló cuando inciábamos el ascenso al éxtasis (hablo de escaleras, no de sexo), así que tuvimos que conformarnos con un apaño prosaico en la caseta infantil de un parque que hay delante de la ya Basílica.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Ahora que me he mudado, veo esa Basílica desde el balcón, así que no puedo menos que recordar casi a diario la felicidad despreocupada de aquel verano, el más caluroso de la historia. A él me lo encontré el otro día en el concierto de Micah P. Hinson, está tan guapo como siempre y también piensa mucho en mí. Dice que no le queda más remedio, que soy omnipresente, que salgo en todas partes. Qué pesada, incluso yo estoy harta de mí misma. Cuando nos conocimos, él decía que yo era inevitable. Yo aún guardo su teléfono con el nombre de Dios.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Hasta aquí, la parte pornorromántica. Falta la tragicómica: aquélla en la que descubrí que en realidad no había cortado con su novia, ella me descubrió a mí y se armó la de Dios es Cristo. Nunca mejor dicho. Del paraíso al infierno hay más de un pecado. Pero ésta es otra historia. Podría titularse algo así como Mujeres Sin Duda Interesantes a las que Nunca Podré Acercarme. Próximamente en sus pantallas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-8745345078578633519?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/8745345078578633519/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=8745345078578633519&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/8745345078578633519'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/8745345078578633519'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2010/11/hombres-supuestamente-interesantes-con.html' title='Hombres supuestamente interesantes con los nunca volveré a acostarme (IV)'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-1698000615185830183</id><published>2010-10-31T20:36:00.000+01:00</published><updated>2010-10-31T20:36:16.683+01:00</updated><title type='text'>Y un chichón</title><content type='html'>&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Han llamado a la puerta. Era mi vecina de rellano, una señora mayor que iba en bata a mediodía. Llevaba unas gafas de montura rosa y gruesa muy modernas, y estaba preocupada. Se me han pasado por la cabeza frases como: “Haces demasiado ruido por las noches, quiénes son esos chicos que se van de madrugada, huele a muerto en la escalera, huele a perro, huele a gas, tienes que conseguir que cambien el recorrido del Papa”. Recuerdo que soy una buena chica, una persona discreta.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;La buena mujer me ha dicho: “Necesito ayuda. ¿Puedes llamar a tu marido?”. Tan buena chica soy y tan discreta, que sin duda estoy casada. O vamos a dejarlo en que ya tengo una edad. Una vecina en bata sólo puede concebir que haya pasado por el evangelio del matrimonio.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;El viernes pasado salí con mi amiga La Loca. Llevamos a cabo un sistema de ligue que, según un conocido que nos cruzamos en un bar, iba a resultar infalible. Nos dirigíamos a los chicos y les proponíamos un trío. Ellos se mostraban interesados y aquí se acababa el plan urdido por nuestro conocido. Entonces íbamos un poco más allá. Mi amiga La Loca aclaraba: “A Mel se le ha ocurrido que es una buena estrategia invitaros a un trío. Luego, cuando os metáis en el taxi, la menos interesada de las dos saldrá del coche y ya no tendréis escapatoria”. Para rematar, yo añadía: “¿Queréis tener hijos?”. Evidentemente, no nos comimos un rosco, pero nos divertimos bastante.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Mi amiga La Loca intentó entrarle a un chico más o menos interesante que, uh-uh, ya la conocía. Se acordaba de ella por una noche etílica que ella había olvidado y en la que sólo tenía palabras para otro hombre, por cierto ausente (es decir, que sólo hablaba de ese otro hombre). El tipo todavía se acordaba de eso y le soltó un: “Me alegro de verte, aunque ya no estemos de tan buen ver como entonces”. Mi amiga La Loca tuvo que ir corriendo al baño y mirarse en el espejo para cerciorarse de que sigue siendo guapísima. Y ya que estábamos, se lo preguntamos a unos chicos que andaban por ahí. “Creéis que estamos acabadas?”. Contestaron que sí. Circunstancia que no les echó atrás a la hora de aceptar un posible trío que no teníamos intención de realizar.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;En fin, que estoy acabada, tendría que estar casada, soy una buena chica discreta y mi vecina de la bata necesita ayuda: “De qué se trata?”. Me dice que su marido se ha caído y que no tiene fuerzas para levantarlo. Le contesto que yo lo intentaré y me mira con sincera incredulidad. Cojo las llaves, cierro la puerta y entro en su casa, que estructuralmente es idéntica a mi piso, pero no se parece en nada. El pasillo es mucho más oscuro y elegante. Han puesto parquet en el suelo, conservan las cristaleras de colores en las puertas y tienen flores frescas en un jarrón sobre la mesa.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;La mujer me guía hasta una habitación acogedora con dos camas individuales, hechas con una perfección marcial. Su marido, vestido con una camiseta imperio y en calzoncillos, está sentado ridículamente entre las dos camas, como si se hubiera quedado encajado. Ha intentado levantarse del suelo apoyándose en ellas, sin éxito. Me dedica una mirada apurada y patética. Siento que voy a llorar.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Le pregunto si se encuentra bien y me dice que sí, que le ha salido un bulto en la cabeza por culpa del golpe. Le digo que es un chichón y él y su mujer se ríen. Es verdad, un chichón, responde él como si hubiera olvidado esa palabra. Su mujer le agarra del brazo derecho, yo del izquierdo y ella me recuerda que a él no le responden las piernas. Venga, a la de tres. Pienso que va a ser difícil, pero no. El cuerpo de ese señor es liviano y alzarlo resulta sencillo, casi como coger a un niño.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Al levantarle creo adivinar bajo sus calzoncillos algo parecido a una erección, podría ser una arruga de la tela, aunque no lo sé porque aparto la mirada inmediatamente. Lo sentamos en una de las camas y me fijo mejor en él. Es guapo. Ella también lo es. Él es delgado, tiene los rasgos muy finos, los ojos grandes, pero podría ser del susto.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Ella me cuenta que él se había duchado y que al ir a vestirse, pam, se ha caído. Les digo que será una bajada de tensión y me ofrezco a llamar a alguien. Ella se sentiría más segura, por lo del golpe en la cabeza y eso. Él contesta que no hace falta, claro. Estaba segura de que diría que no. Se acaricia el chichón y su mujer le pasa una mano por debajo de la camiseta, “estás todo sudado”. Son encantadores y no sé nada de ellos. Ellos tampoco saben nada de mí.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Me pregunto cuánto tiempo habrán pasado decidiendo si iban a buscar a un vecino para que los ayudara. El apuro de estar en ropa interior y lo que es peor, la angustia que comporta demostrar que a uno ya le fallan las piernas y que no se vale por sí mismo. La vergüenza también, por qué no, y cierto recelo, quién es esta chica nueva que vive en el piso de al lado. También me pregunto cuánto tiempo llevan casados, cuántas veces habrán cambiado el modo de mirarse el uno al otro, cuántas veces se habrán reconocido.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Les digo que pasaré el día en casa, que si necesitan cualquier cosa, aquí estoy. Sólo nos separa un rellano. Estoy casi segura de haber visto una mano a través de la rendija de la puerta de una de las habitaciones.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-1698000615185830183?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/1698000615185830183/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=1698000615185830183&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/1698000615185830183'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/1698000615185830183'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2010/10/y-un-chichon.html' title='Y un chichón'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-3965143228950981530</id><published>2010-10-27T01:10:00.012+02:00</published><updated>2010-10-27T13:41:56.072+02:00</updated><title type='text'>Otra fantástica historia real con mi amiga La Loca</title><content type='html'>&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Hemos quedado en el Café de la Virreina. Mi amiga La Loca tenía frío, así que nos hemos sentado en la sala interior, donde las mesas están muy apretadas, y hemos comido aceitunas y bocadillos. Ella bebía Trina, yo cerveza, hablábamos de la bajeza moral de algunos tipos o ni siquiera: del modo en el que se arrastran cuando, por algún motivo que sólo les concierne a ellos, sin venir a cuento confiesan que te traicionaron y reclaman tu perdón. “Oye, bonito, yo ya te había olvidado, no eres tan importante en mi vida”, les contestarías. “Vale, pero perdóname, tienes que perdonarme, soy un miserable, tengo ganas de pegarme con alguien, soy un mierda”, responden.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;También hablábamos de Bret Easton Ellis, de Jonathan Franzen y Boris Vian cuando, de repente, mi Amiga La Loca ha visto un ejemplar de &lt;i&gt;El talento de los demás&lt;/i&gt; en la mesa que yo tenía detrás. Nos ha hecho gracia porque conocemos a Alberto Olmos, que ahora ostenta el título de grantaboy. El libro era de la biblioteca, estaba forrado con plástico barato. Y al girarme con ese gesto mecánico que sólo sirve para comprobar algo con tus propios ojos, me ha parecido que en esa mesa, a tres centímetros escasos de distancia, estaban hablando de mí.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Al volver a mi posición original, he visto que mi amiga La Loca tenía los ojos como platos. Vale, entonces no es que fueran imaginaciones mías. La chica que tenía a mis espaldas, cuyo hombro rozaba el mío, estaba diciendo: “La conocí en Sant Jordi, yo quería conocer a Vila-Matas, entonces me la presentaron a ella y me pareció... bueno, decía cosas como que no le gustaba firmar libros, que era un palo y todo eso”. El chico también ha pronunciado mi nombre, de modo que no había ninguna duda. Y ella: “Le di dos besos y todo, intenté hablar con ella, pero ella estaba como... bueno, como si no me viera. Es soberbia, un poco altiva, no sé, muy sobrada, bastante borde, la verdad”. Así se han pasado un buen rato, sin sospechar siquiera que yo estaba ahí.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Mi amiga La Loca y yo no podíamos creerlo. La hijaputa que tenía detrás me estaba poniendo a parir y lo estábamos oyendo todo. Hemos explotado a la vez. Nos ha dado un ataque de risa, no podíamos parar. El chico nos ha mirado con mucha curiosidad, el pobre no entendía nada. Y entonces he vuelto a girarme para que la chica me viera la cara. Casi se muere. Dios, todo el mundo tendría que ver esa expresión en el rostro de alguien por lo menos una vez en la vida. “No te preocupes, me suele pasar; nunca caigo bien a la primera, pero con el tiempo soy encantadora”, le he dicho con la más dentada de mis sonrisas. Ella se ha quedado sin saber qué decir.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;La Chica: Vaya, menuda metedura de pata, pero ahora no puedo... o sea, si dijera que me arrepiento... de hecho, no me arrepiento, es lo que sentí entonces. Eres muy fría.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Mi amiga La Loca: Qué va, ¿no ves que es muy amable? ¿Os conocisteis en Sant Jordi porque eres escritora?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;La Chica: Sí. Bueno, no. He escrito un libro.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Espera, que necesito fumar un cigarro, comprenderás que esté nerviosa.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Mi amiga La Loca: No doy crédito. Es como estar viviendo una de las típicas historia que Mel cuenta en sus novelas. Supongo que eres consciente de que vas a salir en la próxima, ¿no?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;La Chica: Si pudiera hacer algo... es que...&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Que no pasa nada, en serio, ha sido muy divertido. Un momentazo en toda regla, insuperable. Por cierto, leí tu libro y me gustó.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;La Chica: Ah, yo no he leído el tuyo, lo siento.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Pero ahora que lo pienso, también coincidimos en aquel programa de televisión. Y sí que fui a hablar contigo, ¿por qué dices que pasé de ti? Estaba enfermísima ese día.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;La Chica: No.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Mi amiga La Loca: Sí. Estaba fatal, pobrecita.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Entonces el Chico, que había permanecido callado sin saber donde meterse, va y suelta: “Hola, yo soy un gran amigo de la Mujer de Tecla Negra, ¿qué tal?”. Cágate. ¿Quién da más?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;“Joder, ahora mismo debo ser la persona más odiada de todo el puto bar”. Y a La Chica: “Si para ti soy mala, para él, mil veces peor”.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Bueno, y cómo está la Mujer de Tecla Negra?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;El Chico: Ex Mujer.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;La Chica: Oye, esto es muy pequeño, no?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Pronto entenderás que es un puto pueblo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;El Chico: ¿Cómo se llamaba tu blog?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: ¿Qué blog?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;El Chico: El de la melancolía o algo así; me lo pasó la Ex Mujer de Tecla Negra.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Mi amiga La Loca: Entonces este tío, ¿sabe quién soy?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: ¿Cómo?! Yo no tengo ningún blog!&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;El Chico: Sí, algo de una valla melancólica.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: No sé de qué me hablas.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Consciente del grave peligro que estábamos corriendo, mi amiga La Loca se ha apresurado a pagar las aceitunas rellenas, el Trina, las cervezas y los bocadillos. Nos hemos despedido amablemente y nos hemos ido.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;Mi amiga La Loca estaba indignada, "¿por qué alguien que no te conoce tiene que decir esas cosas de ti? Es deprimente, miserable y patético; además es mentira, tú no eres así, esto no me ha gustado nada". Bueno, son cotilleos, el cuento más antiguo del mundo. Todos nos inventamos la vida de los demás, los convertimos en personajes más o menos acordes a nuestros intereses. La situación es lo que cuenta. "Va, no te cabrees, ha sido divertido, quédate con la anécdota".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Desde que cerré por melalcoholía, ésta es la primera vez que no me he sacado ni una coma de la manga. Nada de lo que apunto en este post es ficción. Nada en absoluto. Pero qué más da, viviré como si lo fuera.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-3965143228950981530?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/3965143228950981530/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=3965143228950981530&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/3965143228950981530'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/3965143228950981530'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2010/10/otra-fantastica-historia-real-con-mi.html' title='Otra fantástica historia real con mi amiga La Loca'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-5176462363460738098</id><published>2010-10-24T23:31:00.004+02:00</published><updated>2010-10-25T09:59:30.505+02:00</updated><title type='text'>Déjame entrar</title><content type='html'>&lt;table align="center" cellpadding="0" cellspacing="0" class="tr-caption-container" style="margin-left: auto; margin-right: auto; text-align: center;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/TMSh07ts4vI/AAAAAAAAAYA/q2VFdJtoBm0/s1600/awi-f927.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: auto; margin-right: auto;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/TMSh07ts4vI/AAAAAAAAAYA/q2VFdJtoBm0/s320/awi-f927.jpg" width="228" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;&lt;i&gt;La Victoire&lt;/i&gt;, René Magritte&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;br /&gt;Atención: este post contiene spoiler. Pero no va sobre la película.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Hoy he quemado la cafetera. Me disponía a escribir una carta, he oído un golpe en la cocina, he ido a ver, y ahí estaba el mango en llamas. La casa apesta.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Entonces he cambiado la historia de la carta que me disponía a escribir. Intentaba hacer un símil con las llaves del piso. La semana pasada fui a un sitio de esos donde reparan bolsos y zapatos, venden pilas gordas de las antiguas que ya no tienen utilidad alguna, e hice una copia de las llaves del piso. No son para nadie, sólo por si acaso. Volví a casa y las probé: la del portal iba bien, correcto, la de arriba también funcionaba, perfecto. Pero la más importante, la de la puerta, no giraba. Mierda.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Di media vuelta y regresé por las calles del Eixample hasta la pequeña tienda. La mujer estaba revisando género nuevo, unos llaveros muy resultones en los que puedes grabar tu nombre, tu año de promoción o, por qué no, la dirección de tu casa para que los chorizos no se pierdan.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Ésta no va, dije. El hombre miró la llave extrañado, volvió a meterla en el cacharro chirriante, ajustó la máquina, hizo unos cuantos etcéteras incomprensibles (yo tenía una resaca de escándalo) y me dijo que es que había un saliente que ya había corregido. De acuerdo, gracias. Volví por las calles del Eixample hasta donde vivo, subí en ascensor, metí la llave en la cerradura. Y nada. Joder.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Bajé en ascensor hasta la calle, intenté cambiar de itinerario, entré de nuevo en la pequeña tienda, la mujer reparaba el soportamóviles de cuero que una señora llevaba en su silla de ruedas, el hombre me dijo: vaya, ¿no tienes la llave original? Me encogí de hombros. A veces, a fuerza de hacer copias de las copias, al final se pierde el modelo, me explicó. ¿Y entonces?, pregunté yo. Entonces nada, necesito la original.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Lo intentó de todos modos, pero yo ya sabía que aquella copia tampoco valdría. Efectivamente, no giró. Pensé en las casas de alquiler, en la cantidad de llaves que tendrá cada una de estas casas, la cantidad de copias de una copia. Pero, sobre todo, sentada en el sofá con aire derrotado, estuve un buen rato observando aquella llave, tan inútil como las pilas de las gordas que no sirven para nada. Una llave que, por culpa de estar mal tallada, no abría nada.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;El símil no es sexual. Bueno, supongo que también es sexual. No es editorial, aunque una mala copia te cierra muchas puertas. Era más bien -vamos a ver- ¿existencial? Menuda gilipollez. Literario, literal, qué más da. La cuestión es que últimamente me siento un poco así, creyendo que tengo la clave. Pero algo ha pasado, algo imperceptible, que me impide llegar allí donde quisiera. Por mucho que revise esa llave y lime sus asperezas, por mucho que quiera entender qué parte está mal hecha, qué diferencias tiene con la que giraría, no hay manera. Y es desesperante quedarse fuera.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;No es que no encaje. Es que no abre.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Al final, en la carta, no he contado nada de todo esto. He descrito la noche extraña de ayer, rodeada de víctimas de la epidemia de las separaciones, años sabáticos por doquier, poco sexo y mucha cerveza (los demás, gintónic), hasta que acabé con un montón de desconocidos en el comedor de una mujer llamada “La más guapa de la Historia”, donde un tipo leía en voz alta fragmentos de un libro titulado “El horóscopo del amor”.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Antes, en el Heliogábal, un chico me había asaltado en la barra: "Mel, ¿eres Mel? ¿Mel Alcohólica? Joder, eres la persona mítica que más me gustaría conocer!". Pues ya ves, no soy mítica, soy normal, respondí. Encantada. De lo que se deduce que soy persona.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Volví a pie pasadas las cinco, con una luna tremenda encima de mi cabeza, recordando sueños hermosos que me habían contado otros. Y luego he soñado que me declaraba a Ángel Martín (imagino que trasunto de otra persona) y que él me enseñaba su alianza para pararme los pies. Nos hacíamos amigos y me resultaba raro pasarle un brazo sobre los hombros mientras él me pasaba el suyo por la espalda.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Algo permanece cerrado para mí y, aunque la que tengo se parece mucho a la que vale, carezco de la llave para entrar.&amp;nbsp;La he dejado junto a la de la caja fuerte, cuya combinación todavía no he descubierto.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-5176462363460738098?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/5176462363460738098/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=5176462363460738098&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/5176462363460738098'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/5176462363460738098'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2010/10/dejame-entrar.html' title='Déjame entrar'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/TMSh07ts4vI/AAAAAAAAAYA/q2VFdJtoBm0/s72-c/awi-f927.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-9105042538529626304</id><published>2010-10-17T22:16:00.007+02:00</published><updated>2010-10-18T10:09:03.412+02:00</updated><title type='text'>Lo que no está escrito</title><content type='html'>&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Los sobres de sus cartas eran negros. Y la emoción que sentía al verlos en el buzón de la casa de mis padres sólo es comparable a la de los e-mails que recibiría años más tarde por parte de otro hombre que, como él, sabía que una palabra suya bastaría para salvarme.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Entonces yo tenía quince años, él veinte. También me escribía con otro amigo de mi edad con quien había vuelto del colegio diariamente los últimos años de mi infancia. Los tres vivíamos en el mismo barrio, nos separaban apenas seis calles. Y acudíamos solemnes al mismo buzón de la plaza París junto al que solía quedar con mi única amiga fémina que, valga el tópico, llegaba siempre tarde. Con ella aprendí a esperar.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Con él aprendí todo lo demás. Aprendí a enamorarme y a enamorar mediante la palabra (él era mi catequista, podría decirse que la suya era palabra de dios).  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Recuerdo leer sus cartas una, dos, siete veces antes de comer. Otras treinta después. Recuerdo buscarle entre líneas, ruborizarme con aquellas declaraciones tan directas como pueda serlo un bolígrafo desesperado sobre el papel durante una sesión interminable de estudio en la biblioteca de la Riera o la Misericordia. Recuerdo contestar con una sinceridad brutal, impropia de la chica hermética que era en aquella época. “Hay dos Mel”, me contestó en una ocasión, “la que escribe y siente, que es la que lo da todo... y la otra”.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;“La otra” era incapaz de decir “t'estim”, aunque lo hubiera escrito con dedos temblorosos en la mayoría de las cartas. “La otra” rompía a llorar cada vez que él deslizaba una mano dentro de sus pantalones e intentaba acariciarle el culo. “La otra” se sentía culpable al ponerse cachonda, especialmente aquella noche que yacían tumbados sobre la alfombra sin camiseta, las luces apagadas, y él recorrió con los dedos sus costillas y se le ocurrió besar sus pechos. Entonces “la otra” tuvo que salir corriendo, totalmente bloqueada y cortó con él tres o cuatro veces, porque era demasiado pequeña para un sentimiento tan grande, o algo así.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Me grababa cintas de Led Zeppelin, Deep Purple, Eric Clapton, Silvio Rodríguez, claro. Una tarde de domingo estaba escuchando una de Simon &amp;amp; Garfunkel y haciendo los deberes, cuando llamó a la puerta. Él sabía que mis padres estarían en misa y yo bajé al portal sorprendida porque normalmente era difícil que pudiéramos quedar. Nos veíamos un rato los jueves después de catequesis y otro los sábados. Los fines de semana él trabajaba de barman en un bareto llamado Clan y a mí sólo me dejaban salir un par de veces al mes y nunca hasta más tarde de las dos.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Era otoño, serían las ocho. La luz amarilla de las farolas iluminaba la calle por la que pasaba un coche solitario y aplastaba las hojas de los plataneros, que se arremolinaban junto a la acera. Al verlo inquieto con las manos en los bolsillos, subiendo y bajándose repetidamente del único escalón que hay en la puerta, lo entendí todo. No se había lavado el pelo y tenía el rostro desencajado. Oralmente se expresaba peor que por escrito. Bueno, en aquella ocasión lo hizo a propósito. Anoche saliste con una amiga, bien. Y una cosa llevó a la otra. De acuerdo. Y os emborrachasteis. Y claro, tienes veinte años y yo sólo tengo quince y nuestras necesidades son distintas.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Se puso a llorar, dijo que quería abrazarme, pero que se daba asco a sí mismo. Le abracé. Le pregunté si quería que lo dejáramos. Respondió que no, que quería morirse, que me quería tanto que no sabía cómo había sido capaz, que esa tía ni siquiera le gustaba, que hacía tiempo que le acosaba y que le perdonara, que si era necesario, que lo que fuera. “No hay nada que perdonar”, respondí yo con una gran sonrisa y un beso en la mejilla. Y volvimos a abrazarnos muy fuerte, hasta que nos crujieron los huesos.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Cuando intentaba acariciarme el culo me sentía culpable, sí. Pero por no saber dejarme llevar.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Lo que se truncó aquella tarde no fue entre nosotros. Fue entre la humanidad y yo, a quien me había costado tanto perdonar (¿a mí o a la humanidad?). Me tumbé en la cama, escuchando una y mil veces &lt;i&gt;The Sound of Silence&lt;/i&gt; con las luces apagadas, sin acabar de creérmelo. Tantas cartas, tantas imágenes perfectas en el interior de aquellos sobres que deseaba encontrar en mi buzón al volver del instituto (y aquella desazón cuando el buzón estaba vacío), tantos momentos que habíamos compartido abrazados sin decirnos nada porque es cierto que, más allá de aquellas cartas, yo era incapaz de expresar lo que sentía. Y me temo que sigo siéndolo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Continuamos saliendo tres años más. Continué cortando con él de vez en cuando, angustiada por algo que nunca supe describir ni afrontar. Recibí su última carta al poco de instalarme en Barcelona, también algunas postales que me envió un mes más tarde desde distintos lugares de Europa que visitó en un Interrail con la mujer por la que me sustituyó, con la que acabaría casándose y supongo que con quien tiene hijos. Han pasado quince años.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Los mismos que tenía yo cuando descubrí que ni siquiera la palabra escrita es garantía de pureza.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Y sin embargo, sigo escribiendo. Sigo sintiendo lo que leo. Sigo emocionándome. Y te creo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-9105042538529626304?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/9105042538529626304/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=9105042538529626304&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/9105042538529626304'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/9105042538529626304'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2010/10/lo-que-no-esta-escrito.html' title='Lo que no está escrito'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-5235789079303651130</id><published>2010-10-12T23:11:00.015+02:00</published><updated>2010-10-16T12:16:56.896+02:00</updated><title type='text'>Polaroid</title><content type='html'>&lt;object height="385" width="480"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/QiVS56IePXw?fs=1&amp;amp;hl=es_ES"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/QiVS56IePXw?fs=1&amp;amp;hl=es_ES" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="480" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Lucida Grande'; font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 11px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Me acuerdo de aquel practicante que tuvimos en EGB. Estaba loca por él, pero entonces no podía saberlo, era la primera vez que me pasaba algo así. No entendía por qué anhelaba su presencia, que me incomodaba tanto al mismo tiempo. Él me llamaba por otro nombre para provocarme y para que le corrigiera. Y yo quería ir al colegio sólo para verle, aunque me sentía culpable porque intuía que eso no estaba bien. Tenía once años y ganas de sentarme en sus rodillas y que me peinara. Un día, en clase, me preguntó la lección. Sabía la respuesta, claro que la sabía, pero fui incapaz de articular palabra. Mis ojos ardían tanto como mis mejillas. Él no insistió y yo entendí que había perdido el interés. Aquella noche enfermé. Cuando volví al colegio, ya había acabado sus prácticas.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Me acuerdo del día que, en aquel atasco de camino a Palma, le pregunté: “¿Qué haces?”. Él movía los índices rítmicamente unos centímetros por encima del volante. Respondió: “Estoy orquestando una puesta de sol”.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Me acuerdo de todos y de cada uno de los cabrones que me gustaban y se hacían amigos míos para  acceder a mis amigas, que siempre eran mucho más guapas y más interesantes y más fantásticas que yo. Y luego, encima, me tocaba hacer de confidente con el corazón gangrenado.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Me acuerdo de que paró el coche en medio de la carretera, estábamos en la Serra de Tramuntana, y bajó un momento, corrió hasta el bosque. Cuando volvió, me dijo: “Te quiero...” y me puso un pedazo de musgo sobre las rodillas. Te quiero musgo, repitió. Pero yo ya lo había entendido.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Me acuerdo de aquel hemofílico que cortó conmigo porque, dijo, no estaba enamorado de mí. “Yo tampoco lo estoy de ti”, contesté. “Ésta es la gran diferencia entre nosotros”, replicó, “soy incapaz de estar con alguien a quien no amo”.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Me acuerdo de aquella canción que sonó tres, cuatro, cinco veces seguidas. Era &lt;i&gt;The year of the cat&lt;/i&gt;, de Al Stewart. Entonces él quitó la cinta sin dejar de conducir y la lanzó por la ventanilla. Me acuerdo de la madrugada que, agarrándome del cuello, me golpeó varias veces contra el reposacabezas del asiento del coche, fuera de sí.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Me acuerdo de que dijiste: mira qué cielo, y yo agaché la cabeza para verlo a través del parabrisas, y el semáforo estaba en rojo y tú buscaste a tientas tu bolsa en el asiento de atrás, y te dije: no vas a llegar, y tú repetiste: no llego, ¿verdad? Y no sólo sacaste la Polaroid de la bolsa, sino que además tenías que sacar el papel del paquete todavía sin abrir. El semáforo de los peatones empezó a parpadear, y tú mordiste el plástico del envoltorio e introdujiste rápidamente el papel en la cámara, y enfocaste aquella nube que parecía un volcán, y se puso verde para los coches, pero nadie pitó aunque fuera hora punta, y tú disparaste a tiempo y resolviste: de aquí no saldrá nada, el flash ha rebotado en el cristal.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Me acuerdo de que, mientras esperaba a que la imagen fuera apareciendo en el papel y sonaba una de Bob Dylan -tú ya habías arrancado y girabas en aquella dirección-, el mundo se vino abajo porque por primera vez sentí que podría enamorarme de ti. Entonces preguntaste si &lt;i&gt;I remember&lt;/i&gt;, de Joe Brainard, era mejor que &lt;i&gt;Je me souviens&lt;/i&gt;, de Georges Perec, y yo te contesté que mucho mejor. Creo que lo justifiqué con un: “es más bestia”. Quisiste saber a qué me refería, de qué se acordaba Brainard. Pero yo estaba acordándome de otras cosas que me daban miedo y me quedé en blanco, me ardieron los ojos y la cara y no supe qué decir.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-5235789079303651130?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/5235789079303651130/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=5235789079303651130&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/5235789079303651130'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/5235789079303651130'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2010/10/polaroid.html' title='Polaroid'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-2145114940213428662</id><published>2010-10-06T00:13:00.007+02:00</published><updated>2010-10-06T09:00:01.198+02:00</updated><title type='text'>Ansiedad</title><content type='html'>&lt;table align="center" cellpadding="0" cellspacing="0" class="tr-caption-container" style="margin-left: auto; margin-right: auto; text-align: center;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://blog.sfmoma.org/wp/wp-content/uploads/2010/07/Hockney.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: auto; margin-right: auto;"&gt;&lt;img border="0" height="215" src="http://blog.sfmoma.org/wp/wp-content/uploads/2010/07/Hockney.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #999999; font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 9px; line-height: 14px;"&gt;David Hockney,&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #999999; font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 9px; line-height: 14px;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #999999; font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 9px; line-height: 14px;"&gt;&lt;em&gt;Shirley Goldfarb &amp;amp; Gregory Masurovsky&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #999999; font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 9px; line-height: 14px;"&gt;, 1974. Acrylic on canvas | The Doris and Donald Fisher Collection at the San Francisco Museum of Modern Art&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;“Soy demasiado inteligente para ser feliz, pero no soy todo lo inteligente que quisiera. Por eso hago malabares con imposturas: voy de culta, ingeniosa y despreocupada, todos comentan que soy tan natural, etcétera. En realidad, si fuera inteligente, no necesitaría venir aquí”.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Me mira desde el otro lado de la mesa sin ningún interés. Sé que le gustaría parecer impertérrito, analítico, pero tiene esa pose un poco chulesca de los directores de empresa catalanes que quieren ir de colegas y son condescendientes porque siempre estarán más pendientes de sí mismos que de lo que les puedas decir tú. “Crees que sólo los imbéciles van al psicólogo, ¿es eso?”.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Mi padre es psicólogo. Mi hermano es psicólogo. Uno de mis mejores amigos es psicólogo. Creo que conozco todos sus trucos, creo que no podrían engañarme, creo que sé más de los psicólogos que los propios psicólogos. Desde luego, sé mucho más de la psicología que este gilipollas al que por fin he decidido visitar, vencida por un ataque de ansiedad que estrené el jueves con la misma solemnidad con la que estrené mi primera colonia Chispas.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;“No, subnormal”, le contestaría, “lo que pasa es que, si tuviera cierta inteligencia práctica, no perdería los nervios”.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Le contesto: “Acabo de mudarme. He tenido dos desengaños amorosos en seis meses. Trabajo en tres periódicos distintos, una radio y dos televisiones, una de ellas me obliga a coger dos aviones casi cada semana. No me gusta volar. Me angustia volar. Se supone que tendría que estar disfrutando de todo lo que me pasa, sé que soy muy afortunada porque el panorama laboral está jodido. Pero también soy consciente de que, si flojeo, lo perderé todo. Estamos en crisis y yo sólo tengo estrés”.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Llevo dos semanas sin pegar ojo. Duermo un par de horas, me despierto. Duermo otro par de horas y así. No pienso en el trabajo, pero en realidad no pienso en otra cosa. Estoy como en estado catatónico, los ojos muy abiertos, la garganta seca, el corazón a tope, la mente en blanco.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;El jueves tuve una discusión a la hora de comer. Me volví loca. Primero intenté arrancarle la botella de vino de las manos, luego me levanté de un salto, tiré el plato al suelo, empecé a ulular, a chillar cada vez más fuerte, cogí un puñado de mejillones y los lancé contra la pared, me volqué la jarra de agua en la cabeza, corrí empapada hasta la ventana y la golpeé con la acojonante intención de romperla, que se me clavaran los cristales en las manos, en los brazos.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Estoy loca.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;“No estás loca”, contesta el psicólogo de pacotilla. “Los síntomas que describes responden efectivamente a un cuadro de ansiedad. Seguramente eres una persona muy autoexigente (y si suelta un adverbio más, o alguna palabra acabada en ente, me lo cargo) y últimamente (lo mato) has estado sometida a mucha presión. Las tres cosas que más nos desestabilizan son las mudanzas, las rupturas y los cambios laborales. Y por lo que me cuentas, tú lo has hecho todo a la vez”, carraspea sin duda para evitar un comentario sarcástico.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;“Soy una campeona”, me adelanto yo. “Pero no tengo sentimientos. Mis rupturas me importan una mierda, mi estado natural es la soltería, soy una amante épica (citando a un amigo). Acabaré seduciéndote antes de que te des cuenta (vuelve a poner esa cara que pretende ser impávida y que le sale perdonavidas). Ya sé que ahora te suena a fantasmada y que ni siquiera te resulto atractiva, pero me gustan los retos. Y también me gusta ir retransmitiendo lo que pasa, como si estuviera relatando cada momento: paciente arrogante pretende perturbar a su psicólogo, presunto experto de vuelta de todo. Me divierto con estas cosas. Lo de la mudanza fue una putada, pero ya está. En mi nueva casa hay una caja fuerte que todavía no he logrado abrir. Me gusta que mi nueva casa tenga secretos para mí. Agradezco a dios todopoderoso que me haya dado tantos trabajos en estos tiempos que corren, aunque me agobien la hostia. Soy fuerte y puedo con lo que me echen”.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Él: ¿Crees en Dios?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Esto es un coñazo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Él: ¿Por qué has venido?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Ahora no empieces con lo de que no puedes ayudarme si yo no me dejo y todo eso. Tampoco digas que no has dicho nada, que lo estoy diciendo yo misma. Sé que la única manera de salir de ésta es mediante una actitud positiva, debería dejar de ponerle pegas a todo. Ya sé que tengo que ir despacio, pasito a paso, no tomarme las cosas tan a pecho, relajarme, sentir que lo que me pasa es por algo bueno, reírme de mí misma, relativizar. ¿Eres freudiano?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Él: ¿Por qué lo preguntas?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: ¿Crees que quiero follarme a mi padre o algo así?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Él: ¿Crees que tienes complejo de Electra?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Me gusta la soledad, pero echo de menos que alguien haga la compra y prepare la comida. Cuando vivo sola, no como nunca.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Él: O sea, que encima hay que añadir a tu desorden anímico un trastorno alimenticio. Joder, es que eres de manual.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: ¿Eso se te ha escapado o forma parte de una estrategia que no conozco?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Él: Vas de provocadora y eres una llorica.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Uf, ésta me la sé. Lástima, la cosa se estaba poniendo interesante. Podrías invitarme a cenar. Para evitar mi trastorno alimenticio y eso.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Él: ¿Y gastarme el dinero que gano con tu caso?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Así, por lo menos, me ayudarías en algo.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Él: Oye, mira, la gente lo está pasando mal de verdad, no quiero perder el tiempo contigo. Eres una insatisfecha. Caso resuelto.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Insatisfecha porque soy demasiado exigente, porque estoy sedienta o porque soy una frígida?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Él: Tendríamos que trabajar en ello, pero pareces obsesiva y adicta aún no sé a qué. ¿Qué te parece si dejas de hablar de ti misma?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Me gustas bastante. Seguro que tienes remordimientos porque te tienta enrollarte con casi todas tus pacientes. Son débiles y necesitan que las protejas, nadie las entiende mejor que tú, sabes lo que les pasa y cómo tratarlas. Están en tus manos. ¿Estás casado?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Él: Soy gay.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo: Vaya.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;El despacho es blanco, diáfano, tiene dos sofás de cuero negro, una gran mesa de madera de roble y una chaise longue de Le Corbusier, un cuadro de Rothko y otro de Hockney, la ventana da a Enric Granados. Me encuentro mucho mejor.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-2145114940213428662?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/2145114940213428662/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=2145114940213428662&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/2145114940213428662'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/2145114940213428662'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2010/10/ansiedad.html' title='Ansiedad'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-2678001381782104898</id><published>2010-09-28T23:27:00.081+02:00</published><updated>2010-09-29T17:14:04.998+02:00</updated><title type='text'>The Door On The Floor</title><content type='html'>Conversación por SMS, ayer sobre las cuatro de la tarde:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hombre Supuestamente Interesante con el que Nunca Volveré a Acostarme (modalidad: periodista de sucesos): Sé quién es el tío del que hablas en tu post, pero ¿cuántas veces me &lt;i&gt;embanyaste&lt;/i&gt;? Serás perra... besooooo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo: Ninguna, lo he puesto muy clarito, si me porté como una santa. ¿Y tú cuándo vas a ser papá?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HSINVA: Besar es engañar. Me quedan al menos nueve meses para ser padre. ¿Todo bien?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo: Visto así, te pido perdón. ¿Me perdonas con cinco años de retraso? En &lt;i&gt;Una historia de amor y oscuridad&lt;/i&gt;, Oz dice que "engañar" es follar con una mujer y no casarse con ella. Mucho trabajo, gran catarro y pequeña depresión. Pero bien, feliz en mi nuevo piso. Oye, yo creía que mi blog era secreto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HSINVA: Entonces no lo publiques, melón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo: Joder, es que pensaba que no lo leía nadie. Y ahora empiezo a recibir anónimos chungos. Eso es que has llegado a la edad adulta de Internet, no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HSINVA: Eso es que hay mucho aburrido suelto. Sabes perfectamente que lo leemos porque somos unos cotillas un poco masocas y como nunca tienes tiempo para nada, por lo menos así nos enteramos de si estás bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo: Cada vez que estoy depre, mi Amiga La Loca le echa un ojo para saber qué me pasa. Luego están mis visitantes habituales, a los que también visito, y son como de la familia. Pero si no es a vosotros, a quién coño le importa. Además, me invento la mitad de las cosas. ¿Todavía juegas a pádel?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HSINVA: Jajajaja, siempre has sido una exagerada. Seguro que si transcribes esta conversación, te montarás una película. Por cierto: COMO PUBLIQUES ESTA CONVERSACIÓN EN TU BLOG, TE CORTO LAS TETAS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo: Al final acabo publicándolo todo, ya lo sabes. Todavía no sé por qué lo hago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HSINVA: Juego a pádel y voy en moto. Eres la chica gamba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo: ¿Estoy buena pero soy tan fea y boba que mejor si me arrancan la cabeza?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HSINVA: Te desnudas en público, pero no das la cara. Eres una exhibicionista rara que pretende no tener identidad, como si estuvieras en una cabina porno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo: Hostias, pero si por lo visto todo el puto mundo ha descubierto quién soy. Ahora ya no me atrevo a contar ni la mitad de las cosas que contaba antes. Es una mierda. Y yo, una cobarde. El anonimato es juego y a veces literatura. Lo demás es Sálvame Deluxe. Por cierto, esto nos va a costar un pastón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HSINVA: Tranquila, tengo contactos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo: ¿En Vodafone?????&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HSINVA: Oye, perla, se te está yendo la pinza con la licencia poética. Esta conversación no se parece nada al intercambio de mensajes que tuvimos ayer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo: Vale, ya paro. Es que mi Amor Sobre Ruedas me dijo una cosa muy fea que me puso muy triste. Dijo: "Queremos ser tu personaje. Pero no uno de los que salen en tus novelas o en tu blog. Queremos ser un personaje en tu vida. Y no nos dejas". Lloré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HSINVA: ¿Y a quién se refería con ese plural?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo: Ni idea, será un plural mayestático. ¿Tan difícil soy?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HSINVA: No me hagas contestar a esa pregunta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo: Ya has contestado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HSINVA: Leíste el de John Irving?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo: Vi la película. Y prefiero el título en inglés: &lt;i&gt;The Door On The Floor&lt;/i&gt;. Pero no jodas, a mí no se me ha muerto nadie. De veras tengo mucho curro. Quedamos un día de estos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HSINVA: Nadie quiere ser un personaje tuyo, todos son insoportables, unos arrogantes de cuidado. Empezando por la narradora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo: Soy una desgraciada. Además sólo hablo de mí porque me habéis pedido que no hable de vosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HSINVA: Gracias.&amp;nbsp;Quedamos cuando quieras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo: Sí, seguro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HSINVA: Un besooooooo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-2678001381782104898?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/2678001381782104898/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=2678001381782104898&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/2678001381782104898'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/2678001381782104898'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2010/09/conversacion-de-sms-hoy-sobre-las.html' title='The Door On The Floor'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-671177185277581634</id><published>2010-09-28T14:41:00.007+02:00</published><updated>2010-10-12T23:40:06.336+02:00</updated><title type='text'>Historia particular de un muchacho</title><content type='html'>&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Nos conocimos hace cinco años en una fiesta. Él llevaba una camiseta gastada de Mickey Mouse y me comentó que tenía algún problema con Barcelona, que aquí no se encontraba bien del todo. Que, cuando venía, apenas salía del hotel.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Quedamos para ir a cenar, no sé si al día siguiente o al cabo de un mes. Fuimos a Gracia, nos sentamos en una terraza de Rius i Taulet y tomamos cerveza. Su padre es psicólogo, el mío también, a los dos nos gusta escribir. En aquella ocasión hablamos de los rusos, de Tolstoi, Dostoievski, Nabokov, Chejov, Biely, de la angustia que provoca saber que nunca lo harás tan bien como ellos, de lo improductivo (casi inútil) de nuestra pasión. Para qué.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;También hablamos de nuestros hermanos, de las peleas que teníamos de pequeños. Yo todavía recuerdo sorprendiéndome de rodillas sobre el pecho de uno de los dos mientras le golpeaba la cabeza contra el suelo y él ponía los ojos en blanco. No lo maté de milagro. Después de aquello, ya no le pegué nunca más. Lo agredía con la palabra.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Cenamos en un argentino que no era gran cosa y acabamos brindando con whiskies en algún bar que no recuerdo hasta que cerraron. Me dijo que no le gustaba dormir solo. También me contó historias para no dormir.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Nos besamos bajo una farola que se apagó porque las farolas se encienden y se apagan a mi paso.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Entonces yo empezaba a salir con uno de esos Hombres Supuestamente Interesantes con los que Nunca Volveré a Acostarme (modalidad: periodista de sucesos). Y ahora podría decir que el amor recién estrenado me había hecho fiel. Es como cuando estrenas coche, supongo, que intentas no hacerle ni un rasguño. Aunque, qué sé yo, si no tengo ni carné. Podría decir que le quería tanto que ni siquiera se me pasó por la cabeza irme a un hotel con otro y pasar con él una noche de pasión desenfrenada porque, pobre, este forastero tiene un problema con Barcelona y encima no le gusta dormir solo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Pero no fue por eso por lo que dejé al forastero -tras un último beso, largo, alcohólico, perfecto- a las puertas de su hotel. No fue por eso por lo que volví a casa sola, no fue por amor ni mucho menos. Lo hice porque creía que tal vez mi Hombre Supuestamente Interesante con el que Nunca Volveré a Acostarme (modalidad: periodista de sucesos) tal vez estuviera esperándome, sorpresa. A veces hacía cosas así. Se presentaba de madrugada con una rosa para que le perdonara por despertarme, y luego me tenía en vela mientras roncaba a mi lado. Cuánto le quise, de todos modos.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;En fin, que aquella noche volví sola a casa, y en casa no había nadie, y mi amor recién estrenado no vendría a pasar la noche conmigo, y pasé un buen rato enviándome mensajes con el otro, con mi amante frustrado, preguntándome si tendría que regresar a su hotel y acabar lo que habíamos empezado bajo una farola para dejar de sentir que me arrepentiría el resto de mi vida si no hacía lo que tenía tantas ganas de hacer.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Necesité un cigarro. No tenía mechero ni cerillas. Lo encendí en uno de los fogones de la cocina. Los fogones de la cocina que tenía entonces eran eléctricos.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Amaneció. Mi amante frustrado se fue a Madrid. Estuve viviendo con mi Hombre Supuestamente Interesante (modalidad: periodista de sucesos) durante un año y medio. Todo fue bien.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Aquel muchacho aparecía de vez en cuando. Ahora una presentación en Barcelona, ahora otra fiesta, ahora un SMS esporádico para felicitarme por algo. En estos cinco años nos habremos visto cinco veces. Siempre dedicamos un rato a una copa, a una conversación sobre libros, a algún cotilleo que no hace daño a nadie. Pero a la debida distancia. Apenas unas palabras.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Es guapo, lo sabe y se aprovecha de ello. Es de los que, en vez de despedirse con un abrazo, se despide con “un gran beso”. Cree que todas las mujeres están enamoradas de él porque sin duda habrá unas cuantas que lo estén. Su condescendencia me hace gracia. No llega a ser un chulo ni un fantasma, no es soberbio, ni pedante, ni relamido. Simplemente espera que todo el mundo le adore o algo así, y la estrategia es hacerte sentir como que le has afectado de algún modo. Entiendo que las vuelva locas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni siquiera es verdad que no le guste dormir solo, “supongo que te lo dije para ligar contigo”. Pero, en definitiva, es un tío-bueno con conversación y puede que también sea buen tío, qué más se puede pedir. No sólo porque nuestros padres sean psicólogos y nos tomemos la literatura en serio, también porque somos unos seductores natos y nada nos divierte más que gustar, estaba claro que nos llevaríamos bien.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;La penúltima vez que nos vimos -editores y escritores de por medio-, confesé: “Sólo hay una cosa de la que me arrepiento en esta vida, y es de no haberme liado contigo aquella noche que me ofreciste tu hotel”. De eso hace ya más de un año, durante el cual él se ha sentido atraído por una amiga mía y yo he salido con mi Amor Sobre Ruedas, y luego con Tecla Negra y finalmente decidí tomarme un año sabático de hombres.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Hace un par de domingos me llamó. Estaba en Barcelona, ciudad en la que no sabe estar. Fuimos a ver el Atlético de Madrid-Barça en un bar bonito del Born. Hablamos de Alice Munro (según chivatazo sueco, próximo premio Nobel), de Clarice Lispector, Amos Oz, A.S. Byatt, Henry James, Richard Yates, Coetzee y Naipaul.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablamos de la vez que cenó con Diego Forlán y se portó como un crío. También de la vez que vio el Atlético de Madrid-Fulham en el único bar húngaro que estaba abierto. Desgraciadamente lleno de ingleses que estuvieron a punto de darle una paliza cuando se le ocurrió pagar una ronda para celebrar la victoria. Tuvo que largarse para no acabar como mi hermano cuando fuimos pequeños, los ojos en blanco y el peso de un cuerpo aplastándole el pecho.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Ganó el Barça. Después del partido, continuamos tomando cervezas en otro bar y yo ya me había puesto enferma. Un catarro que dura hasta hoy. Le pedí un paracetamol al camarero.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Mientras me encendía el único cigarro que me atreví a fumar, volvió a besarme. Igual que hace cinco años, bajo aquella farola que se apagó.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Cuando llevábamos un buen rato interrumpiendo nuestra conversación con besos delicados y cerveceros, ya en la calle, abrazados y satisfechos como sólo pueden estarlo los que entienden que, pese a todo, todo vuelve a estar en su sitio, preguntó: “¿Tienes novio o algo así?”. Respondí: “No”.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Él se quedó un rato dubitativo y entendí que me tocaba decirle: “¿Por qué me lo preguntas?”. Respondió: “Yo sí tengo una novieta. Bueno, algo así. Ella no sabe si me quiere”. Yo: “Pues qué tonta. ¿Y tú la quieres a ella?”. Él: “Mucho”. Yo: “De todos modos, no sé por qué tenías que decírmelo. No estoy loca, ¿sabes? No soy una acosadora, ni pensaba acribillarte con llamadas o e-mails, no es mi estilo”.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Me adelanté unos pasos, visiblemente ofendida. Él me agarró del brazo: “Perdona, supongo que puede interpretarse así, lo siento, no te lo decía por eso. Me gustas mucho”. Yo: “Eso ya lo sé, pero no era necesario marcar límites, hay cosas que se sobreentienden”. Él: “Me gustaría que mañana desayunáramos juntos”.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Al día siguiente desayunamos juntos. Hablamos del perdón. Según él, entramos en la edad adulta cuando asimilamos el significado de perdonar y cuando entendemos la necesidad de que nos perdonen.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Le comenté que parecíamos los personajes del guión barato de una película americana. Cinco años después.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Luego fuimos a La Central. Él se compró &lt;i&gt;La trilogía de Depford&lt;/i&gt;, de Robertson Davies y me regaló&lt;i&gt; La historia particular de un muchacho&lt;/i&gt;, de Edmund White. Yo le regalé &lt;i&gt;Hotel de Dream&lt;/i&gt;. Y nos despedimos con un acostumbrado "estamos en contacto".&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;De repente volví a sentirme muy feliz, como cada día últimamente que, pese a estar enferma, sonrío mientras me sueno la nariz. Supongo que el año que viene volveremos a vernos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-671177185277581634?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/671177185277581634/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=671177185277581634&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/671177185277581634'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/671177185277581634'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2010/09/historia-particular-de-un-muchacho.html' title='Historia particular de un muchacho'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-2914504772908449458</id><published>2010-09-17T14:10:00.014+02:00</published><updated>2010-09-28T11:54:07.129+02:00</updated><title type='text'>Mi año sabático de hombres</title><content type='html'>(oculté este post que escribí hace unos días porque pensé que podría herir sensibilidades. ahora me temo que ya da igual)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras el resultado devastador de mis últimas experiencias, he decidido tomarme un año sabático de hombres. Lo digo muy en serio: no quiero saber nada de tíos.&amp;nbsp;Si se diera el caso poco probable de que conociera al amor de mi vida, tendría que pedirle que esperara hasta el 20 de agosto. Y claro, como sería el amor de mi vida, el muy capullo esperaría. Por lo tanto, lo consideraría un capullo, y supongo que no podría aceptar a un capullo como amor de mi vida.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Hasta hace dos días, lo llevaba bien. Estaba intelectualmente preparada, emocionalmente convencida. Pero, ay, he descubierto que las mujeres (al menos las satisfechas) a menudo olvidamos una parte que para los hombres por lo visto es esencial. Yo creía que, si controlabas tu cabeza y tu corazón, estaba todo resuelto. Mecagüenlaputa. Reconozco que ayer empecé a sufrir.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Entonces me dije: ya está, voy a conectar el chat de Facebook, que no he conectado nunca porque de mis 1.367 amigos en realidad sólo conozco a doscientos.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Transcurridos diez minutos, un italiano me llamaba bella y me invitaba a Milán, un granjero me presentaba a sus vacas y me mandaba canciones bonitas por spotify, un amigo se partía de risa con la crónica en directo que iba apuntando en su ventanita, otro amigo se ponía enfermo por culpa de mi decisión, y un tío bueno (pero que muy bueno) me daba su número para que un día de estos vayamos a tomar unas birras.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Me sentí muy afortunada y, con el ego por las nubes, fui a una fiesta en la plaça Reial, típico antro mal ventilado, lleno de humo y con una acústica feroz. O sea: genial. Ahí estábamos todos, de regreso tras las vacaciones. Conciertos de Mujeres y Pelea, mucha cerveza y un gintónic con pepino y fresas. Fue muy divertido, hablé por los codos, dije un montón de tonterías y me sentí muy feliz, exaltación de la amistad y todo eso.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tal vez a raíz de esa misma exaltación, mis amigos me abandonaron, y acabé en la barra mediotonteando con alguien que no voy a poner quién es porque ayer, entre otras cosas, descubrí que algunas personas muy cotillas han descubierto este blog. Luego me fui alegramente con mi iPod.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cuando, de repente, un chico me detuvo en Las Ramblas. Lo había conocido en el bar. Bueno, él me reconoció a mí, era uno de esos milnosécuántos amigos de Facebook que no tengo puta idea de quiénes son. Él tío es jovencito, muy majo, pero estaba flipado porque cree que soy famosa. Se puso a llover a cántaros y tuvimos que refugiarnos en un portal, y supongo que el tío debió fantasear con cosas algo así como románticas porque decía: "Qué fuerte, estoy contigo en un portal". O: "Joder, nunca hubiera imaginado que acabaría la noche con una famosa". Y dale.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Le dije que no sé qué entendía él por ser famoso, pero que se estaba confundiendo de persona o de concepto o qué sé yo. Menos mal que pasó un taxi y lo pillé y me fui corriendo a casa.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En el chat de gmail me encontré al amigo que se había puesto enfermo por culpa de mi decisión y al chico con el que había mediotonteado en la barra.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mi amigo me contó que había quedado con una chica y que, al volver solo a casa, se habían visto en el chat y a él le apetecía estar con ella carnalmente no sólo virtualmente. Así que habían vuelto a quedar y echaron un bonito polvo.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tras reprocharme que me hubiera ido sin despedirme, el chico con el que había mediotonteado en la barra del bar me hacía una propuesta similar. Apagué el ordenador inmediatamente, para que no pensara ni por un momento que había leído su proposición. Espero que lo haya olvidado porque si no, la próxima vez que nos veamos será raro.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En fin. Me parece que esto del año sabático va a ser más complicado de lo que creía.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-2914504772908449458?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/2914504772908449458/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=2914504772908449458&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/2914504772908449458'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/2914504772908449458'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2010/09/mi-ano-sabatico-de-hombres.html' title='Mi año sabático de hombres'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-6184589452069627031</id><published>2010-09-15T21:27:00.001+02:00</published><updated>2010-09-15T21:41:53.972+02:00</updated><title type='text'>Losers Night</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/TJEdU80HG-I/AAAAAAAAAX4/hcnh6Scdf7A/s1600/000a.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/TJEdU80HG-I/AAAAAAAAAX4/hcnh6Scdf7A/s320/000a.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conocí al primo de Peter Pan en tercero de carrera. Yo le pasaba los apuntes de Portugués porque él no iba nunca a clase, y también se apuntó a Francés porque estudió en el Liceo, su madre es gabacha y, en fin, pensó que así se aseguraba la matrícula, pero no. (El otro día, por cierto, encontré una redacción que escribí en la lengua de Pessoa. Ponía que su madre vendía aspiradoras, pero ignoro si eso lo inventó él, lo inventé yo, fue un error de traducción o simplemente es cierto).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conocí al primo de Peter Pan en el bar de la facultad mientras me comía un bocadillo de queso y él estaba un poco enamorado de una chica que cayó enferma, leucemia, y que posteriormente murió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y luego yo también le gusté un poco y no me morí y, aunque por entonces salía con un chico mallorquín trece años mayor, besé al primo de Peter Pan en la boca, y algunas noches dormí con él, pero nunca pasamos del inocente magreo que corresponde a dos niños que lo siguen siendo por puro empeño y con el tiempo en contra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primo de Peter Pan se convirtió en uno de mis mejores amigos. Coincidimos en París, la novia que tenía entonces cumplía años el mismo día que yo. Recuerdo que ella no estaba en París ese día, y que el primo de Peter Pan se quedó en París conmigo, y que volvimos a besarnos tiernamente en los labios antes de que yo le apartara también tiernamente pero con un rotundo "no".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La novia que tenía entonces se casó con otro. El primo de Peter Pan lo pasó muy mal por culpa de la incredulidad y porque estaba seguro de que se quedaría solo para siempre, y al primo de Peter Pan le asusta la soledad. Quiere tener hijos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego salió con un pez. No era un besugo, era un pececillo de río, que se movía con gracia y tenía los ojos muy grandes y muy mala memoria y un poco de mala hostia también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cortó con el pez. El pez se instaló en el piso de enfrente. El primo de Peter Pan volvió a pasarlo muy mal porque, cada vez que follaba, oía los gemidos de su pez a través del patio de luces y tampoco era plan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primo de Peter Pan siempre ha sido un loser, hasta que descubrió que los losers estaban de moda. Entonces se recreó en el papel de sí mismo. Empezó a ligar. Entre sus conquistas: una francesita de diecinueve años que iba tan rigurosamente depilada y tenía una imaginación sexual tan desarrollada que el primo de Peter Pan se acojonó. Ahí, en bolas, en la cama. Por lo que tengo entendido, los gatillazos suelen ser humillantes. Lo dicho: un loser total.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El otro día, el primo de Peter Pan y dos amigos suyos pasaron a buscarme en taxi. Querían que fuéramos a la terraza del hotel Wela para comprobar si es fácil pillar cacho. El hotel Wela es una horterada que construyó Ricardo Bofill, petada de guiris pijos y viejas con pasta. A los amigos del primo de Peter Pan los conozco desde hace siglos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Komodo es el típico chico alto, guapo, muy interesante, que estudió telecos y bellas artes a la vez, un poco histriónico, que sólo sale con chicas espectaculares y raritas, y que suaviza su simpatía con una actitud borde-paternalista encantadora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él también vivió una temporada en París y vendía crêpes, dulce bohemia. Antes estudió en la escuela de cine de Cuba y ahora es director de fotografía. Su problema es que a veces no se ducha y jamás se pone desodorante. Eso no merma ni un ápice su éxito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;The Gap es conductor de metros. Nos conocimos en el barrio de Gracia, una noche que, con todo lo borracha que iba, se me ocurrió chutar a puerta en un partido que se disputaba en la plaza del Sol. Espera, espera, que voy. Balón parado. Mi pie apenas lo rozó, del impulso caí de espaldas golpeándome la cabeza. Lo más interesante es que no derramé ni una gota de mi cerveza, servida en vaso de tubo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;The Gap dijo estar muy preocupado por mí, tal vez yo tuviera una conmoción cerebral. En tal caso, podría morir durante la noche. Se ofreció a pasarla conmigo, por si me ocurría algo, y le contesté que sí, que claro, no me apetecía morirme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasamos la noche juntos, no sucedió nada, y al día siguiente me invitó a comer una paella en Sitges. La putada es que se tomó la libertad de volver a casa después, supongo que pensó que sería algo así como un&amp;nbsp;&lt;i&gt;try again&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de que me invitara otra vez a comer, a la mañana siguiente le propuse que fuera a comprar croissants mientras yo preparaba el café. Cuando regresó, no le abrí la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había vuelto a verlo desde entonces. Han pasado diez años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Situación en el taxi: Komodo me pregunta, muy alterado, si a las mujeres nos gusta que se corran en nuestra cara. "Es que éstos dicen que es lo normal, que si no te corres en su cara estás acabado". Les pregunto si lo hacen a traición o avisan antes. El taxista flipa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre todo cuando el primo de Peter Pan y compañía se refieren al gesto en cuestión como facial-lotion.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni siquiera alcanzamos el ascensor del hotel Wela, está prohibido subir a la terraza en chanclas y/o hawaianas, calzado que, evidentemente, lleva el primo de Peter Pan, menudo loser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vamos al barrio del Born. Diez chicas holandesas toman mojitos con un señor rico pakistaní. Mis acompañantes no se atreven a acercarse, tal vez estar tomando cervezas de la marca servesa-bier-amigo no resulta muy seductor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero bueno, aprovecho que el señor pakistaní ha entrado a buscar más mojitos para pedirles una foto a todos juntos, a ellas y ellos. Las holandesas están encantadas y el espejismo dura una hora, más o menos, en la que hablamos animadamente de todo y de nada, que es de lo que se trata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De repente, el señor rico pakistaní pasa un brazo alrededor de la cintura de la más buenorra de las holandesas y las demás siguen a la pareja sin despedirse. Todas menos una, muy maja, que empieza a repartir besos fugazmente a todo el mundo cuando, sin aviso previo, la buenorra la agarra del brazo, la arrastra y, contestando a algo que ha preguntado el señor rico pakistaní, dice enfadada: "Not friends at all". Desaparecen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primo de Peter Pan y sus amigos se sienten especialmente perdedores. Ligo por ellos con una portuguesa y llega su amigo. Ligo por ellos con unas porretas que se sientan en la calle. Una de ellas nos alcanza luego y le pide el teléfono a Komodo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acabamos en uno de esos antros al que sólo llegan los solteros y en mal estado. Pese a todo lo que me he bebido, estoy demasiado lúcida para aguantar esto. El primo de Peter Pan dice: "Nadie se va de aquí sin haber besado antes a alguien". Le planto un beso en los labios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me largo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;Aunque me he divertido mucho, estoy profundamente deprimida. Vuelvo a casa caminando mientras se despiertan los pájaros. En mi iPod, Yo La Tengo canta &lt;i&gt;Almost True&lt;/i&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-6184589452069627031?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/6184589452069627031/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=6184589452069627031&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/6184589452069627031'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/6184589452069627031'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2010/09/losers-night.html' title='Losers Night'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/TJEdU80HG-I/AAAAAAAAAX4/hcnh6Scdf7A/s72-c/000a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-5483900837722984610</id><published>2010-08-25T12:19:00.006+02:00</published><updated>2010-08-25T19:22:52.066+02:00</updated><title type='text'>Happyland (III)</title><content type='html'>&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Times-Roman, serif;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;i&gt;Musée Mécanique&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Times-Roman, serif;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;Me regaló una taza que había comprado en Roma. "Como ya no me dejas pasar las noches contigo, quiero que mientras desayunas te acuerdes de mí". Hacía años que no nos veíamos. Esta mañana, me ha enviado un mensaje para saber si la taza funciona: "Ayer lo pasé muy bien. No es verdad que tengas más arrugas". Miente. Pero y qué.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Times-Roman, serif;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;Todo, estos últimos meses, parece mentira. Los lugares, las personas, San Francisco, Nick y Christof, que transmiten una felicidad tan adictiva que a veces temo que sea una droga. Christof conoce todos los parques de atracciones de América. Dice que el mejor es Disneyworld. El segundo es Disneyland. Y el tercero, el Musée Méchanique.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Times-Roman, serif;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;El Musée Mécanique se encuentra en Fisherman's Warf. Fuimos después de visitar a los leones marinos. El Musée Mécanique está lleno de autómatas de feria antigua y da un poco de miedo, fascina. Están los típicos bustos que leen tu futuro, como en la película &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Times-Roman, serif;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;i&gt;Big&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Times-Roman, serif;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;, y también una señora enorme y muy gorda que se ríe a carcajadas detrás de una urna y te hiela la sangre.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Times-Roman, serif;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;Mi amiga La Loca puso un quarter en una máquina que, tras darle un viaje muy &lt;i&gt;Tiempos modernos&lt;/i&gt;, chafó la moneda y convirtió la cara de George Washington en la de un payaso contento.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Times-Roman, serif;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Times-Roman, serif;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;Todo se activaba con veinticinco centavos: un circo en el que los leones movían la cabeza y saltaban los trapecistas mientras tocaba la banda, una granja en la que una cerda amamantaba a sus cerditos y los patos bebían agua, un fumadero de opio en el que iban apareciendo fantasmas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Times-Roman, serif;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;Una de las máquinas se llamaba French Execution. Introducías la moneda en la ranura, se corrían unas cortinas rojas de terciopelo, y ahí estaba el pobre reo de rodillas ante la guillotina, que le seccionaba el cuello. Me pregunto cuántos años tendrá aquel trasto. ¿Cincuenta? ¿Sesenta? ¿Cuántas veces habrá tenido que soportar aquel muñeco que lo decapiten?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Times-Roman, serif;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;Recuerdo que, una vez, escribí la historia de un hombre que se encontraba a un genio de esos que te concede un deseo. El hombre pidió la inmortalidad y el genio hijodeputa fue y lo enterró vivo. Se lo conté a una amiga chilena y empalideció, horrorizada. "¿Te das cuenta de que tu personaje permanecerá allí metido por los siglos de los siglos si no cambias el final?". Busqué el cuento para cambiarle el final. Nunca lo encontré.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="LEFT" style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Times-Roman, serif;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;El mejor trasto del Musée Mécanique era End of the Trail. Tras el cristal, se veía una escena del lejano oeste con una caravana destrozada y medio enterrada en la arena del desierto. Cuando introducías la moneda, el viento mecía la lona del carro. Eso era todo. Seguro que es una metáfora absurda, pero así me sentía yo antes de ir a San Francisco.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Times-Roman, serif;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;Después fuimos a casa de Neil, a ver unos capítulos de Pippi Langstrumpf para recordar viejas mañanas de domingo, cuando emitían la serie en La Bola de Cristal. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Times-Roman, serif;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;Christof tiene la teoría de que Pippi representa al Ello: es la expresión inconsciente de las pulsiones y los deseos. Está en conflicto con el Yo (Tommy, que intenta conciliar las exigencias del Superyó con los intereses del Ello) y con el Superyó (la siempre represiva Annika, que juzga y amonesta a los otros dos por culpa de un aplastante complejo de Edipo). No sé qué representa el señor Nilsson.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Times-Roman, serif;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;Pensé que San Francisco era Pippi, Annika era Barcelona. Y yo era Yo.  Como me cuesta dejarme llevar, necesitaba construir un museo mecánico en el que los autómatas imitaran a los humanos, necesitaba inventar mi propia vida aunque sea cierta. Algo así como en &lt;i&gt;La rosa púrpura del Cairo&lt;/i&gt;, saltar de la película para flipar con la realidad, no sé si me explico; supongo que en eso consiste el ejercicio literario.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Times-Roman, serif;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;Para ello era imprescindible un actor y lo encontré sin convocar un casting. A veces se me cuela algún frikifan en la bandeja de entrada; suele ser buena gente, pero la mayoría no me interesa. Ese actor que apareció de repente sí me interesó, porque es guapo, pelirrojo como Pippi, tiene talento y, como casi todos los hombres que conozco, es experto en culos. Hubiera pensado que su irrupción era providencial si no fuera porque creo en la ficción.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Times-Roman, serif;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;Sé perfectamente lo que busca un tío que te busca por internet. En aquel momento, mi apetito sexual estaba bajo mínimos, así que no me costó mucho escribirle cosas que no tenía intención de hacer y describirme con todo lujo de mentiras.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Times-Roman, serif;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;A cambio, bonus track, le vomité encima, se lo conté todo, borracha como estaba de sentimientos adulterados, alucinada por los efectos de un jet lag que trascendía el viaje, desorientada como siempre y más que nunca. Hacía tanto que no escribía, que tenía la impresión de que todo estaba desordenado.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Times-Roman, serif;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;Mi querido Pubirrojo aguantó la chapa desde el otro lado del océano igual que aguantan aquellos que, por alguna razón, dejan que les dés la brasa en la barra de un bar. Supongo que esperan protagonizar el epílogo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Times-Roman, serif;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;(Ayer, el chico que me regaló la taza: “Hablar contigo es como leer una novela con sus digresiones sin esfuerzo. Todavía no sé si eres una perturbada emocional o una racional enfermiza. Saltas de la historia más  terroríficamente dramática a una reflexión sobre la autorregulación del capitalismo, me pones un ejemplo basado en la economía china y encima te interesa lo que te cuento del plancton animal mientras bebes mil cervezas y saludas a todo el que entra por esa puerta”. Nota: resulta que en las piscifactorías sólo se crían peces carnívoros, lo que es bastante estúpido y costoso. Es como si, en las granjas, en lugar de alimentar a las vacas, tuvieran que alimentar leones).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Times-Roman, serif;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;En su recuento de los mejores parques de atracciones, Christof se dejó para mí el más importante: la seducción. Sin saberlo, mi querido Pubirrojo había activado el mecanismo que me ponía en marcha. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Times-Roman, serif;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;(Otro amigo: “Eres una amante épica con síndrome de Alejandro Magno, siempre necesitas hacer nuevas conquistas”. Por lo menos no me comparó con Atila).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Times-Roman, serif;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;Amé a mi querido Pubirrojo como amé a un chico al que vi de lejos en Dolores Park y con quien me casaré si vuelvo a encontrármelo algún día; le amé como a un violinista que me sacó a bailar después de un concierto en el Knockout. Y supongo que le amé como a Tecla Negra, montañas rusas, luces de colores, emociones artificiales. La voluntad y la esencia de los parques de atracciones se basan en que la cabeza y el estómago te den vueltas, el corazón un vuelco.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Times-Roman, serif;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;Ya no era The End of the Trail, aquel carromato roto y abandonado en el desierto. Alguien me había resucitado con la sencillez de aplicar la cantidad exacta, el precio equivalente a veinte céntimos. A lo mejor me convirtió en esa gorda desdentada que se ríe a carcajadas y te hiela la sangre. O tal vez sea The French Execution y a partir de ahora me cortarán la cabeza por los siglos de los siglos. Aunque así fuera, ése es el tiempo que le estaría agradecida a mi querido Pubirrojo por salvarme.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Times-Roman, serif;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;Un día desapareció. Dejó de escribir. Supongo que debió descubrir en alguna foto mis arrugas y mis chichas. O simplemente se aburrió de mi necesidad de contarlo todo porque la vida es la puta hostia y merece ser contada aunque resulte excesiva. En cualquier caso, la atracción no era mutua.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times-Roman, serif; font-size: large;"&gt;&amp;nbsp;No importa. Al fin y al cabo es un actor. O un activador. Y una vez representado su papel, fundamental en mi función, puede caer el telón tras el aplauso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Times-Roman, serif;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;Yo vuelvo a estar viva. Vuelvo a moverme. Por eso alzo la taza romana Made in China que ayer me regaló alguien llamado Salvador (¿otra providencia?) y brindo con cerveza por cada una de esas grandes mentiras que son como el cuarto de dólar que pone en marcha la felicidad.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-style: normal; margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-5483900837722984610?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/5483900837722984610/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=5483900837722984610&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/5483900837722984610'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/5483900837722984610'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2010/08/happyland-iii.html' title='Happyland (III)'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-8584536074367265630</id><published>2010-08-14T14:57:00.011+02:00</published><updated>2010-08-14T15:29:34.531+02:00</updated><title type='text'>Happyland (II)</title><content type='html'>&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Zig Zag Lombard Drive&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi amiga La Loca se compró un libro maldito. Quería estudiar su publicación en castellano y el vendedor de City Lights la miró con ojos como platos. Supongo que pretendía advertirnos de algo.&lt;br /&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Quedamos con Matt el Moreno para ir al MoMa, pero en el último momento cambiamos de planes y él también compró un ejemplar de aquel libro maldito. Empezarían a leerlo aquella misma noche, a ver quién era capaz de llegar más lejos. Lo comentarían a la mañana siguiente.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Matt el Moreno nos llevó al árbol de los deseos (que es una mierda pinchada en un palo, o mejor dicho: es un palo de mierda directamente, hecho de cartón piedra, donde la gente es tan vaga que, en vez de escribir sus deseos, sólo los piensa y ata un cordel rosa o blanco en una de sus ramas y creen que con eso ya basta). Mi amiga La Loca pidió el conocimiento universal y yo, todo lo contrario: la felicidad eterna. Nosotras sí los dejamos escritos en un ticket de metro. Ese puto árbol no sirve para nada.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Aquella noche empezaron a suceder cosas extrañas. Mi amiga La Loca tiene insomnio, por eso a mí me tocaba dormir en el suelo de la cocina. Tampoco yo logré conciliar el sueño hasta la madrugada y cuando lo conseguí, tuve pesadillas. Soñé que una presencia nos observaba: era la hermana gemela de mi amiga La Loca que, por alguna extraña razón, habitaba aquella casa, exactamente en el rincón que hay entre el fregadero y la cocina. Ese rincón quedaba detrás de mí, de modo que yo notaba sus ojos clavados en mi cogote. Volví a despertarme por culpa de unos golpes metálicos persistentes. Era la caldera que, al calentar los radiadores, los dilataba con estruendo. Como en &lt;i&gt;El Resplandor&lt;/i&gt;, me cago en la puta. No volví a dormirme hasta que salió el sol.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Al día siguiente llegaban Nick y Christof de Los Angeles, y mi amiga La Loca estaba tan contenta que me dijo: “Vayamos en taxi, ya lo pago yo”. Habremos cogido el 30 y el 14 una veintena de veces, pero la impaciencia provoca reacciones impulsivas cuyas consecuencias pueden ser terribles. Fue el caso. Al verlos en la Guerrero con la 16, mi amiga La Loca saltó literal y literariamente a sus brazos. Dejándose, cómo no, la cartera en el asiento trasero. Y las tarjetas. Y el DNI. Y algunos dólares.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Nos pasamos aproximadamente una hora llamando a diez de las cuarenta compañías de taxis que hay en San Francisco, convencidas de que, como nos encontrábamos en Happyland, sin duda sería sencillo localizar al conductor que nos había llevado. Habíamos hablado con él: sabíamos que era jordano, que llevaba cuatro años allí, que tenía una hija de tres y que planeaba buscar trabajo en España. La putada es que a los taxistas se les reconoce por un número, y no por sus biografías, de modo que aquellas llamadas fueron en vano. Me lo tomé como la segunda maldición del libro.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Nuestras aventuras con Nick y Christof merecen un capítulo aparte, ellos sí consiguieron nuestra felicidad absoluta y nos brindaron un conocimiento universal que no aparece en los libros. Pero centrémonos en aquel ejemplar endemoniado, satánico, que haría temblar de puro miedo y retorcerse de envidia a los autores más consagrados del género del terror.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Ahí estaba, en la mesita de noche de mi amiga La Loca. Ella leyó unas páginas, cierto, pero su influencia traspasaba el reconocido poder de la lectura e iba mucho más allá. O Más Allá. El simple hecho de que se hallara bajo nuestro mismo techo lo impregnaba todo de una atmósfera inquietante. Al menos, lo hizo durante unos días, en los que incluso la gente de la calle parecía especialmente irritable.  &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;La cosa fue in crescendo, pero lo aribuímos a que el domingo es el día de los frikis. Por alguna razón que se nos escapa, el domingo se llenó de seres extraños. Un negro sin dientes que arrastraba una gigantesca bolsa naranja de plástico, en la que pedía que dejáramos algo, insultaba a los chinos del autobús. Zombies, yonquis y gente sin hogar vagabundeaban con el mismo desencanto y los mismos ojos amarillos, y resultaba imposible diferenciar a unos de otros. Alguien se había dejado abierta la trampilla del sueño americano. Por allí se escapaban y corporeizaban, sucias y podridas, sus peores pesadillas.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;¿Por qué el domingo? Mi amiga La Loca tiene una teoría: “por la misa, van a las puertas a pedir”. Es posible. Mis padres viven cerca del hospital psiquiátrico y el domingo es el día que dejan salir a los internos. Estoy acostumbrada a cruzarme con Jesucristo, Napoleón y Madame Bovary sin cambiar de acera.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Sucedió la noche del lunes. Ella estaba viendo &lt;i&gt;Jeanne Dielman, 23 Quai du Commerce, 1080 Bruxelles&lt;/i&gt;, una película fotográficamente excelente que provoca comentarios como: “Está preparando el desayuno y limpiando los zapatos de su hijo desde hace cuatro horas. ¿Por qué antes la gente utilizaba betún y esas cosas y ahora ya no lo hacemos? Damos asco, no limpiamos los zapatos. ¡Dios! La escena de los zapatos me encanta, la voy a volver a poner. No me conoces. Habré visto una escena de Bresson donde una mujer tiende la ropa unas veinte veces”.&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Yo repasaba &lt;i&gt;Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer&lt;/i&gt;.&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt; Habíamos pasado un día tranquilo en casa, en el que yo escribí algún e-mail y ella colgó fotos en Facebook, no soy muy dada a los filmes de tres horas y media en los que no pasa nada. Mi amiga La Loca: “Increíble, está doblando el pijama y hacienco la cama. Es maravillosa esta película, lo mejor que he visto en la vida. Para una persona como yo... la voy a ver veinte veces”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;De hecho, reconozco que intenté sentarme un rato ante aquella obra maestra, pero como soy la reina del mainstream, preferí que mi amiga La Loca me la fuera contando: “Eh! Nos hemos cascado su viaje en ascensor enterito. Y no vivía en el primero, precisamente!”.&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;De repente, oímos un ruido de platos rotos. Otra vez. Y otra. Procedía de la calle. Al principio, no hicimos caso, hasta que caí en la cuenta de que en aquella calle de San Francisco no había un contenedor para reciclar vidrio, como sí los hay en Barcelona. El ruido era nítido, y se repetía cada vez más cerca. Corrimos a la ventana. Vivíamos en un primero y vimos cómo un chico perseguía a una chica hasta llegar a la altura de un Porsche. Entonces, no sé qué hizo él y ella desapareció. Él abrió el coche, saltó dentro y se fue veloz. Dije: “Está en el suelo”. ¿Dónde podía estar ella, si no?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Un taxista le contó a mi amiga La Loca que la gente de San Francisco está tan orgullosa de su ciudad que finge que nunca pasa nada, que no hay violencia, ojos que no ven, happyland. El problema es que los turistas o los nuevos no saben qué peligros encierran sus calles, ignoran qué barrios son peligrosos, etcétera. Nosotras vivíamos en un barrio pijo y presenciamos eso, Zig Zag Lombard Drive.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;A las cinco de la madrugada, me despertó la sirena de un coche patrulla. Se detuvo delante de mi ventana. Al cabo de un rato, las luces naranjas de los bomberos se colaban por las persianas. Vino un segundo camión de bomberos, y entonces desperté a mi amiga. Nos asomamos otra vez y, en la misma esquina en la que habíamos visto la persecución unas horas antes, se llevaban a alguien en una camilla. Pero no era una chica, era un hombre. Y estaba consciente, sentado. Estuvimos observando la escena un buen rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;¿Qué ocurrió? Nunca lo sabremos. Pasamos otra noche en vela y mi amiga La Loca se enfadó un poco conmigo por haberla despertado, según ella, sin motivo. Pero la culpa no era mía. Se lo dije: “Sabes por qué pasa todo esto, ¿no?”. Suspiró: “Sí, el libro”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in;"&gt;Leer puede matar y es perjudicial para el insomnio.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-8584536074367265630?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/8584536074367265630/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=8584536074367265630&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/8584536074367265630'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/8584536074367265630'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2010/08/happyland-ii.html' title='Happyland (II)'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-7938302309177264757</id><published>2010-08-08T20:56:00.004+02:00</published><updated>2010-08-08T21:00:03.742+02:00</updated><title type='text'>Happyland (I)</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;Esperábamos el 14 delante del San Francisco Chronicle, donde nunca vimos a nadie trabajando. O bueno, sí, una tarde sobre las seis, a la señora de la limpieza. Nos acostumbramos a coger el 30 en Columbus. Vivíamos en una de las paralelas a Lombard, famosa porque en sus curvas cerradas se han rodado las persecuciones que salen en unas cuantas películas de acción. Tener la casa allí debe ser una putada porque no paran de pasar coches (lentamente y no como en el cine) desde donde los turistas sacan instantáneas de Alcatraz.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Mi amiga La Loca había intercambiado su piso del Eixample por ese pequeño y cuco apartamento de Russian Hills. Un simple vistazo a las fotos que hay en las paredes te da a entender cómo es la propietaria: en todas aparece rodeada de amigas (siempre chicas, ni un puto tío) con la misma cara de bagel, sonrisa estirada, dientes perfectos y pómulos brillantes como si fueran de plástico o mantequilla. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;Kimberly es rubia y tiene las piernas largas, el corazón probablemente blindado y la cabeza en cualquier parte (ha viajado sola por medio mundo, y en la arena de la orilla escribe su nombre y la fecha antes de inmortalizarlos). En su panel de los deseos hay recortes de una casa de campo, vida sana y un montón de artículos sobre mujeres free-lance que se han hecho a sí mismas. En sus tazas pone “Creativi-Tea” y su libro de cabecera se titula &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Happy For No Reason&lt;/i&gt;. Nuestra amiga Kim era una presencia constante en su propia casa que nosotras adoptamos, convertida en polvo en los alféizares y las persianas. Esa tía jamás ha limpiado las ventanas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Llegué tras veinte horas de viaje, cuarenta y ocho sin dormir. Y desde que puse un pie en el aeropuerto enmoquetado, entendí que me había curado. Había llegado (y aún no lo sabía) a Happyland donde, aunque sea mentira, parece que la tristeza no exista.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;San Francisco es la tierra de los deseos, basta con que los pronuncies en voz alta o ni siquiera. Basta con que tengas ganas de hacer algo para que alguien quiera hacerlo contigo. Y antes incluso de plantearte cualquiera de esas trabas a las que estamos acostumbrados (pereza, cambio de planes, quiebra, un catarro), ya te encuentras donde soñaste: cantando a los Bee Gees en una playa del Pacífico a las tantas de la madrugada, ataviada con un poncho y mil mantas junto a una hoguera en un bidón y la espalda empapada, o tocando un acordeón en un supermercado abierto las veinticuatro horas mientras Christof te cuenta que, en el parking, quedan los restos de un viejo tipi indio al que cabría rendirle homenaje. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Pillábamos el bus 30 en Columbus, que pasaba por Chinatown, bajábamos en Powell y de ahí íbamos a buscar el 14 hasta Mission, de donde prácticamente no nos movimos. Mi amiga La Loca me hacía dormir en el suelo de la cocina porque tiene serios problemas de insomnio y es incapaz de pegar ojo si hay alguien más en la misma habitación (de ahí que sus amantes esporádicos tengan que pasar la noche en el balcón). &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Un lunes, en un concierto, conocimos a Matt el Moreno y Matt el Rubio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Como su propio nombre indica, Matt el Rubio es un ángel, un guitarrista psicodélico cuyo padre inventó el sistema para cerrar los botes de aspirinas. Mi amiga La Loca se enamoró nada más verle y, cuando él reapareció tras haber pasado un rato fuera, ella le dijo: “había imaginado que, al cruzar esa puerta, vendrías y me besarías apasionadamente”. Happy Land. Él volvió a salir y entró de nuevo en el bar. La besó. Sin tanta pasión como podríamos esperar, todo hay que decirlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Matt el Moreno pululaba por ahí y nos invitó a visitar su biblioteca. Vive en una de las casas más delirantes del mundo, llena de guitarras, teclados y otros instrumentos extraños, un ukelele, una divertibola y libros sobre brujas, magos, y efectos paranormales. En castellano tiene un tomo de la Gran Enciclopedia Larousse, dice que para ir aprendiendo palabras. Quiere montar una iglesia punk, porque en San Francisco hay muchas iglesias abandonadas, y no le parece bien que los católicos tengan más derechos que los demás a hacer música.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Como no tenía ganas de presenciar el amor de mi amiga La Loca y Matt el Rubio desde el suelo de la cocina, pasé la noche en el sofá de Matt el Moreno. Me dormí con el gorgoteo de su cachimba. Por la mañana fuimos los cuatro a desayunar a un bar en cuya puerta ponía: “Estamos haciendo fotos para la revista Casa y Jardín, rogamos disculpen las molestias”, y dentro una chica con tirabuzones posaba junto a un pastel de manzana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Mi amiga La Loca perdió la aspirina en la ranura que había entre dos mesas y todos los comensales la ayudaron a buscarla. La comida en San Francisco está buenísima.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Volvimos a casa de Matt el Moreno para tocar un poco. Mi amiga La Loca daba botes sentada en la divertibola, grande como un puf. No recuerdo qué le hizo tanta ilusión. La cuestión es que se puso a botar con tanta alegría que la bola se desplazó y ella se cayó de culo desde una altura de medio metro y casi se rompe la rabadilla. Eso podría habernos dado una pista de que tal vez Matt el Moreno procediera del lado oscuro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-7938302309177264757?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/7938302309177264757/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=7938302309177264757&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/7938302309177264757'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/7938302309177264757'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2010/08/happyland-i.html' title='Happyland (I)'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-4981985226007550818</id><published>2010-07-21T19:15:00.002+02:00</published><updated>2010-07-21T19:42:09.970+02:00</updated><title type='text'>Proyecto Hotel Colón</title><content type='html'>Bueno, ésta es la típica historia de dos familias más o menos felices en las que el padre de la familia A se enamora de la irresponsable novia de la familia B. Y viceversa, claro. El mundo se viene abajo, aunque ellos hacen&amp;nbsp; lo posible por evitarlo. Mejor dicho: la irresponsable novia de la familia B hace todo lo posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primero no contesta a los e-mails del padre de la familia A. Intenta rebajar a tópicos cada una de sus ardorosas palabras de amor (algo por otra parte relativamente sencillo, porque no hay nada más manido y cursi que el enamoramiento y todo eso). Y, por primera vez en su puta vida, piensa en las consecuencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, transcurridas algunas semanas, accede a quedar con él. Lo hace justo antes de tomar un avión, con el tiempo justo para que se vean por segunda vez en sus vidas. Ella, a quien vamos a llamar Irresponsable a secas, sabe que esa cita fugaz determinará sus sentimientos. Él, a quien llamaremos Tecla Negra, acude raudo a la cita, también necesitaba verla. Y le cuenta, para ella sin sorpresa, que justamente aquella noche soñó que quedarían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mirada dice más que mil palabras, así que ya los tenemos follando de puro anhelo sin siquiera rozarse, sentados en la terraza de un bar, tomando él coca-cola, ella una cerveza, rodeados de personas que ignoran que están presenciando el jodido fin del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Irresponsable no es tan irresponsable como parece. Está enamorada, lo daría todo por Tecla Negra, pero sabe que en casa las cosas no van del todo bien con su Amor Sobre Ruedas. Últimamente ambos andan un poco apáticos. Él hace pasteles de zanahoria para consolarse, y ella ahoga su agotamiento emocional en los libros y en la tele. Un arrebato peliculero como el que siente por Tecla Negra sólo puede responder a la necesidad que tiene por huir de su propia vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Irresponsable, además, ha conocido antes a algún que otro padre de familia y ya sabe cómo van las cosas: el tío se emociona porque vuelve a sentirse deseado, se halla ante la oportunidad de regresar a una vida sin compromisos ni complicaciones, salta feliz y aparentemente seguro. Mejor dicho: salta seguro sin duda, porque aunque lo esté haciendo todo contra su familia, su familia le hará de red. Este tipo de persona necesita que haya alguien ahí para recogerle, ya sea en la aventura o en la tranquilidad, en la locura o en la sensatez. Al final le acecha la culpa y se arrepiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, sentados en un restaurante griego y desesperados durante una cena, La Irresponsable le propone a Tecla Negra que sean amantes. Lo hace con un croquis dibujado en un bloc de notas: pros y contras de juntarse oficialmente; pros y contras de llevar una doble vida. Por lo menos, hasta que las cosas se aclaren, nada es más confuso y equívoco que la precipitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tecla Negra flipa. Dice que ninguna mujer le ha propuesto nada semejante. Añade que, de todos modos, no puede aceptar la oferta, eso pudrirías las tres relaciones: la suya con su esposa, la de la Irresponsable con su Amor Sobre Ruedas, y la de ellos dos. La Irresponsable responde que cualquier alternativa al Proyecto Hotel Colón (así ha bautizado ella el croquis) es letal. Tecla Negra dice que quiere ir con ella hasta el final, que los cinco lo pasarán mal, pero que valdrá la pena. Que tiene que intentarlo. Que lo que siente por ella es demasiado fuerte, demasiado sincero, que quiere que pasen juntos el resto de sus vidas, que lo único que le hace respirar es saber que formarán una nueva familia, que no quiere mentiras. Si hubiera algo de cierto en el deseo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un mes más tarde, han dado la noticia. Las consecuencias son mucho peores de lo que la Irresponsable había previsto. Ambos han recibido mensajes amenazadores de sus consortes. Es decir: ella de la mujer de Tecla Negra; él, del Amor Sobre Ruedas. No, amenazadores no es la palabra. Los mensajes que han recibido son incrédulos, rabiosos, angustiados, descolocados. Igual que cuando estás ante una catástrofe, supongo: la hecatombe te vacía por dentro y sólo puedes gritar, sin saber cómo canalizar una emoción tan dolorosa e inabarcable. Un desgarro inmenso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Irresponsable y Tecla Negra lo pasan mal. Querían mucho a las personas a las que han dejado, pero estaban enfermos. Enamorarse es una enfermedad, un cáncer terminal. Lloran por las noches. Intentan animarse mutuamente, sin éxito. Los atormenta la impresión de que merecen sentirse culpables. Las circunstancias no ayudan: La Irresponsable tiene que pasar un mes y medio fuera, Tecla Negra se vuelca en su hija para que, por lo menos ella, no tenga nada que reprocharle. Se distancian. Están tan cansados y tan tristes que ni siquiera se dan cuenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Irresponsable siente que ha pasado de construir algo a destruirlo todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cotidianidad no da tregua. De vez en cuando, el Amor Sobre Ruedas aparece para recordarle a La Irresponsable que está ahí para lo que sea. La Irresponsable se lo cree y volvería a la tranquilidad de sus brazos, esa felicidad absurda de los pasteles de zanahoria, paseos en bicicleta hasta la playa, discusiones estúpidas camino de Madrid. Pero piensa que, si cayera en la tentación, sería irresponsable dos veces. Un día es su propio Amor Sobre Ruedas quien le propone, con otro nombre, el Proyecto Hotel Colón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella lo rechaza. No es eso lo que quiere.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El final de esta historia se ve venir desde el principio. Pongamos que Tecla Negra y La Irresponsable han dejado de hablarse poco a poco. No soportarían el odio hacia ellos mismos, de modo que han ido vistiendo al otro de características que en realidad detestan y han ido justificando su rechazo con mil manías. Ésta es la versión oficial. La oficiosa es que él, o ha vuelto con su mujer, o tiene una nueva amante, que no soy tonta. Y debe de sentirse dos veces culpable. Como diría mi padre: ¿por qué crees que se iba a comprometer contigo si no fue capaz ni de comprometerse con su matrimonio?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue una tarde, tras la enésima discusión, cuando quiso acompañarme a comprar un bikini. Le puso pegas a todo. Le dije que cualquiera de mis ex se habría puesto enfermo con sólo imaginarme con eso. Hablamos, me culpó de todo. Era yo quien le tenía manía a él, era yo quien no había resuelto lo mío con mi Amor Sobre Ruedas, era yo quien le hacía sentir inseguro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego recapacitó. Y fue peor. Porque cuando se hizo cargo de la situación, cuando admitió que ya no estaba enamorado de mí, cuando dijo que no sabía qué había pasado pero que necesitaba estar solo, entonces me sentí más frustrada todavía. Como una jugadora que no quería jugárselo todo, que lo hizo porque apostó por quien le recomendó que se arriesgara. Y que perdió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La peor parte de haber apostado es que, cuando pierdes, es demasiado tarde. Mi Amor Sobre Ruedas intentó ayudarme, pero la cagó, hizo que me sintiera todavía más miserable. Aunque no lo sepa, aún me guarda rencor. Es normal. Ahora tiene su vida montada, como es lógico y, si sigue los pasos del resto de mis ex, acabará casándose con su chica nueva, a quien llamaremos Pija Insoportable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tecla Negra me evita para no tener que ver en mis ojos el reflejo de la decepción. Su mejor frase fue hace un par de días: "¿De verdad crees que no volveré a querer estar contigo?".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Irresponsable sólo piensa: y yo qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mañana voy a San Francisco. Allí me espera mi amiga La Loca. Lo he perdido todo y ni siquiera ha valido la pena. Me gustaría ilusionarme, tener ganas de yo qué sé. Seguro que, a la larga, sacaré algo positivo de todo esto. Ahora mismo no se me ocurre nada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-4981985226007550818?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/4981985226007550818/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=4981985226007550818&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/4981985226007550818'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/4981985226007550818'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2010/07/proyecto-hotel-colon.html' title='Proyecto Hotel Colón'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-8990897506008001909</id><published>2010-07-16T23:13:00.003+02:00</published><updated>2010-07-16T23:15:29.305+02:00</updated><title type='text'>La caja fuerte</title><content type='html'>Junto a la puerta del balcón, el primer día que pasé en este piso, descubrí una placa en la pared. Pintada del mismo color que el resto de la sala, casi pasaba inadvertida. La desprendí fácilmente con las manos, se aferraba al muro con imanes. Detrás había una caja fuerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La caja se abre con una llave que no tengo y una combinación que desconozco. Hice algunas pruebas. Giré la rueda primero hacia un lado, luego hacia el otro. En algunos números, el chasquido era más fuerte, como en las películas. Jugué un rato hasta que me cansé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes, aquí, vivían dos ancianos. Lo deduje por las barras que hay junto al WC y en la ducha, son de esas gruesas barras metálicas a las que se agarran las personas mayores para no caerse. Las facturas llegan a nombre de ella, lo cual me hace pensar que él murió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se me hace raro vivir en un piso de dos ancianos. Me pregunto cómo fueron sus vidas, seguro que tenían uno de esos muebles inmensos y oscuros donde poner el televisor. Oirían a ese pobre hombre que grita siempre. Ese pobre hombre es un discapacitado psíquico que, en otra época, hubiera recibido el eufemismo de "especial". Un "hombre especial", los llamaban. Vive en uno de los bloques de delante, no sé cuál. Y ahora, con las ventanas abiertas, se le oye ulular a cada rato. Sus bramidos son breves y secos, algo así como Uh! o Mh! o incluso Oh!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el edificio de delante, ya lo apunté, también vive un hombre en gayumbos. Es un gordo que se pasa el día en calzoncillos frente al ordenador. Imagino que será un pederasta o, peor, que estará leyendo esto ahora mismo. Tiene la cama junto a la ventana y por las noches se quita la ropa interior, lo veo desnudo sobre las sábanas. Creo que debe de pasar mucho calor. O eso, o es que es un exhibicionista porque, siempre que intento fotografiarle, tengo la impresión de que me ve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé si la anciana señora Nuria que vivía antes aquí se fijó alguna vez en ese gordo. Tampoco sé si podía oír los gritos del hombre especial. Conocería a la abuela de un director de cine que -casualidades de la vida y coincidencias de las conversaciones- también vivió aquí. Conocería a la mujer de cientoypico años del entresuelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La señora Nuria tenía una cocina más bien pequeña y un calentador nuevo que impedía que abriera uno de sus armarios y que yo he heredado. El cuartucho del WC está separado del de la ducha y el lavabo. Los suelos son de mosaico y, cuanto más se aproximan a la fachada, más irregulares se vuelven: se tuercen hacia abajo y las estanterías Billy de Ikea se tambalean.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que la señora Nuria se fue, en esta casa no hay espejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me miro en el reflejo de un CD mal colgado de una baldosa. Salgo a la calle con cierto miedo, tal vez voy mal peinada o me he pintado mal la raya de los ojos. Bueno, la verdad es que no me pinto. No sé cómo me queda la ropa. Hoy me he depilado las axilas frente a ese CD y la experiencia ha sido emocionante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo la intención de comprar un espejo, claro, llevo dos meses y medio viviendo aquí. Pero he visto muchas películas de miedo y, últimamente, siempre que veo una película de miedo, resulta que los espíritus se ocultan al otro lado del espejo. Las protagonistas (siempre son mujeres) llegan a un nuevo hogar (siempre estrenan casa) en el que no hay espejos. Suelen encontrarlos en el desván (aquí no hay desván), los cuelgan y empiezan los problemas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me gustaría comprar un espejo y toparme con el marido de la señora Nuria en el pasillo, no sabría qué decirle. "Buenas noches, señor de la señora Nuria, se vive muy bien aquí". Y él me contestaría: "Y se muere, y se muere".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo mejor, si me compro un espejo, en lugar de mi reflejo aparece el reflejo de la señora Nuria. Me veo sola y mayor, viuda de un hombre al que tal vez ni siquiera recuerdo, necesitada de una barra metálica junto al water para mear.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O también puede ser que, si pongo un espejo en el baño, al ducharme con agua caliente aparezca algo escrito en el vaho, rollo &lt;i&gt;Sé lo que hicisteis el último verano&lt;/i&gt;. Serían las cifras de la combinación de la caja fuerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me pregunto qué podrían guardar la señora Nuria y su marido en esa caja. Los imagino sentados en la butaca frente al mueble abominable en el que estaría el televisor, conscientes de que, tras ese cuadro, oculto bajo una placa pintada del color de la pared, acaudalado, permanecería mudo lo que fuera que guardasen. ¿Tal vez un espejo? Allí permanecerá todavía, sea lo que sea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ignoro si llegaré a averiguarlo. Puede que ellos lo olvidaran, enfermos de esa muerte a mordiscos que es el Alzheimer. Quizás este piso siempre tendrá secretos para mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O quién sabe si guarda algo tan valioso, tan único y extraordinario que, cuando lo descubra, me esclavizará en este piso para siempre.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-8990897506008001909?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/8990897506008001909/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=8990897506008001909&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/8990897506008001909'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/8990897506008001909'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2010/07/la-caja-fuerte.html' title='La caja fuerte'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-2670433841850562459</id><published>2010-06-26T21:53:00.003+02:00</published><updated>2010-06-26T22:01:01.865+02:00</updated><title type='text'>Lluvia ácida</title><content type='html'>Cuando me busco en Internet, Google acaba la palabra por mí y me llama Lluvia Ácida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi amiga La Loca fue en longboard a la peluquería para teñirse las canas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frente a mi piso nuevo viven tres mafiosos rusos: dos calvos casi idénticos y una tía rebuena que a veces folla en la terraza con alguno de los dos. Tienen alfombras de piel de vaca. Las tienden en la baranda para limpiarla de semen y cocaína.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frente a mi piso nuevo también viven diez plantas de maría, un padre joven, una entrepierna en gayumbos, y algún fumador que intenta dejarlo. Un edificio más bien bajo se oculta tras la malla verde que en Mallorca utilizábamos para coger almendras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me encontré a un amigo en el cine. Se sentó a mi lado con su novia. Todos sabemos que tiene novia, pero nunca nos lo ha dicho. En cambio, todos sabemos que está enamorado de mi amiga La Loca porque eso sí lo dice sin pudor. Mi amiga La Loca también se enamoró de él. Cuando tuvo oportunidad de intentar algo con ella, él se retrajo, cobarde. Era por lo de la novia y eso; es una chica de buena familia. Tiene dinero. Creo que ya se han casado. O se casarán este verano, no sé. Supongo que mi amiga La Loca está demasiado loca para que mi amigo se arriesgue a dejar a su novia de buena familia. Da igual, ella lo ha olvidado. Hace siglos que no se ven. Él incluso la ha desagregado del Facebook, imagino que para no caer en la tentación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi amigo se sentó por casualidad a mi lado en el cine. Vimos &lt;i&gt;Two lovers&lt;/i&gt;. Nos reímos. Su novia aún no sabe por qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi Amor Sobre Ruedas pinchó. No, eso no es verdad. Pinché las ruedas de mi Amor Sobre Ruedas, que ahora enseña a mi amiga La Loca cómo se lleva un longboard.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pones que te has separado en Facebook y la gente comenta "me gusta esto".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escucho la música de viejos conocidos en Spotify. Luego escucho la música de los desconocidos. Finalmente, la de un antiguo amante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo la impresión de que nunca más seré capaz de escribir. Por eso lo hago sin pensar demasiado, una palabra y otra, mientras suena &lt;i&gt;First Of The Gang To Die&lt;/i&gt;, de Morrissey.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De camino a Banyoles pensé que, cuando Morrissey muera, pasaré un día entero sin hablar con nadie, en señal de duelo. De camino a Banyoles también pensé que han pasado 13 años desde que los primeros amigos que tuve en Barcelona se mataron en un accidente la noche de Sant Joan, mientras yo estaba en Castelldefels. Este año han sido 12 los muertos en Castelldefels, pero ayer dijeron que eran 13, igual que el número de años que llevan muertos mis primeros amigos en Barcelona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También pensé que, durante el accidente, los chavales sacaron fotos de la masacre. Me recuerda al gag de una película que me contaron, ah, sí, la de uno que quiere ser superhéroe, y diseña un traje de superhéroe, como Spiderman, y sale a la calle para salvar al mundo del caos, y unos chorizos lo muelen a palos y alguien entra en un bar y grita: "Eh, pelea, pelea!", y todos salen con el teléfono móvil para grabar la escena, o algo así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra película: &lt;i&gt;Canino&lt;/i&gt; y el juego de poner el dedo bajo el grifo del agua caliente, a ver quién aguanta más. O la frase: "un pequeño zombie ha crecido en nuestro jardín". O la de: "un enorme coño iluminaba la sala de estar". No sé si ésta última era exactamente así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ropa en cajas de cartón, en bolsas de plástico azul. Tantos libros por empaquetar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una habitación vacía donde solo esta vieja mesa barata sostiene mis palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las gaviotas chillan desde la grúa en la que otean la ciudad. En los portales de las casas, los carteles anuncian que arrancarán los árboles del Parque de la Sagrada Familia uno a uno. Replantarán los que estén en mejor estado en otros jardines de Barcelona. Los demás irán a la UCI de las plantas. Bonito eufemismo para omitir que van a cargarse el Parque de la Sagrada Familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fui a Croacia. Alrededor de algunas ventanas, todavía están los impactos de los francotiradores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I'd Rather Dance With You.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el balcón, una luna roja se recorta enorme sobre el mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Brindo por ella con una cerveza.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-2670433841850562459?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/2670433841850562459/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=2670433841850562459&amp;isPopup=true' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/2670433841850562459'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/2670433841850562459'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2010/06/lluvia-acida.html' title='Lluvia ácida'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-1793240556591716090</id><published>2010-04-21T19:21:00.003+02:00</published><updated>2010-04-21T19:29:47.173+02:00</updated><title type='text'>Hasta la vista, Señor Fregono</title><content type='html'>Hoy le he llevado una carta al Señor Fregono. Tantos años viéndolo tender la ropa desde mi ventana, limpiando el cordel con un trapo, los sábados tocaba lavar calcetines, los colgaba por riguroso orden de longitud. Tantas mañanas de verano observando cómo quitaba la pelusa de su escoba sin camiseta. En invierno lleva jerseis oscuros. Poco a poco, se ha ido quedando calvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imaginaba más o menos dónde vivía, ése tiene que ser el edificio que está justo detrás del garaje colindante con mi patio interior. Deduzco que ésta es su calle, miro hacia arriba, y sí, desde aquí no se divisa, pero aquella tiene que ser tu terraza. La terraza de la que nunca sale. O al contrario, de la que no entra, sólo limpia, eternamente, no se sabe si para alguien más que él mismo, como si estuviera permanentemente encerrado fuera, como los personajes de las ciudades, que están permanentemente encerrados en los libros y en los itinerarios, en los mapas, más allá de ellos, en la imaginación de todos, en todas las cabezas, vayan quedándose éstas calvas... o no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Señor Fregono, empezaba mi carta. Miento. Decía: Querido Señor Fregono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Señor Fregono ignora que ha formado parte de mi vida durante ocho años. El Señor Fregono actuaba para mí con la misma ingenuidad con la que actúan los personajes de las películas, sin saber que no son más que eso: personajes. Representaciones que alguien llevaba a cabo. El Señor Fregono se mueve con energía, con entusiasmo, como si en eso de limpiar le fuera la vida. Tal vez sea así. Si no hubiera limpiado con esas ganas, tan siempre, tan a todas horas, cualquier día, ahora mismo para mí no existiría. En cualquier caso, no sería para mí el Señor Fregono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no le hubiera escrito una carta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la carta le decía: Querido Señor Fregono, muchas gracias por estar ahí. Usted no sabe quién soy porque el personaje desconoce a su propio creador. En realidad, me he limitado a recrearle, a inventarle desde mi ventana. Desde ambas: desde la que le espiaba y desde la otra, desde la que hacía que se asomara a la Red. O por lo menos a mi blog.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego añadía todos los posts en los que le he mencionado alguna vez, desde la primera. Ni siquiera recuerdo cuándo fue. Los he impreso y los he metido en el mismo sobre, para que supiera que existe. Tal vez esté allí en su terraza, inconsciente de que está. Despreocupado, o peor: ignorante del papel definitivo (ha sido más que un secundario, representa el escenario de mi día a día) que ha representado durante todo este tiempo en mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y quién soy yo? Se preguntará. Eso no importa. Lo importante es que existió. Para quién es una cuestión (ésa sí) secundaria. Gracias a quién tampoco tiene valor. Existió, cuenta con una humilde biografía publicada, aquí permanece su retrato. Uno que ni siquiera él mismo se habrá detenido a contemplar. En este blog está su reflejo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Querido Señor Fregono, créame si le digo que le echaré de menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y a partir de ahora, qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He llamado a la puerta de un vecino, no quería darle pistas. "Quién es?", ha preguntado una mujer. Correo, he contestado yo. Me ha abierto. He estudiado los buzones con cuidado y emoción, por fin iba a descubrir su nombre. Pero no, en los buzones correspondientes a los áticos no aparece nombre alguno. Entonces me ha asaltado una duda. ¿vivirá en el ático primera o en el ático segunda? Equivocarme de destinatario sería cometer un terrible error.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde mi ventana, su patio queda a la izquierda. Desde el portal, también. Tendría que subir al primer piso para ver qué número corresponde a la izquierda. He subido. Primera. Bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He dejado la carta en su buzón. El corazón me ha dado un vuelco. Querido Señor Fregono, muchas gracias por todo, me cuesta aceptar que no volveré a verle. Querido Señor Fregono, nunca sabremos quiénes somos, si me topara con usted por la calle ni siquiera le reconocería, vivía demasiado lejos, como mucho distingo su figura. Querido Señor Fregono, hasta aquí ha llegado su personaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me he quedado unos minutos estúpidamente ante el buzón, esperando tal vez que bajara a buscar el correo. Olvidando que está encerrado en su terraza, allá arriba, a la vista de quien ahora vive en mi casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad soy yo quien ha llegado hasta aquí. En realidad, yo soy el personaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entonces he dado media vuelta, os parecerá mentira, pero con los ojos empañados. Y entonces he tenido que decirlo en voz alta para creerlo. He dicho: hasta la vista, Señor Fregono.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-1793240556591716090?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/1793240556591716090/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=1793240556591716090&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/1793240556591716090'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/1793240556591716090'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2010/04/hasta-la-vista-senor-fregono.html' title='Hasta la vista, Señor Fregono'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-6733968982703138283</id><published>2010-04-16T19:55:00.000+02:00</published><updated>2010-04-16T19:55:27.666+02:00</updated><title type='text'>En ninguna parte</title><content type='html'>La casa me echó de un portazo. O me fui yo, no lo recuerdo. Hemos  cortado. Quedarse sin casa es como perderse un poco. Buscas ahora unos  papeles, después un libro, necesitas precisamente aquella camiseta que  se quedó en el fondo de un armario. Intentas olvidar esa hora de la  siesta en la que te quedabas dormida con la voz soporífiera de Ana  Blanco, las flores en el balcón, el sol que entraba durante casi todo el  día y tú leías en la silla Bonet que te regaló tu hermano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedarse  sin casa es echar de menos al Señor Fregono, aunque sea tan sólo para  ver unos segundos aquella estampa familiar, él limpiando con un trapo el  cordel donde en un rato tenderá la ropa. Cuando te quedas sin casa,  nada te resulta familiar, todo es extraño. Y lo jodido es que la más  extraña eres tú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un robot suplente actúa por mí. Da  entrevistas, modifica ligeramente las respuestas, busca piso, responde  al teléfono y a los e-mails, sale en la tele, posa para la portada de  una revista, participa en mesas redondas, deja que le insulten.  Cualquier persona expuesta está ahí para que la insulten. El robot  recibe críticas, recibe palmaditas en su espalda de silicona, el robot  sonríe porque le instalé un programa sonrisas de última generación. El  robot queda con mis amigos, dice que todo va bien, viaja a Mallorca,  prepara un programa, dirige al resto del equipo, regresa, intenta  cuadrar las agendas, vuelve a irse. Y así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me canso  sólo de verlo, le diría: ¿quieres parar? Y él respondería: lo hago por  ti. Miro por la ventana y un hombre agita las piernas en el balcón, como  si le dolieran. Nos separa una ruidosa calle del Eixample y diría que  me vigila, sentada ante el ordenador. Una mujer me observa desde otra  ventana, curiosa. Y no estoy acostumbrada a que la gente pueda verme  así, delante de una pantalla, pueda ver la cara de mi robot suplente en  la portada de una revista, mi nombre en Internet.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo  que he dejado mi casa para huir. No quiero que note en qué me estoy  convirtiendo. Quiero guardar en ella los recuerdos de la persona que he  sido hasta ahora, ocho años de mi vida, el último especialmente feliz.  Quiero que se quede allí el rastro, la presencia de mi último yo, o que  esa imagen se quede por lo menos incorrupto en mi cabeza. Que existamos  juntas, con todo lo que compartimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi robot suplente  recibe la enésima llamada telefónica, otra propuesta, puta promoción. Y  su voz mecánica me desconcentra, es simpático y solícito, y encima no  puedo quejarme porque sé que lo hace por mí. Es positivo para los dos.  No puedo escribir mientras él habla. No puedo escribir mientras envía  los documentos necesarios para que podamos instalarnos en algún sitio.  Ahora estamos en un piso que pertenece al amigo de una amiga, y al otro  lado de la calle ruidosa una chica habla por el móvil y gestualiza  exageradamente frente a la ventana. Parece enfadada, podrías ser tú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora  diría que llora. La gente camina por la acera con la tranquilidad  propia de los viernes tarde. Pero yo no logro tranquilizarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Noto  la transición, lo he hecho a propósito. He dejado atrás una etapa. De  un modo tan explícito, que resulta definitivo. No sé qué pasará ni hacia  dónde voy. Pero, por alguna extraña razón, creo que estoy haciendo lo  correcto. Aunque ignoro de qué se trata, siento que he tomado -tal vez-  la primera decisión de mi vida. La segunda, si contamos vivir en  Barcelona. La cuarta, si contamos el ir y volver de París.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estar  en ninguna parte, y dejar que un robot suplente actúe por ti, te  desubica. Te desubica externamente y también interiormente. Tal vez esté  cometiendo el peor error que haya cometido. Tal vez me arrepentiré  siempre de lo que estoy haciendo. Tal vez ésta sea la gran cagada del  siglo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miro las palomas asquerosas que también cometen  la gran cagada del siglo desde una farola de la calle, y a dos gorriones  que fornican en la rama de un plátano; un niño chilla con un globo en  la mano y dos guiris mochileros se meten sin saberlo en un bar llamado  pequeño paraíso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ignoro qué estoy haciendo, pero sé  por qué lo hago. Y aunque por primera vez soy incapaz de calibrar las  consecuencias, aunque en esta situación resulta imposible tomar el  control y, en general, necesito controlarlo todo, siento que vale la  pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy en tierra de nadie. Ni siquiera tengo mi  espacio. Pero ahora mismo me da igual. Nos vemos al otro lado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-6733968982703138283?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/6733968982703138283/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=6733968982703138283&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/6733968982703138283'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/6733968982703138283'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2010/04/en-ninguna-parte.html' title='En ninguna parte'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-4844185045143247940</id><published>2010-02-12T21:26:00.002+01:00</published><updated>2010-02-13T12:33:55.842+01:00</updated><title type='text'>La Maga y Horacio</title><content type='html'>Aprendimos a sentir todos juntos. Los cinco, como el club de Enid Blyton. A ellos les costaba menos que a mí. Mi amiga Jo me los presentó y Julio todavía recuerda cómo me quité el jersey, y me senté con ellos naturalmente y resulta curioso que, doce años después, sigan destacando (son otros, no son amigos, son desconocidos) mi naturalidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Doce años se dice rápido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aprendimos a sentir como aprendieron a hacerlo tantos otros, con Silvio Rodríguez y Rayuela, unos porros que no sabían a nada, El lado oscuro del corazón, la parte lúcida del ingenio, la parte lúdica de los libros, la parte luminosa de nuestros nombres, horas en el bar de la facultad, horas en cualquier sofá. Buck y Mario tocan la guitarra, siempre es de noche. Siempre nos sorprende esa Hora Peligrosa en la que todo vale. Siempre vamos un poquito más allá, y descubrimos emociones, descubrimos sentimientos que no nos habíamos permitido antes, reunimos sin darnos cuenta tantos momentos. Nos vamos descubriendo, sin más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada uno de nosotros llevaba siempre consigo un cuaderno. No era un cuaderno secreto, no existían los secretos entre nosotros cinco. Yo cogía el cuaderno de Mario, o Mario alcanzaba mi cuaderno, por ejemplo, y escribíamos cualquier cosa. Solíamos ser más íntimos en nuestros propios cuadernos que en el cuaderno de los demás. Entre los cinco fuimos inmortalizando un año que sería determinante y definitivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mario trabajaba en un albergue o de camarero para pagarse la carrera. Julio estudiaba, pero no recuerdo si también curraba en algún sitio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jo salía con Buck, Buck es hermano de Julio. Buck canta de puta madre. Recuerdo un concierto &lt;i&gt;a capella&lt;/i&gt; en la plaza Sant Felip Neri acojonante. Entonces Buck y Jo ya no salían juntos, pero da igual, porque seguían juntos de aquella manera no sé si espiritual o simplemente absoluta que sólo conocí con ellos. Era como si nos hubiéramos puesto de acuerdo para dárnoslo todo. Mario y yo nos hemos dado los mejores abrazos del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestra historia acabó de repente, con la tranquilidad de los acontecimientos que nadie sospecha que son para siempre. Habíamos estado ahí y, de pronto, desaparecimos. Mario y Julio dejaron el piso de Regàs, yo me fui una temporada a Mallorca, no he vuelto a saber de Buck, a Jo la he visto de vez en cuando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día supe que Mario se había tatuado en el ombligo un sol en espiral que dibujé en su pared. También me llamó en una ocasión para que escuchara una melodía que había compuesto y que tocó al piano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jo se ha ido a vivir a Grecia. El otro día, en una entrevista radiofónica, el conductor del programa me preguntó: "¿Recuerdas a alguno de tus compañeros de piso?", dije que sí, que claro, que me acordaba de todos ellos. "¿Cómo se llamaban?", insistía él, y yo, que no entendía nada, acabé por nombrar a Jo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jo estaba al otro lado del teléfono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos reímos mucho en directo, y aquella tarde nos conectamos a Skype para ponernos al día de esas vidas que sencillamente se fueron distanciando. Al principio, en Grecia, lo pasó mal. Además, sus padres se han divorciado y tiene la impresión de que no tiene adónde regresar, en caso de que quisiera hacerlo. Hablamos durante horas y horas, y fui feliz porque la felicidad es sentirse afortunada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julio me localizó por Facebook. Vivió una temporada en Oxford, creo, y tiene a la Dama de Shalott, de Waterhouse, en su perfil. Gracias a sus fotos puedo ver que se ha dejado el pelo largo, lleva coleta, y esas gafas de pasta enormes que ya tenía hace doce años, la misma barba espesa. En la carpeta Conciertos memorables, tiene imágenes de Carles Benavent, Ben Harper, Bruce Springsteen, Dee Dee Bridgewater, Dianne Reeves, Elton John, Dire Straits, Jet, Paco de Lucía, Javier Colina, Leonard Cohen, Chucho y Bebo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía nos recuerdo en la plaza de la catedral esperando a Lou Reed, estábamos en primera fila. Pasamos tantas horas esperando y había tanta gente en esa plaza, que Julio empezó a encontrarse mal. Tuvo que irse antes de que empezara el concierto. Nos esperó junto a la furgoneta de la Cruz Roja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jo se estaba meando, pero como era imposible salir de allí, decidió orinarse en los pantalones. Un chico junto a ella le dijo: "Creo que eres la mujer de mis sueños".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julio, Jo... poco a poco nos fuimos reencontrando mediante una distancia que no conocimos mientras éramos amigos. Nos encontramos gracias a los demás, creo. Mejor dicho: nos localizamos aunque no llegáramos a vernos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escribí un libro. En el libro, aunque de forma oblicua, hablaba sobre ellos. Hablaba mucho de Jo. Hablaba de los peces, los pisos de estudiantes, las horas peligrosas que pasábamos aparentemente sin hacer nada, inconscientemente dándonoslo todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El libro ganó un premio. Me hicieron entrevistas. Muchas entrevistas. Llegué a casa agotada, tenía doscientos mensajes en la bandeja de entrada. Los contesté todos. Luego, no sé muy bien por qué, supongo que por inercia, consulté un correo electrónico antiguo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí estaba Mario. Mi querido Mario. Asunto: "Hoy me has hecho llorar".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces también yo rompí a llorar y a llorar, a lágrima viva. Porque en su e-mail él recordaba cosas que yo también recordaba, y que había escrito en este blog y en mi novela, sin que él lo supiera. Lloré por esas conexiones que traspasan la distancia que marca el tiempo, y lloré porque entendí que todo lo entendía gracias a ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias a él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La felicidad es sentirse agradecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lloré porque viví una temporada en París y él no lo sabe. Lloré porque soñamos muchas veces que vivíamos juntos en París y nos encontrábamos sin buscarnos, aunque supiéramos que andábamos para encontrarnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lloré porque, en realidad, hemos estado juntos todo este tiempo, mi sol tatuado en su ombligo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó mi amor sobre ruedas y me vio llorando. Nos reímos mucho porque llorar así resulta ridículo. Le dije que estaba llorando de cansancio, y de pura felicidad. Porque con Jo, con Buck, con Julio y con Mario aprendí a sentir. Aprendimos juntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer vi a Mario. Le invité a una fiesta y sabía que no podría hacerle mucho caso, pero también sabía que vendría y visualicé tantas veces el momento de su llegada que cuando al fin llegó, lo recibí como si nunca hubiéramos perdido el contacto: con un abrazo, pero naturalmente. Hacía doce años que no nos veíamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sentó en un banco y se sirvió cervezas, se lió unos cuantos cigarros, hablé con él menos tiempo del que me hubiera gustado. Él parecía contento observándome, recordándonos. Llevaba consigo dos cuadernos. Los cuadernos del piso de Regàs. Me dijo que los había traído por si también venía Julio, para prestárselos. Julio ha escrito unas cuantas cosas en aquellos cuadernos. Yo, muchas menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julio no estaba, así que los cuadernos me los he quedado yo. Uno tiene la Cuadratura Humana de Da Vinci en las tapas, tamaño cuartilla. El otro es más grande, de color amarillo con una uve roja lateral que lo atraviesa. Los dos cuadernos son de espiral y tienen las tapas duras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He empezado a transcribirlos, sin permiso. No sé si continuaré haciéndolo. Pero los leeré, eso seguro. Me reencontraré en todos ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Mario se fue, nos dimos el mejor abrazo del mundo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-4844185045143247940?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/4844185045143247940/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=4844185045143247940&amp;isPopup=true' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/4844185045143247940'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/4844185045143247940'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2010/02/la-maga-y-horacio.html' title='La Maga y Horacio'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-5039512498433229744</id><published>2010-02-12T19:52:00.005+01:00</published><updated>2010-02-13T12:35:53.739+01:00</updated><title type='text'>Los cuadernos de Mario</title><content type='html'>1998&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Página 1&lt;/b&gt;:&amp;nbsp;Where?&lt;br /&gt;c/Regàs, 7-9, 2º B Esc. A&lt;br /&gt;Al barri de Gràcia, Sant Gervasi&lt;br /&gt;Balmes-Via Augusta&lt;br /&gt;(Los pijos de Badalona)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Págin&lt;/b&gt;&lt;b&gt;a 2&lt;/b&gt;: Who?&lt;br /&gt;Mario y Julio&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Who else?&lt;br /&gt;An, María, Javier, Carlos, Jo, Marta, Ferran, Jordi, Jordi, Mel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Who else else?&lt;br /&gt;(Unexpected incomers 24-4 a day)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Págin&lt;/b&gt;&lt;b&gt;a 3&lt;/b&gt;: The Piso&lt;br /&gt;Inventario&lt;br /&gt;Nevera que-te-cagas&lt;br /&gt;Lavadora que-te-cagas (carga superior)&lt;br /&gt;Ordenador que-te-cagas&lt;br /&gt;Camas que-te-cagas (dos plazas)&lt;br /&gt;Sofá que-te-cagas&lt;br /&gt;...&lt;br /&gt;Lavabo que-te-cagas&lt;br /&gt;Y con la letra de Jo: Taladradora que te cagas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Página 4:&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Palabras:&lt;br /&gt;lluvia, Lisboa, Carver, magia, jazz, café y cigarrillo, domingo, piano, blanco y negro, París, la letra L, fuego, llama doble, amor-erotismo-poesía, Gershwin, rapsodias azules, retales de la gran ciudad, Nueva York, indios algonquinos, mesa, mujeres que fuman, boca, pintura, humo, niebla, Londres, rayuela, 8, peces de colores, días y noches que se escurren, muelle gris, estopa amarilla, cerveza tibia, sangre, estrellas, lunas de papel, sal de tiza, cielo, ceniza, paseo por un techo blanco, filtro de sueños, Tristán e Isolda, Carmesina, Dulcinea, hélice, bona nit, besos de mariposa, espuma, claridad de alba primitiva, obsesión, el mar, la mar, el mar, él, la lágrima, vibración, péndulo, vértigo, lucky strikes, Gracia, Lucía-maga, Jo-aviadora, Mario-An, An-Mario, miradas, amigos, gente, calor (cálido temblor que no cesa y sigue).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Página 5:&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Jo ha dibujado uno de nuestros soles en espiral, algo así como una lupa y un as de picas. Ha escrito: Conjuro!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Página 6&lt;/b&gt;:&lt;br /&gt;Palabras:&lt;br /&gt;Una lluvia de palabras, sangre, algodón, celo, el filo frío de la luna, cuchillo, blanco, malabarismo, equilibrio, cigarrillo, miércoles, cigarrillo, cigarrillos, libros, libros y libros, noches, sueño, sueños, jazz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(creo que con la letra de Julio)&lt;br /&gt;Paz de un momento que te engulle suavemente y te acoge en su útero blanco de días de lluvia. Por qué tanta poética? Podría confesar simple y llanamente que la modorra de una comida acompañada de cerveza a las cuatro de la tarde me ha conducido a ese lugar que la sociedad reserva para horarios no convencionales y placeres/impulsos sexuales. Poco sexo en compañía es la tónica hasta el momento, aunque, después de todo, la ausencia de aromas embriagadores en mi reino, en cualquier cama, hacen que la vida en la oscura caverna de Platón resulte de lo más completa.&lt;br /&gt;Sólo deseamos lo conocido.&lt;br /&gt;Sólo nos entristece el recuerdo.&lt;br /&gt;Con sus olores presentes desplegados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Página 7&lt;/b&gt;:&lt;br /&gt;(¿con la letra de Jo?)&lt;br /&gt;3 de febrero en Regàs.&lt;br /&gt;Mañana solitaria, peces de colores, cocina grasienta que vuelve a la normalidad, llamadas: al otro lado Buck, Este, Silvio que enmudece poco a poco (¿por qué no habrán grabado sus canciones en una cinta de 90?), claro y oscuro, muñequitos del día de los inocentes, vecina con bata lila y pelo amarillo, vidas y cuentos de locura, ¿me llamará Julio? Habitaciones repletas de sueños, ¡qué palo tener que ducharse!, apareció el duende... Fin. La (y el dibujo de un conejo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He dibujado un palo con pelos largos, una chica sin pelo, una luna, una bruja, un porro, un cerebro atado a un corazón mediante un cordón umbilical, un bolígrafo bic, y un marciano, una frase al revés. Junto a cada dibujo, pongo: "Hola, sóc jo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y a continuación, con mi propia letra:&lt;br /&gt;Julio dice que hay muchas Mel.&lt;br /&gt;Mario dice que me gusta hablar de mí.&lt;br /&gt;El ordenador de Este dice que me gusta escucharme.&lt;br /&gt;Aquí estoy yo! (con todas mis consecuencias...)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Página 8&lt;/b&gt;:&lt;br /&gt;El cielo de la guerra&lt;br /&gt;Debe de ser que a muchos ojos los ha cegado el calor ardiente del cielo de una guerra.&lt;br /&gt;Debe de ser que a muchos pasos los ha frenado, en seco, el peso insoportable del cielo de una guerra.&lt;br /&gt;Debe de ser que a muchas almas las ha ensordecido el temblor del relámpago del cielo de una guerra.&lt;br /&gt;Debe de ser que muchos gestos se han perdido, para siempre, con la visión de un pájaro que vuela por el cielo de una guerra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Palabras de una madrugada de sábado:&lt;br /&gt;noche de palabras, recuerdos, olvidos, la droga que empuja a soñar, ojos velados por sombras del pasado -reciente- lejano, oscuridad y un silencio de televisor apagado, y el tiempo cae como un cuerpo desmayado.&lt;br /&gt;Quizás, otro amanecer, palabras escritas de lo que oigo.&lt;br /&gt;JM: No. Para el comedor ya está bien. No quiero, para dormir no se necesita somier, ni siquiera piso. Se puede dormir en la calle.&lt;br /&gt;F: ¿Tú que duermes, con el colchón o en el suelo? ¡Ah, pues es una opción!&lt;br /&gt;Este: Me encontré un día a Jo viniendo de los ferrocatas.&lt;br /&gt;Ella: El toque femenino del ramo de mimosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Hay que ver qué felices son los animales comiendo", Mario dixit.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Página 9&lt;/b&gt;:&lt;br /&gt;(con mi letra)&lt;br /&gt;Día diecisiete de marzo de mil novecientos...&lt;br /&gt;Estoy en la calle Regàs. Para más información, en casa de Mario y Julio. Para más información, no tenemos lavadora y he venido aquí a lavar la ropa. Mejor dicho: he venido a recoger la ropa que, por cierto, todavía no está seca. Para más información, Silvio hace de las suyas (como siempre entre estas cuatro paredes llenas de peces y calvins y cafés). Mario y Julio no están. Mario trabaja en el albergue, Julio da clases de francés. Me estoy fumando un cigarro. Estoy escribiendo. Necesitaba 400 pelas en monedas de 20 duros para sacarme unas fotos carnet en una de aquellas máquinas de metro (o, como en este caso, de ferrocarriles) que hacen fotos por 400 pesetas en monedas de 20 duros. De camino hacia aquí he pasado por un mítico todo-a-cien, he comprado dos míticos cuadernos por cien pelas. Necesitaba el cambio de una moneda de 500 pelas. Las máquinas ésas de fotos sólo te hacen las fotos con monedas de 100. He pagado los dos míticos cuadernos por veinte duros con la moneda de quinientas. Y la muy puta de la dependienta me ha devuelto dos monedas de doscientas. Esto sí que no lo había previsto. He acabado pidiendo cambio en un bar, que es lo que intentaba evitar y lo que tendría que haber hecho desde el principio. Pero bueno, soy positiva, porque he decidido mirarlo todo desde el punto de vista positivo. Y concluyo que en realidad todo ha ido sobre ruedas (como Mario cuando va en bicicleta) porque, aunque me he cagado en la estampa de la puta dependienta (como hubiera hecho mi gato si hubiese comido sobrasada), luego he podido escribir a Aina desde uno de los dos míticos cuadernos por veinte duros y desde la mesa del comedor de Ca'n Regàs. La excusa era perfecta: esperaba a que la ropa se secase. El resultado lo tenéis aquí, traducido al castellano (a Aina le he escrito lo mismo en catalán).&lt;br /&gt;Bueno, pues eso, que una aferrada pes coll.&lt;br /&gt;El Fullet.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Página 1&lt;/b&gt;&lt;b&gt;0&lt;/b&gt;:&lt;br /&gt;La luz se confunde con la soledad cuando amanezco y tú te quedas a oscuras en la noche de estas paredes que dan forma a tus silencios. No tengo soledad, sólo silencios entre corchea y bemoles, entre canción y poesía, entre noche y día, entre noche y noche, entre tu soledad sin música y mis silencios, sin ti pero con rimas y notas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Página 11&lt;/b&gt;:&lt;br /&gt;Viernes, 24 de abril de 1998&lt;br /&gt;BCN-MAD&lt;br /&gt;"A galopar, a galopar... hasta enterrarlos en el mar".&lt;br /&gt;Una carta. Un tren. ¿Una cura de alma? Por fin, y desde hace mucho tiempo esperado, un viaje. Apenas recuerdo la última vez. "...une projection d'images et d'images et d'images...".&lt;br /&gt;El tren sale con retraso: cinco minutos. Sólo. Sin embargo, algo dentro de mí me dice que los minutos de pronto son años. Por cierto, ¿cuántos años hace que no veo a S? Es la misma sensación que tengo cuando dejo de escuchar a Silvio y un día me doy cuenta -necesito- volver a él. Necesito sus arpegios, sus metáforas, sus poemas, sentirle, quoi. No es que no lo tenga presente. Eso ya no es posible. Más bien creo que deja de avanzar en su conocimiento (?). Es por esa razón que me cuesta el doble volver a ese estado: alcanzar el primer nivel para seguir adelante.&lt;br /&gt;Pero cuando digo Silvio digo S, digo familia, futuro con unas raíces indestructibles, digo vida, digo trabajo... y M, y Este, y An, mi An. Digo Mario, en definitiva.&lt;br /&gt;Eso: Mario.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-5039512498433229744?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/5039512498433229744/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=5039512498433229744&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/5039512498433229744'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/5039512498433229744'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2010/02/los-cuadernos-de-m-1.html' title='Los cuadernos de Mario'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-1339509596929004763</id><published>2010-01-15T19:56:00.006+01:00</published><updated>2010-01-15T21:23:01.225+01:00</updated><title type='text'>La más bella historia de amor</title><content type='html'>Le gustaba preguntar: ¿cuál es la historia de amor más bella que conoces?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escuchaba mi respuesta hundido en el sofá, rodeado de aquellas estanterías repletas de libros maniáticamente colocados, los lomos alineados, y esperaba a que acabara de hablar mientras se pellizcaba el labio inferior. Luego me contaba cuál era, según su punto de vista, la más bella historia de amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le ocurrió a un Premio Nobel, no recuerdo cuál. Seguramente era un biólogo, tal vez alguno de los que descubrió el ADN, pero me parecen un poco nazis, no sé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imaginemos a un científico un poco loco. Loco por su trabajo, quiero decir. Se pasa el día en el laboratorio investigando. Todavía no es consciente de lo que va a descubrir. Una noche llega a casa y su novia le dice que se larga. Su novia es la mujer de su vida. Él la ama como nunca ha amado a nadie, pero tal vez no ha sabido demostrárselo, tal vez antepuso su investigación (cuántas veces habrá llegado tarde a casa) a las muestras de cariño. Tal vez creía estar loco por el trabajo pero en realidad estaba loco por ella. O loco y punto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O tal vez ella sepa que es el pilar donde él se apoya y, harta de soportar el peso de la relación -cuánta responsabilidad-, agarrotada por lo que ha tenido que aguantar, decide que ya está bien. A lo mejor quiere divertirse. Puede que quiera demostrarle que en realidad no la necesita, que ésa es la falacia con la que él lo excusa todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las maletas ya están hechas, él mira a su novia preparada para irse y le pide por favor que hablen. Ella responde que no. No tenemos nada más que decirnos. Imaginémonos a un científico que siempre ha conseguido todo lo que se ha propuesto, matrículas de honor en el colegio y la universidad, una buena plaza, un buen equipo, tiene un cerebro tan privilegiado que nunca se preocupó de blindar su corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta ahora bastaba con aplicarse, bastaba con trabajar. Investigación, prueba, resultado. Podía salir bien o no, pero siempre dentro de unos parámetros. Siempre partiendo de unas expectativas. Siempre provocado. Un beso ligero en la mejilla es lo último que se esperaba esta noche. Y el sonido atroz de la puerta que se cierra tras de ella, con una delicadeza infinita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestro científico se derrumba. No llora porque no sabe. Se hunde igual que hundido se quedaba él en el sofá mientras me contaba esta historia de amor rodeado de sus libros perfectos, los lomos alineados. Y la noche amenaza con una crueldad infinita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finge que no pasa nada. Se prepara un sándwich para cenar, mayonesa, queso, jamón york. Se queda un rato delante del televisor y se sorprende al descubrir que ni siquiera sabe cómo se enciende. Mira a través de la ventana. Quizá cualquier otro en su lugar hubiera pensado en suicidarse, pero estas ideas tan emocionales no se le pasan por la cabeza de científico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se pone el pijama, se mete en la cama, las sábanas están frías. Nunca antes había sentido este dolor, la amputación, le han arrancado de cuajo un órgano vital y tiene náuseas. Mira al techo y finalmente apaga la luz. Intenta dormir. Y algo se enciende de repente en su cabeza de científico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pulsa de nuevo el interruptor, salta de la cama, se pone el pantalón por encima del pijama, un jersey, agarra el abrigo, una bufanda y sale corriendo. Corre por las calles vacías bajo las farolas naranjas, corre junto a los árboles estáticos y las ventanas por las que asoman vidas ajenas. Corre de semáforo en semáforo, corre como si fuera a ganar algo, corre sin nada que perder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llega al laboratorio sin aliento. A estas horas no hay nadie, pero tiene las llaves. Se desprende del abrigo, la bufanda, los deja en el suelo de cualquier manera. Tras un breve parpadeo, los fluorescentes iluminan la habitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí vendría una elipsis provocada por mi absoluto desconocimiento sobre el mundo de la ciencia. No tengo ni puta idea de cómo se lleva a cabo un descubrimiento. No puedo imaginar qué pasa un minuto antes ni tampoco un minuto después. Si me pongo en plan griega, nuestro héroe salta en pelotas a las calles de Siracusa y grita: "Eureka!". Más rollo &lt;i&gt;Regreso al futuro&lt;/i&gt;: "En el nombre de Sir Isaac Newton, ¿qué sucedió aquí?".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ha transcurrido un año desde que su mujer se fue y el científico sabe que, sin aquel abandono repentino, sin aquella ausencia inesperada, él jamás hubiera descubierto lo que descubrió aquella noche ni habría ganado el Premio Nobel. Sabe que su cerebro actuó rápidamente como mecanismo de defensa, lo desvió del dolor. Se concentró en algo que no tuviera nada que ver con ella. Y, por unos minutos esenciales, le convirtió en un genio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora está en Oslo, acaba de llegar al hotel tras la ceremonia. Durante la cena ha bebido más de la cuenta. Pero se lo merece, qué carajo, tenía que celebrarlo. Está agotado y feliz. Y solo. El recepcionista tiene para él mil treinta mensajes de felicitación. Los recoge con una sonrisa absurda y el corazón le da un vuelco mientras sube por el ascensor. Se lo debe todo a aquella mujer que le dejó, la única mujer a la que amó. Se lo debe todo. Y por fin tendrá oportunidad de agradecérselo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentado en una esquina de la cama, repasará sus mil treinta felicitaciones una y otra vez: la de su hermano, las de sus amigos, las de los colegas, la de alguna vieja amante, la de alguna amante vieja, las del presidente y el ministro, la de la reina. Repasará sus mil treinta felicitaciones obsesivamente, incrédulo: la de su gestor, la de una vecina, la de éste que no sabe ni quién es, la de este otro que ah, vale, ya. Las repasará una y otra vez, con el corazón en un puño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regresará a su casa a primera hora y continuará recibiendo felicitaciones y telegramas, abrazos, apretones y palmaditas en la espalda. Todas le resultarán vacuas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguirá esperando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En vano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella nunca llamará.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él tampoco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La diferencia es que a mí esa historia nunca me pareció una auténtica historia de amor.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-1339509596929004763?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/1339509596929004763/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=1339509596929004763&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/1339509596929004763'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/1339509596929004763'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2010/01/la-mas-bella-historia-de-amor.html' title='La más bella historia de amor'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-4373803675235390238</id><published>2010-01-05T20:30:00.008+01:00</published><updated>2010-01-05T20:58:36.116+01:00</updated><title type='text'>Enajenación Sagrera</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;b&gt;2001&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;Estrené milenio en medio del campo, en una casa de 1780. Era la casa de mi abuela y creo que nadie ha vivido en ella desde que mi abuela se casó. En las estanterías de obra se acumulan viejas novelas rosas. Mis antepasados me miraban en blanco y negro, muy serios, retratados y colgados en las paredes pintadas de cal. Llegamos a la hora de comer. Recuerdo las mecedoras y el frío, y un olor a humedad y a tiempo condensado que nos estremecieron bajo el abrigo.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Recorrí con el novio que tenía entonces todas las habitaciones de la casa, y juro por dios que aquella cuna se movió. Un murciélago nos asustó en la buhardilla y me pregunté si llevaría allí semanas o siglos. Nos comimos el salmón que habíamos llevado para cenar y a las siete de la tarde ya estábamos borrachos y hartos de tanto salmón.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Nos habíamos aislado para no enterarnos de que empezaba el puto 2000 (o el 2001, no sé cómo se cuentan estas cosas, sólo sé cómo se cuentan las otras) y, paradójicamente, nos sentíamos solos. Bajamos al pueblo y nos metimos en el único bar que hay. Las cortinas metálicas tintinearon cuando entramos. Los viejos que jugaban a dominó junto a las estufas nos miraron unos segundos antes de volver al juego. Pedimos unas &lt;i&gt;herbes&lt;/i&gt; &lt;i&gt;mesclades &lt;/i&gt;y brindamos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La vuelta a casa fue deprimente. Encendimos el fuego, que ocupaba media cocina, y nos sentamos delante a beber ginebra, whisky y a jugar al Trivial. Aun así, teníamos la espalda helada. Él ganó casi todas las partidas y no me apeteció la revancha. Cuando calculamos que serían las doce, salimos al campo. El cielo estaba limpio y estrellado, hacía muchísimo frío, vimos fuegos artificiales a lo lejos. Un par de horas más tarde, nos fuimos a dormir.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Me desperté sola en aquella cama antigua custodiada por la Virgen, el abrigo todavía puesto bajo las mantas, los muelles clavados en la espalda. Esperé a que volviera del baño. La oscuridad era casi tan densa como el silencio. Pasaron los minutos. Nada. No se oía siquiera el desplazamiento de sus ropas, las caladas que la da al cigarro mientras caga. Me asustaba incluso pronunciar su nombre. Lo llamé en voz muy baja, como si alguien pudiera oírnos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Nada.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Volví a decir su nombre, ahora claramente. En vano.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Grité.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;De repente, se encendió una luz. Era la luz de la escalera. Poco después vi su figura recortada en el umbral de la puerta del cuarto en el que dormíamos. Estaba totalmente desnudo, en pelota picada. Temblaba y aún no sé si era de miedo o de frío: se había despertado en el suelo de la habitación de la cuna. Se vistió rápidamente y volvió a la cama.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;2002&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;También pasamos más o menos juntos el primer fin de año que celebré en este piso. Vino de Palma para verme. Creo que volvimos a cenar salmón. Bebimos vino blanco. Nos emborrachamos y discutimos. Me parece recordar que vacié una botella de agua sobre su cabeza, su camisa empapada.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Salí de casa a las doce menos diez dando un portazo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Al final de la calle hay una plaza, es la plaza de Elche. En la plaza hay una iglesia y hace unos años también había una caseta de esas de los parques infantiles con toboganes, cuerdas y escaleras, ventanucos. Me senté en el interior de la caseta y esperé a que el reloj de la iglesia diera la medianoche.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Una ecuatoriana llamaba a su casa desde una cabina. Nadie más en la calle.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El puto reloj de la iglesia iba atrasado. De repente, se oyeron un montón de gritos tras las ventanas, petardos y el disparo de las botellas de cava. El cielo se llenó de luz y la calle se llenó de chicas con tacones altos, chicos con americanas. En el campanario todavía eran menos cinco. Volví a casa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;2003&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El 31 de diciembre del año siguiente, tuve una cita a ciegas en aquella misma caseta delante de la iglesia. Nos paseamos por el barrio y ahora él vive por aquí, nos une el Puente del Trabajo. Trabaja en Correos y el otro día me explicó que las cartas que no van a ninguna parte acaban en un lugar llamado Enajenación.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ese lugar en este barrio recibe el nombre de Enajenación Sagrera. Y ahí estarán almacenados los deseos de tantos niños que sueñan ahora mismo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;2004&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;No recuerdo qué ocurrió en 2004. Ah, sí, fui a Bélgica. Conocí a unos tipos en el autocar que nos llevaba al aeropuerto de Girona y pasé con ellos la Nochevieja. Cenamos de falafel y shawarmas en la Grande Place y nos metimos en un antro cualquiera. Desperté en casa de mi prima. Todo estaba nevado y fui a dar una vuelta por el parque.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;2005&lt;/b&gt;,&lt;b&gt; 2006&lt;/b&gt;,&lt;b&gt; 2007&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Sé que después de eso pasé algún fin de año en una casa junto al mar, algún otro reencontrándome con mis amigos mallorquines y perdiéndolos de nuevo en este bar o en aquél, y supongo que pasé alguno en Barcelona. Pero sería incapaz de recordar en qué orden van.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;2008&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mi amiga La Loca, el Patrullero Mancuso y yo acabamos en un restaurante indio de color rosa. Sólo había otra mesa ocupada, y sus comensales nos ofrecieron un alimento extraño en forma de pelota para que lo probáramos. Su sabor era tan dulce que fuimos incapaces de acabarlo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mi amiga La Loca tuvo una conexión telepática con su hermano que nos dejó muy flipados a Mancuso y a mí. Y a eso de la medianoche pedimos por favor que pusieran Televisión Española unos minutos. Ignoro con qué presentador insoportable nos comimos las uvas, pero mi amiga La Loca se puso triste.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Fuimos a uno de los pocos bares en los que no teníamos que pagar entrada. Y mi amiga La Loca se puso más triste todavía. Luego desapareció.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;2009&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Crisis. Por decirlo de algún modo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;2010&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mi amor sobre ruedas y yo quisimos celebrar que vivimos juntos. Cocinó una amiga suya de Long Island vestida con lentejuelas y botas de tacón alto hechas con piel de vaca. Estaba todo buenísimo; ella también, &lt;i&gt;of course&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre los invitados: el responsable de aquella discusión tan fuerte con aquel novio antiguo en Nochevieja de 2002, mi cita a ciegas de Nochevieja 2003, uno de los hermanos Dalton -que se puso nervioso y no paró de beber ponche de ron-, una directora que ha dejado el curro para dar la vuelta al mundo empezando por Japón y mi superamiga E, que tuvo que ver uno de esos programas infumables de la tele para poder escribir la crónica.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Hablamos de amor y de chicas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Faltaron mi amiga La Loca y los amigos de la neoyorquina: un gay que quiere ser heterosexual y un judío ateo educador de autistas que se casó con una negra.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y, no sé, tal vez todo esto debería servir para sacar conclusiones sobre esta década. Pero no se me ocurre nada. Lo único que quiero es investigar más sobre Enajenación Sagrera. Hoy es su día.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-4373803675235390238?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/4373803675235390238/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=4373803675235390238&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/4373803675235390238'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/4373803675235390238'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2010/01/enajenacion-sagrera.html' title='Enajenación Sagrera'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-5474925752302602961</id><published>2009-12-16T20:27:00.002+01:00</published><updated>2009-12-16T20:35:32.345+01:00</updated><title type='text'>Duendes</title><content type='html'>Los duendes han regresado. Al poco de instalarme en este piso, empezaron a ocurrir cosas extrañas. La televisión se encendía misteriosamente, las luces también, aunque no hubiera nadie en casa. El despertador cambiaba de hora y no sonaba cuando estaba programado, pero sí lo hacía a horas intempestivas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como todos los sucesos guardaban relación con la electricidad, al principio creí que era cosa de mi electricidad estática. Tengo un problema desde pequeña: me cargo los electrodomésticos. Cada vez que me seco el pelo, por ejemplo, el secador hace plop, saltan los plomos y se acabó, no hay modo de arreglarlo. Lo mismo ocurre con la batidora. Y con los radiocasetes y todo lo que vaya enchufado. Si tengo un aparato en las las manos, el aparato muere. Mi madre me tiene terminantemente prohibido acercarme a su secador, su minipimer y su epilady. Mi padre me habrá reñido unas cien veces porque la radio dejaba de funcionar después de que yo la hubiera utilizado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Descubrí que pasaba algo parecido&amp;nbsp;con los televisores esos de Philips que cambiaban de canal mediante la electricidad corporal de cada uno, sin apretar ningún botón, sólo pasando las yemas de los dedos por un sensor. Cuando lo intentaba yo, no había manera. Alguno de mis hermanos tenía que tocarme la mano para que el trasto funcionase.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, al llegar a Barcelona, hice el que ha sido tal vez el más sorprendente de mis descubrimientos al respecto: cuando paso por debajo de una farola, se apaga. Una vez que ya he pasado, vuelve a encenderse. Y al revés: las farolas apagadas se encienden a mi paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo esto molaría si sirviera para algo. Pero para lo único que sirve es para que te hagan socio honorífico de las tiendas Miró y para recibir unos cuantos calambrazos cada vez que llamas al ascensor o cierras la puerta de un coche. Recuerdo que, en una ocasión, estaba besando a un novio antiguo en la escalera mecánica del Pompidou cuando nuestras lenguas estallaron como un peta-zeta. Contra lo que pueda parecer, los besos eléctricos no son explosivos. Dan susto y son desagradables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, a lo que iba: al instalarme en este piso descubrí que ocurrían fenómenos para-anormales pero no les di la más mínima importancia. Hasta que un día apareció un bote de desatascador en el fregadero. Entonces yo vivía con una chica. Le dije que había sido buena idea comprarlo y le pregunté cuánto le debía porque con los gastos íbamos a medias. Me miró con ojos como platos y me respondió que en todo caso tendría que pagarme ella a mí, puesto que yo había comprado el desatascador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, yo no lo he comprado, le dije. Pues yo tampoco, respondió ella. Y entonces empecé a mosquearme en serio. Sobre todo cuando me fijé en que, desde que habíamos llegado, la gata de mi compañera tenía una actitud un tanto extraña: se escondía bajo la cama y era capaz de pasarse horas -incluso días- de cara a la pared sin comer, ni dormir, ni mover un pelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Consulté el caso con un experto en fantasmas y me dijo que no debía preocuparme demasiado: en mi casa no había espíritus, como yo me temía, ningún alma en pena se arrastraba por el pasillo. "De todos modos", añadió mientras se rascaba la barbilla, "no creas que tener duendes es mucho mejor, son unos capullos y siempre andan jodiendo. Por eso los gatos les temen, porque no paran de molestar, tiran de sus bigotes, les queman la cola y eso". Según mi amigo el experto, si el gato mira fijamente a un punto muy concreto, es que hay espíritus pululando; si el gato se esconde, tienes duendes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mí tener duendes no me molestaba mucho, la verdad. Hombre, a veces me cambiaban la hora del despertador, como decía, con las consecuencias subsiguientes, no siempre comprendidas por mi jefe. Les oía remover las cosas del cuarto de baño, jugueteaban con las cremas faciales y los jabones, y luego lo ordenaban todo, pero notabas que algo había cambiado. Nunca he perdido tantos peines como en aquella época. Lo peor era cuando encendían la tele a toda hostia de madrugada. Te daban unos sustos de muerte y tenías que levantarte a apagarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mi compañera de piso no le caían muy bien. No le gustaba que yo dejara chucherías por la cocina para que ellos estuvieran contentos. Yo le decía que un duende contento no putea tanto, pero ella contestaba que la cocina hay que mantenerla limpia, que sino vienen cucarachas, hormigas o ratones y entonces es peor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día estaba ordenando mi habitación cuando, en la estantería barata de Ikea, justo delante de los libros, encontré una gran bola de color ámbar. La toqué, estaba blanda. Parecía una inmensa bola de resina. Me pregunté si es que los duendes cagan resina o es que me estaban haciendo un regalo. En cualquier caso, aquel fue su último mensaje. No volví a saber de ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han pasado siete años desde entonces y a veces los echo un poco de menos. Tengo la impresión de que mi vida es mucho más aburrida ahora, con una tubería que se atasca por culpa de mi alma que se quedó por ahí metida y de un depósito de recuerdos que estalló el otro día y llenó el baño de goteras que ya no evocan nada. Se han convertido en sucias manchas de humedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace unos minutos, estaba enchufando la lámpara junto al sofá, he movido un espejo todavía por colgar con cuidado para no romperlo y a mis espaldas, en la habitación contigua, se ha encendido la televisión de repente. Como en los viejos tiempos. En casa, huelga decirlo, sólo estoy yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O eso creía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los duendes han vuelto. Y pese a sus putadas y sus sorpresas, lo cierto es que me alegro.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-5474925752302602961?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/5474925752302602961/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=5474925752302602961&amp;isPopup=true' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/5474925752302602961'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/5474925752302602961'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/12/duendes.html' title='Duendes'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-8527339795667091968</id><published>2009-12-16T13:57:00.002+01:00</published><updated>2009-12-16T14:07:33.931+01:00</updated><title type='text'>La Oficina de las Últimas Oportunidades</title><content type='html'>Acabo de llegar de la Oficina de Últimas Oportunidades y estaba cerrada. Un conocido me ha saludado desde el bar que hay enfrente y he adivinado en su mano un vale para hacer reportajes de viajes en un suplemento cultural. He fingido no verle y le he odiado por haber llegado a tiempo. Supongo que la envidia es eso: rabiar por lo que consigue otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quería saber cuál es el horario de la oficina, tal vez mañana vuelva a intentarlo, pero me daba vergüenza que aquel conocido descubriera mis intenciones, así que he continuado caminando como si sólo estuviera de paso, las manos hundidas en los bolsillos, los pies helados, bajo este cielo frío y pesado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Evidentemente algo estás haciendo mal", me dijo una amiga el otro día. Y otro que también va de &lt;i&gt;free&lt;/i&gt;&amp;nbsp;&lt;i&gt;lance&lt;/i&gt;: "Pero qué crisis ni qué crisis, si ahora tengo más trabajo que nunca; eso sí, me pagan la mitad, con lo que necesito currar el doble, no puedo cederte nada".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mi tía la sardinera le cerraron la Oficina de las Últimas Oportunidades para siempre. A veces pasa. Trabajaba en una piscifactoría y su labor era sencilla: trasladar los peces de los sectores más pequeños a otros sectores más grandes para que tuvieran espacio y pudieran reproducirse. La empresa madre creció y trasladó a mi tía a una empresa subcontratada, todo lo contrario que hacía ella con las sardinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como había dedicado toda su vida a los peces, mi tía no se casó nunca porque también dedicó toda su vida a Dios, y Dios dice que sólo puedes follar cuando te casas, pero la realidad dice que si no follas no te casarás jamás. Puede que mi tía sardinera no sea virgen; en todo caso, buscaba una perfección en el hombre o en sí misma que la alejó de los hombres y también de la mujer que podría haber sido. Además apestaba a sardina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando entró en la empresa subcontratada, sin marido ni hijos ni una familia que mantener, le dijeron: "entenderás que te demos el puesto de fin de semana porque los demás necesitan pasar el sábado y el domingo con los suyos, mientras que a ti tanto te da". Los sábados y domingos están un poco mejor pagados que el resto de los días de la semana, pero no dejan de ser dos contra cinco. De manera que mi tía no sólo estaba sola, también empezó a ser pobre. A su edad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empezó a beber. No por nada. Se despertaba a las nueve o así, miraba el techo, esperaba que su reloj marcara las diez, remoloneaba un poco más, total no tenía absolutamente nada que hacer en todo el día, nadie con quién quedar entre semana, nadie a quién llamar en horario laboral, los días se hacían interminables. Finalmente se levantaba de la cama, preparaba café, desayunaba a la hora del aperitivo. A la hora de comer, sólo comía queso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre ha sido así, cuando trabajaba entre semana en la piscifactoría, las otras sardineras la miraban atónitas, ¿ése es todo tu almuerzo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya no había ojos indiscretos ni preguntas estúpidas, encendía la tele y miraba cualquier cosa. Se servía un vasito de vino, tal vez antes se hubiera tomado una cerveza. El sol, al otro lado de la ventana, seguía demasiado alto. Días infinitos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los lunes bajaba al súper, todavía con la energía activa del trabajo de fin de semana. Quizá los lunes por la tarde incluso pasara el trapo y la mopa. Pero hoy es martes, miércoles, jueves y la casa está limpia y ordenada, aquí no hay nada que hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi tía la sardinera no siempre fue así. Era sin duda la más guapa de su clase en el instituto y también en la universidad. Estudió filología y dio clases particulares de inglés antes de ponerse a trabajar en la piscifactoría. Lo hizo porque quiso. A lo mejor porque quería multiplicar panes y peces. Y, a cambio, recibió raspas y hostias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi tía viene de buena familia. A su alrededor todas se casaron con ricos, a excepción de sus propias hermanas (entre ellas mi madre) y creo que todavía sueña con que un príncipe azul o verde o amarillo fosforito la arrancará de este puto mundo de mierda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O tal vez ya no lo haga. Y por eso se amorra a la botella como si besara la boca de alguien, lléname, lléname hasta que pierda el sentido, lléname hasta que pierda el equilibrio, lléname este vientre vacío, lléname hasta la muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y cae.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, cuando por fin tiene quince días de vacaciones (ha necesitado más de un año para acumularlos) no se lo dice a nadie. Y se los pasa en casa, como siempre, sin hacer nada. Consciente de que ha desaparecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi tía se ha vuelto tan invisible que cuando fue a la Oficina de las Últimas Oportunidades no la atendieron. Ni siquiera notaron su presencia. Ella tampoco hizo nada al respecto, no chilló ni montó un escándalo ni pidió el libro de reclamaciones. Simplemente dio media vuelta y se largó discretamente como había llegado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso tengo tanto miedo. Porque tengo la impresión de que lo llevo en la sangre.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-8527339795667091968?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/8527339795667091968/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=8527339795667091968&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/8527339795667091968'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/8527339795667091968'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/12/la-oficina-de-las-ultimas-oportunidades.html' title='La Oficina de las Últimas Oportunidades'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-2876258368443536942</id><published>2009-12-06T18:31:00.006+01:00</published><updated>2009-12-06T18:46:42.901+01:00</updated><title type='text'>Viejo cuento inacabado</title><content type='html'>&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;-Qué pena que seas tan triste-, suspira Erre. Y puede que esa frase aparezca algún día en una canción.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Le respondo que no es que Jota sea triste. “¿Dirías que nos parecemos?”, continúa Erre, mientras me pasa la cerveza helada por el empeine del pie. He puesto mis piernas sobre las suyas, para recostarme en el sofá donde él se sienta. Se ha hecho de día con la impertinencia del solsticio de verano, y el sol nos ha sorprendido mientras ponemos música en el ordenador. Sobre la mesa de centro, se acumulan las latas que le hemos comprado a un paki a la salida del concierto, dos paquetes de tabaco -uno vacío-, unos cuantos libros a medio leer con las páginas que guardan alguna frase que me ha gustado dobladas por sus esquinas. Si la idea que me llama la atención se encuentra en la mitad superior de la página, doblo la esquina de arriba; si está en la mitad inferior, doblo la esquina de abajo. Luego casi nunca busco lo que marqué y, si lo hago, no entiendo por qué doblé precisamente aquella página.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;En un cenicero, la colilla de un cigarro empolvado en coca al que he dado un par de caladas, como siempre convencida de que eso no hace nada.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Erre acaricia con su cerveza helada mis piernas sobre sus rodillas. “Os parecéis en que los dos sois guapos, pero Jota se quedará calvo antes que tú”. Gracias, dice Jota. Es verdad. Ya lo sé. Erre no se refiere a eso. Se refiere más bien a su manera de ser. “Somos como la noche y el día, tío”, responde Jota, “pero tienes cosas entrañables, un sentido del humor bastante surrealista”. Lo dice con los ojos cerrados, mientras intenta descubrir si podría quedarse dormido en la silla Bonet que me regaló mi hermano la pasada navidad.  &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Y Erre: ¿Soy gracioso? Yo: “No. Nada. En absoluto”. Y Jota: Qué fuerte que te lo digan así.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;No es que Jota sea triste, insisto. Pero hay personas que nacieron con un peso que no podrán quitarse de encima. Es como si supieran demasiado. Y cuando sabes demasiado, entiendes que nada vale demasiado la pena. Entonces, justamente porque eres consciente de lo irresoluble, no puedes tomarte las cosas en serio, y eso te convierte en un cínico. Lo cual no significa que no valores las cosas, al contrario. Vamos a ver, digo, piensa en un dolor muy fuerte. A mí se me ocurre el dolor menstrual, pero a vosotros… No sé, unos retortijones, un dolor de muelas. A saco. Bueno, a veces tenemos ese dolor insoportable. Un dolor constante, un dolor que lo monopoliza todo, no podemos concentrarnos en nada más, sólo queremos que pase, que pase, que pase. Y durante unos segundos, cinco o diez segundos nada más, paf, el dolor se te pasa. Nada, un momento, se te pasa durante diez segundos de mierda. Te parecen los jodidos diez mejores segundos de tu vida. Son la puta hostia. Aunque lo cierto es que esos segundos gloriosos son exactamente iguales al resto de segundos cuando nada te duele.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;“Ahí lo tienes”, susurra Jota aún con los ojos cerrados. Y pienso: en realidad, qué sé yo. Sólo nos vemos una vez al año, desde hace cuatro, y siempre por casualidad. La primera fue en la fiesta de un amigo que tenemos en común. Yo llevaba una minifalda muy corta, él una buena cogorza. Me hizo gestos con otro chico para que fuera con ellos a la cocina. Allí, entre las botellas de whisky y las patatas de bolsa, me propusieron un trío, y más en broma que en serio, acepté. En la habitación donde se guardaban los abrigos, uno de los dos me abrazó por detrás, el otro me comía la boca. Entonces llegó el anfitrión, tal vez celoso, tal vez protector, y me descolgó de allí como se descuelga una cazadora.  &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Volvimos a vernos un septiembre, en las fiestas de la Mercè. Seguramente ni siquiera nos hubiéramos saludado si su colega y el mío no fueran también colegas. Una terraza al aire libre, eh, cómo va, unas cervezas, tocamos en un rato, qué casualidad. Me alegré de que no hubiéramos hecho nada en el cumpleaños de nuestro amigo común, porque Barcelona es pequeña, siempre hay alguien que conoce a alguien, y ése le invitó a que se sentara con nosotros. En Barcelona la casualidad pierde su nombre. Jota sacó una foto en las que aparecemos los dos saludando alegremente a la cámara de vigilancia de un banco. Y luego, en un bar, también sacó otra que no descubrí hasta un año después, en la que me beso con un rollo pasajero.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt;Creo que me enamoré de él la tercera vez, si es que estoy enamorada, que no lo sé. La verdad es que no lo creo. Coincidimos de nuevo en una fiesta, Jota tocaba y Erre tocaba con él. Cuarenta personas en la misma casa, exceso de alcohol, falta de camas. Los tres compartimos habitación con Pe, que roncaba. &lt;/span&gt; &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;También ahora hay alguien más. Uve se ha quedado frito.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;-Entonces empezasteis a hacer aquellos ruiditos-, dice Erre.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Y Jota:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;-Hemos hablado muchas veces de aquella noche.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Y yo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;-Pero si no pasó nada.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Jota otra vez:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;-Di la verdad: ¿te supo mal que ella prefiriera dormir conmigo?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Erre contesta que él se lo había currado más. Le digo que me fui con Jota precisamente por eso, porque él me daba un poco de miedo, tan a saco. A fin de cuentas, a Jota ya lo conocía de antes. Y sí, nos besamos en silencio, y nos toqueteamos en silencio, y también me la metió en silencio. O, en fin, haciendo ruiditos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div lang="es-ES" style="margin-bottom: 0in; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-2876258368443536942?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/2876258368443536942/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=2876258368443536942&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/2876258368443536942'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/2876258368443536942'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/12/viejo-cuento-inacabado.html' title='Viejo cuento inacabado'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-3012860405560396966</id><published>2009-12-03T18:36:00.012+01:00</published><updated>2009-12-04T11:50:13.485+01:00</updated><title type='text'>2012</title><content type='html'>Como soy la reina del mainstream, ayer fui a ver &lt;i&gt;2012&lt;/i&gt;. La película está muy bien, porque es un cóctel de los mejores momentos de &lt;i&gt;Vulcano&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Twister&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Deep Impact&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Terminator&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Titanic&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;La tormenta perfecta,&lt;/i&gt;&lt;i&gt; Independence Day, 007,&amp;nbsp;&lt;/i&gt;y todas las chorradas catastrofistas que ponen en la tele los sábados por la tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tema es el de siempre: joven padre divorciado va a buscar a sus hijos para dar un paseo por el parque de Yellowstone, pero como es un puto inmaduro, la caga todo el rato. No importa, porque como también es americano, todo el mundo le perdona. Bueno, todo el mundo o lo que queda de él, claro. Y aunque el tío no ha hecho más que joder la marrana durante toda la película, al final, no sé por qué, lo tratan como si fuera un héroe, aunque, por culpa suya, casi se extingue la humanidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La película va sobre el fin del mundo, y los mayas lo tenían muy claro: el sol se va a cargar la Tierra. O sea, que la traducción lógica sería: calentamiento global, falta de agua, de alimentos, hambrunas, revueltas, enfermedad, fin. Pero eso a Roland Emmerich debió de parecerle poco espectacular. Además, Estados Unidos se resiste a firmar el Protocolo de Kioto, y el director es un patriota. Así que mejor ser políticamente correcto e inventarse una teoría muy rara sobre que los rayos de sol tienen unas partículas que calientan el centro de la tierra y entonces la astenosfera se funde como la cera y las placas de la litosfera se mueven a su aire, y el Polo Norte acaba en Wisconsin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por lo visto, los rayos esos deben de tener un efecto extraño en la gravedad, porque los edificios, las montañas, las rocas, etc, caen a cámara lenta, a diferencia de los coches y aviones que aparecen en la película, que mantienen su velocidad habitual y así pueden esquivar edificios, rocas, montañas, etc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además, se producen un montón de tsunamis que afectan a todas las costas, pero en cambio apenas sacuden un crucero que navega tan tranquilo en medio del océano. Porque, ya pueden hundirse Los Ángeles, romperse el Corcobado en mil pedazos o irse al infierno el Vaticano, que en el mundo siguen funcionando la electricidad, la luz y el teléfono sin problemas. Viva Endesa. Washington se llena de ceniza (ah, como en la &lt;i&gt;Lista de Schindler&lt;/i&gt;) y el presidente del gobierno americano le jura a una niñita que va a encontrar a su padre. Pero qué va, primero se le cae un obelisco en toda la cabeza y recupera la consciencia sólo para ver cómo una ola gigante con porta-aviones incluido se carga la Casa Blanca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El presidente es negro, lo que nos llevaría a pensar que es Obama. Pero es viejo, así que no puede ser él. Su hija comete un error de guión garrafal en mitad de la película, cuando dice que en el Instituto no ligaba nada porque los chicos temían a su padre. Pero a ver! Si la peli está ambientada en 2012, cuando esa tía iba al instituto su padre no era el presidente, el presidente era Bush. Qué quiere decir con que los chicos temían a su padre? Que es una bastarda?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Evidentemente, la chica se enamora de un negro que es el otro gran capullo de la historia. Se supone que el tipo es un geólogo experto y tal, pero no acierta ni una. Y en lugar de darle una patada en el culo, por inepto, van y le suben de rango, siguen haciéndole caso. Al final, y aunque se ha equivocado cada vez que ha abierto la boca, da con la hora, el minuto y el segundo exactos en el que una gran ola impactará con ellos. ¿Cómo se puede saber eso? No se puede, pero no importa, porque es una película.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En vistas de que todo se va a tomar por culo, los chinos (tenían que ser los chinos) construyen unas arcas inmensas que soportarán el cataclismo, tampoco tengo muy claro por qué; no será por la calidad de sus productos. Y claro, se supone que se ha llevado a cabo un estudio genético muy selectivo para decidir qué personas van a meterse en ese trasto a regenerar la humanidad. Ese proceso selectivo está en la cartera de cada uno: mil millones de dólares por plaza, si no recuerdo mal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El presidente de los EEUU cede su plaza en un acto heroico (por eso muere aplastado dos veces, primero por el obelisco y luego por el tsunami con porta-aviones). Y otro primer ministro hace lo propio. Lo más increíble de toda la película es que... se trata del primer ministro italiano! O sea que, si siguen así las cosas, será Berlusconi! Anda ya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mensaje: pese a las medidas de seguridad, hasta el más pobre y el más capullo puede colarse en un arca construida por los chinos. Eso sí, antes tendrá que haber huido en roulotte de un volcán en erupción, haber salido de una falla ardiente con estas dos manitas, haberse subido a una avioneta en marcha, tendrá que haber saltado de un avión ruso aterrizando en el Himalaya, y no sé qué más cosas le pasan a John Cusack, pero madre mía. Si hasta pasa un tren volando por encima de su avioneta y eso juro que lo flipas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por cierto, qué grande el momento en el que el desplazamiento de la corteza terrestre ha acercado a los protagonistas a China justo cuando se habían incendiado los motores de su avión y el piloto comenta familiarmente: "ya llegamos". Claro, tú ves unas montañas y ya sabes dónde estás. El pobre piloto muere porque es ruso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los otros rusos también mueren, a excepción de dos niñatos gordos con tirabuzones que ya ves que van a convertirse en los tiranos de la Nueva Era.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cuestión, que queda claro que las arcas ésas las han construido los chinos, porque tienen un sistema muy precario de funcionamiento: si las puertas no se cierran bien, no se encienden los motores. Nuestro antihéroe la caga por mil millonésima vez y casi se carga a la Humanidad entera por meterse donde no debía cual polizón jodemarranas, insisto. Las máquinas le arrancan una pierna a un cándido tibetano de buen corazón que le ha ayudado a colarse y matan al actual novio de su exmujer, rollo: oye, la selección natural de Hollywood dictamina sus propias reglas, y aquí está claro que sobras, chaval. Momentazo de la historia del cine. John Cusack a su ex: "¿Le quieres?". Respuesta: "Lo suficiente". Joder, siempre nos quedará París.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno: los rusos han muerto, el novio de la ex del prota también, el mundo entero se ha ido al carajo, todo se ha inundado, y dentro del arca se monta un caos que flipas, porque van a chocar contra el Everest.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mola, porque antes de embarcar en las naves ésas, aparecen unos helicópteros transportando jirafas y elefantes por encima de Shiwan o por ahí (homenaje a &lt;i&gt;Doce Monos&lt;/i&gt;, supongo), y tú dices: ya que salvan algunos animales, ¿no podían llevarse vacas y cerdos, que por lo menos son comestibles? Y al final, resulta que el mundo se ha acabado, sí, pero no tanto, y lo único que queda de él es África; precisamente el único sitio donde ya hay jirafas y elefantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, que los mediocres se salvarán, como siempre, y preservarán la especie. Acabo de darme cuenta de que no he avisado de que este post contiene spoiler.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando salí del cine, fui a la fiesta del preestreno de &lt;i&gt;Las dos vidas de Andrés Rabadán,&amp;nbsp;&lt;/i&gt;tomé un par de cervezas mientras cargaba con una bolsa llena de libros de Periférica y fingí ser la chica culta e implicada que todos creen que soy.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-3012860405560396966?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/3012860405560396966/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=3012860405560396966&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/3012860405560396966'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/3012860405560396966'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/12/2012.html' title='2012'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-6348323563732140685</id><published>2009-11-28T19:13:00.006+01:00</published><updated>2009-11-30T11:02:52.170+01:00</updated><title type='text'>Carta de mi amor sobre ruedas</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SxFfWl-vrxI/AAAAAAAAAXg/9OS-xyb58EM/s1600/birds.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://1.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SxFfWl-vrxI/AAAAAAAAAXg/9OS-xyb58EM/s400/birds.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(traducción del catalán)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He entrado en la web de &lt;a href="http://mioke.de/"&gt;Moki&lt;/a&gt;&amp;nbsp;y he estado fisgoneando en las fotos de nubes de pájaros. Puede que sea un poco ñoño, pero he pensado que, como plan para una primera cita, no está mal. Después de ver volar a los pájaros en algún lugar de Dinamarca, ella y aquel tío al que acababa de conocer buscaron casas vacías en el campo y, en cuanto encontraron una, se quedaron a dormir. Sólo hablaron, durante toda la noche. Como en esa película catalana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la conocí, hace un par de años, era una chica absolutamente pueril. Decía cosas como que a veces sentía que volaba y tal, mientras gesticulaba con los brazos fingiendo que saltaba, y le hubieras dado una buena hostia para que pusiera los pies en el suelo. Ahora se va a construir iglúes con su novio. Me parece maravilloso que existan personas así, y tengo curiosidad por verla dentro de unos años. No me malinterpretes: ni la envidio ni querría una vida de este estilo para mí -ya sabes que soy extremadamente feliz y siento mucho amor y no cambiaría prácticamente nada de lo que tengo-, pero me choca ver algo tan irreal en nuestro propio mundo. Y al mismo tiempo, todo es una farsa. Por eso he recordado, una vez más, por qué me gusta tanto mi trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son casi las tres de la madrugada. Jörg ha vuelto a quedarse en mi piso hablando hasta ahora. Me ha contado que, mientras él y su hijo&amp;nbsp;visitaban el museo del Barça&amp;nbsp;(son muy futboleros), su mujer, que los esperaba en un bar, falsificó un autógrafo de Messi. Luego le dijo a su hijo que acababa de pasar el autobús del club y se lo había pedido. El niño se volvió loco de felicidad, y desde entonces tiene el autógrafo enmarcado en su habitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jörg también me ha contado que su hijo tenía un oso de peluche que desapareció de repente. Le dijeron que se había ido a descubrir mundo. Era el oso preferido de Melvin (le pusieron el nombre por el grupo), y Jörg lo llevaba consigo cuando hacía un viaje, dormía con él para sentir que estaba cerca del niño. Años después, la madre de Melvin encontró un oso idéntico y lo compró. Lo dejaron en la puerta y tocaron el timbre. Melvin lo encontró allí mismo, en el descansillo, y fue muy feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando oigo historias así es cuando más ganas me entran de tener hijos, ya sé que son pijadas. Seguramente tus hermanos tienen razón y soy un poco osito. Bueno, que soy un ñoño. Afortunadamente, también soy algo cínico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hamburgo tiene algo especial. El clima y la vegetación crean un ambiente místico, por eso vive gente como Moki o Heiko Muller, un artista que también me gusta mucho y a quien he conocido esta noche. Ves las tiendas de ropa, y hacen esas cosas que tú no te pondrías nunca, que son como etéreas. Caminas por la calle y no hay nadie, y cruzas un parque a oscuras y no piensas que puedan atracarte, sino que saldrán fantasmas de algún rincón y entonces te pasará algo extraño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mañana iré con Victor a ver exposiciones y a dar una vuelta en barco y a pasear un poco: a hacer el guiri. Después, inauguramos. Lo cambiaría por ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Espero que lo hayas pasado bien esta noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ja saps que t'estimo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-6348323563732140685?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/6348323563732140685/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=6348323563732140685&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/6348323563732140685'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/6348323563732140685'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/11/carta-de-mi-amor-sobre-ruedas.html' title='Carta de mi amor sobre ruedas'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SxFfWl-vrxI/AAAAAAAAAXg/9OS-xyb58EM/s72-c/birds.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-66540995419575531</id><published>2009-11-27T14:04:00.004+01:00</published><updated>2009-11-27T16:34:50.632+01:00</updated><title type='text'>La bella durmiente</title><content type='html'>Cayó a plomo junto a la entrada del metro. Los demás, unos completos desconocidos que se dirigían hacia alguna parte, nos miramos sin saber qué hacer. Un hombre con un feo jersey verde césped se agachó a su lado, mientras interrogué enarcando las cejas a una mujercita menuda con gafas que respondió: "ya llamo yo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También yo me acuclillé junto a su cabeza, otra mujer le hacía las preguntas que aprendí que hay que hacer en un cursillo de primeros auxilios, me oyes? estás bien? cómo te llamas? La chica no reaccionaba. Tenía los ojos cerrados, alguien le levantó las piernas para ver si volvía en sí, la mujer que hacía preguntas dijo que era enfermera, le volvió la cara hacia la acera por si se ponía a vomitar, y yo le abrí la boca para asegurarme de que no se tragaría su propia lengua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujercita que había llamado a urgencias dijo: "tendrá veintisiete o treinta años", y yo pensé pero qué dices tía, pero no dije nada. La mujercita que había llamado a urgencias le pasó el teléfono a la que había dicho que era enfermera, y ella repitió pues eso, que tendría unos veintitantos y que estaba inconsciente en medio de la calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La chica empezó a mover los ojos bajo los párpados. Muy rápidamente, como si soñara o no lograra despertarse. La que aseguraba ser enfermera volvió a hacerle las mismas preguntas. Se las hacía en catalán, pero yo estaba segura de que aquella chica era castellanoparlante, no sé por qué. Le miré las uñas, mal pintadas y largas, tenía un par de anillos de oro demasiado brillante. Me descubrí acariciándole el pelo, oxidado por culpa del tinte. Con la otra mano, agarraba su bolso de Tous con osos estampados y otra bolsa de cartón con el cartel de Mamma Mía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La chica nos miró sin sorpresa, veinte personas a su alrededor comentando la situación, se había rodeado la cintura con ambos brazos y se retorcía de dolor. "Tendrá la regla", dedujo alguien. Se llamaba Patricia, aunque al principio nadie la oyó cuando lo dijo. Luego, todavía en un susurro, contó que había estado vomitando toda la mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ambulancia no llegaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quien llegó fue un chaval hortera con gafas de sol y anillos gordos en sus dedos flacos, que dijo: "Qué ha pasado? Yo la conozco". Y luego: "Bueno, de hecho soy su novio".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No le creí, pero fui la única. El chico se arrodilló junto a la chica, que no cambió de expresión, mientras alguien se quejaba de la lentitud de la ambulancia. El agente de una administración de fincas, vestido con un traje gris, se acercó y preguntó si podía hacer algo. Un argentino llegó con un vaso de agua caliente y una pajita de color naranja para que la chica bebiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella volvió a perder la consciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pum.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujercita llamó a urgencias de nuevo, y también lo hizo la dependienta de una zapatería desde la tienda. Y luego un flipado dijo: "soy enfermero, qué ha pasado aquí?". Y la enfermera contestó que estaba todo bajo control.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agachada junto a la cabeza de aquella desconocida, pensé que no pintaba nada en aquella escena, rodeada de desconocidos que observaban y esperaban a que alguien se hiciera cargo. Algo, no sé qué, hizo que me estremeciera. La mujercita repitió al teléfono: "veintisiete, veintiocho años", y el presunto novio de la chica se escandalizó: "pero de qué vas, pava, si tiene diecinueve".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había vuelto a abrir los ojos, pero la barriga le dolía tanto que lo que dijeran de ella le daba igual. "Será el apéndice", aventuró el agente de la inmobiliaria pegado a su carpeta de cuero. Ella sacudió la cabeza, y reunió fuerzas para contestar con hilo de voz que ya le habían operado de eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La enfermera me arrancó el bolso de Tous de las manos, la bolsa de Mamma Mía, y se los dio a su presunto novio. A mí ese tío no me gustaba, pero quién soy yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La calle se había llenado de curiosos; habría cuarenta, cincuenta personas, entre chavales que salían del instituto, currantes que iban a comer, señoras que habían bajado a comprar pan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recordé la historia que le pasó a una amiga mía. Tenía un pretendiente, un pretendiente pesado. Se conocieron de adolescentes y el destino (según él), la perseverancia de un obseso (según ella), los reunió años más tarde. Él la llamaba para quedar, ella le decía que no. Tenía mucho trabajo. Es cierto, escribía los discursos de un político importante y solía dormir tres horas diarias. Era una &lt;i&gt;workaholic&lt;/i&gt; total. Él no entendía que a menudo el trabajo es peor que el más celoso de los amantes; hasta que ella no lo rechazara por culpa de otro hombre, no se daría por vencido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella le puso la excusa de otro hombre, él no se la tragó. Seguía llamando. Le enviaba e-mails a todas horas. Le enviaba poemas, flores, canciones. Le aseguraba que era la mujer de su vida y que él la haría feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día ella aceptó una cita. Lo hizo por cansancio, por hartazgo, para ver si así conseguía quitárselo de encima. Quedamos, vamos al cine, que así no tenemos que hablar, y cuando salgamos, tendré una llamada perdida en el móvil, un asunto urgente, ha estado bien, pero ya ves que ando muy liada, me tengo que ir, ya nos veremos, adiós.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aceptó porque el trabajo la consumía, aceptó porque no sería para tanto, aceptó con la intención de estar borde, aceptó porque a veces te cansas de decir que no y aceptó, pues, porque sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba realmente muy cansada, tenía un dolor de cabeza insoportable y le entraron náuseas. Se derrumbó en el asiento del cine y, nunca sabrá si fue por el calor de la sala o por culpa de la oscuridad, inmersa en aquel abismo de desconexión total, creyó primero que se estaba quedando dormida. Y justo antes de darse cuenta de que se había meado encima, comprendió que se desvanecía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le diagnosticaron estrés. Despertó en una cama de hospital, y lo primero que vio al abrir los ojos fue a sus padres con aquel hombre al que tantas veces dijo que no; aquel hombre con el que aceptó ir al cine para que la dejara en paz, hostia ya. Aquel hombre la peinaba y le decía "cariño" y la besaba en los labios como si fueran novios formales. De hecho, mientras ella estaba inconsciente, había dicho a médicos y familiares que llevaban meses saliendo juntos. Que planeaban casarse. Nunca ha pasado tanto miedo como entonces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque, si hay algo que acojona más que descubrir la obsesión que has provocado en alguien son las consecuencias que se derivan de esa obsesión: primero presión y luego mentiras. Y quién sabe, quizá también violencia derivada del acoso. Lo peor, según mi amiga, eran las dudas que generaba aquel miedo: ¿quién le aseguraba que aquel tarado no la había envenenado mientras tomaban un café rápido antes de meterse en el cine? ¿hasta dónde estaría dispuesto a llegar? ¿o simplemente se estaría volviendo loca?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer, mientras oía la sirena de la ambulancia por fin cruzando la Meridiana, recordé que mi amiga tuvo que cambiar de trabajo y de país oficialmente por culpa del estrés, en realidad porque temía a ese hombre o a sí misma. Habían pasado veinte minutos desde que aquella chica había caído a plomo en la acera, y ahí estaba ese hortera con gafas de sol, rebuscando en el fondo del bolso Tous su tarjeta sanitaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quise convencerme de que estaba equivocada, de que, cuando ella despertara, lo haría segura y feliz junto a su príncipe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero algo no encajaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los gilipollas del 112 nos echaron de mala manera, "todo el mundo fuera, se acabó la función". Las dependientas volvieron a sus tiendas, y las marujas, al cotilleo mucho menos suculento de la televisión; los chavales compraron tigretones para comérselo después del porro, y el agente de la inmobiliaria se fue a enseñar un piso que total no venderá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos volvimos a ese mundo inalterable en el que la gente hace cosas y no se desmaya, sin conocer el final del cuento de hadas o la película de terror, habrá sido un sueño o empezará la pesadilla. Entonces, con los auriculares en las orejas y una canción a medias en el iPhone, sentada en el vagón del metro, una pregunta seguramente tonta me pellizcó el estómago: ¿por qué, si aquel chico era su novio, no se ofreció a llamar a sus padres ni a nadie de la familia?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-66540995419575531?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/66540995419575531/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=66540995419575531&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/66540995419575531'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/66540995419575531'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/11/la-bella-durmiente.html' title='La bella durmiente'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-7660866976906174224</id><published>2009-10-26T19:51:00.001+01:00</published><updated>2009-10-26T19:53:18.095+01:00</updated><title type='text'>Él y sus circunstancias</title><content type='html'>El señor Bernat es un filósofo reputado, uno de esos que pueden pasarse horas hablando de rugby con Edgar Morin durante una cena de intelectuales en el restaurante de Caixa Forum sin que nadie se atreva a interrumpirles. Ahí estaban directores de museos, invitados selectos y otros eruditos sirviéndose otra copa de vino, alguien mira disimuladamente qué hora es, va a perder su vuelo a París, y ellos hablaban de temas casi desconocidos, "¿te has fijado en sus cuerpos?", "no pueden estar bien de la cabeza", y "no confundamos rugby con fútbol americano", "qué estilo!".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El señor Bernat vive en un piso antiguo, tiene cuarentamil euros escondidos en un cajón y guarda las llaves de casa bajo el felpudo de la entrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El señor Bernat me abre en bata, me dice, pasa, pasa y desaparece en su pasillo del Eixample, regresa con un teléfono nuevo, un viejo móvil mastodóntico, me pide que le enseñe cómo funciona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También me pide que le busque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El señor Bernat no sabe cómo funciona Internet y quiere que cada día recopile la información que aparece sobre él en la red. Hasta el último artículo, hasta el comentario más banal. Me ha contratado para que pase una hora diaria en su despacho de baldosas recargadas y paredes con cuadros enmarcados, cortinas pesadas en las ventanas. Una hora diaria rebuscando en las páginas web, estercolero de información inútil e infamias. En Internet todo empieza muy in, promete ser individual; individualista hasta la vanidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leo su nombre en todos los idiomas. Los textos le convierten en un sabio venido a menos, en un pobre hombre maltratado por la saciedad. Es un ponente de lujo, una promesa arrugada, un viejo que ha perdido pelo y criterio, un enamorado que ha perdido el culo y la cabeza, un pensador que sólo piensa en el dinero, el más grande de los silogistas, el menos reconocido entre los grandes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imprimo su yo y todas sus circunstancias, un ciclo filosófico en Londres, una conferencia en Roma, un premio importante en la Haya, un paseo romántico con una mexicana veinticinco años menor que él en Florencia, un hijo de la edad de sus nietos, un divorcio sonado, los insultos en las columnas que publica su exmujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y todos esos agradecimientos, tantos hombres relevantes, mujeres reconocidas que se acuerdan de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imprimo los artículos, desde el más prolijo hasta el más nimio. Perdí el miedo a enseñarle cómo le veían los demás un día que se enfadó conmigo al descubrir que ocultaba aquellos textos que interpretaba que podían herirle. "Te contrato para que seas mi espejo", me dijo. Y le reflejo así como le describen, consciente de que Internet es la payasada de los espejos deformados: lo que permanece es la caricatura, sólo lo grotesco destaca en este vertedero de información que inmediatamente deja de serlo. Como en la televisión o aún peor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevo dos años viniendo cada tarde a la casa del señor Bernat. No diría que le conozco, pero sé qué libros están a punto de hundir las estanterías bajo su peso, sé qué merienda y qué hace mientras tanto. Sé a qué huele su after shave y quién pintó los cuadros que adornan sus paredes. Sé quién le llama por teléfono y qué visitas recibe los viernes por la tarde. Sé con qué llena la nevera y de qué color son las fundas de su sofá, sé cómo sonríe, cómo brillan sus ojos y con qué. Sé lo torpe que puede llegar a ser y reconozco la belleza en su torpeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los dos años que llevo recopilando información sobre él, no he leído nada acerca de sus libros, las llamadas que recibe, sus meriendas o el perfume de su after shave.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él lee todo lo que se escribe cada día sobre él, atónito. No hace comentarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y eso que internet permite hacerlos, y hay quien suelta unas chorradas que lo flipas. (evidentemente, no me refiero a quienes participáis en este blog, gracias por cierto).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entiendo su estupefacción. De algún modo, buscando lo que se dice de él, el señor Bernat se busca a sí mismo. En nada de lo que encuentra se reconoce lo más mínimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace un rato, he encontrado su nombre en una nota de sucesos. Paseaba junto a un bloque de pisos cuando éste se ha derrumbado y se le ha caído encima, bum. Iba de la mano de su hijo, que también ha muerto. Los funerales se celebrarán mañana, se instalará una capilla ardiente en un salón del Palau de la Generalitat, etcétera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía estoy en su casa, encerrada en el mismo despacho de los últimos dos años, frente a sus libros y este ordenador. He recordado que guarda cuarentamil euros en un cajón. Nadie sabe que sus llaves están bajo el felpudo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También he recordado que todo lo que se publica sobre él es mentira.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-7660866976906174224?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/7660866976906174224/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=7660866976906174224&amp;isPopup=true' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/7660866976906174224'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/7660866976906174224'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/10/egosurfing.html' title='Él y sus circunstancias'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-4345162756937240368</id><published>2009-10-09T21:19:00.005+02:00</published><updated>2009-10-09T22:07:13.440+02:00</updated><title type='text'>El horno eléctrico</title><content type='html'>&lt;span style="color: #999999; font-family: Verdana; font-size: xx-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://vids.myspace.com/index.cfm?fuseaction=vids.individual&amp;amp;videoid=3696115" style="font: Verdana;"&gt;Nick Cave &amp;amp; Pj Harvey - Henry Lee&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;object height="360px" width="425px"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"/&gt;&lt;param name="wmode" value="transparent"/&gt;&lt;param name="movie" value="http://mediaservices.myspace.com/services/media/embed.aspx/m=3696115,t=1,mt=video"/&gt;&lt;embed src="http://mediaservices.myspace.com/services/media/embed.aspx/m=3696115,t=1,mt=video" width="425" height="360" allowFullScreen="true" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.myspace.com/stinkerrrr" style="font: Verdana;"&gt;naama&lt;/a&gt;|&lt;a href="http://vids.myspace.com/index.cfm?fuseaction=vids.splash" style="font: Verdana;"&gt;MySpace Videos&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escucho a PJ Harvey y leo &lt;i&gt;La mujer en silencio&lt;/i&gt;, de Janet Malcolm. Doy un trago largo a mi cerveza, y cuando levanto la mirada, ahí está Sylvia Plath. Sale de la cocina y está cabreada. Tiene mi edad. Qué coño, es un año más joven que yo, pero con ese flequillo horrible parece mayor. Lleva una camisa de leñador que le llega por las rodillas y se deja caer a mi lado, en el sofá. Me ofrece un cigarrillo. Lo rechazo, últimamente toso mucho. Creo que tengo tuberculosis, la enfermedad de los poetas. Pero seamos sinceros, en realidad la mayoría de artistas morían de gripe común, no de tuberculosis. En fin, encima no vamos a darle aún más prestigio a la gripe A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Oye", dice, "tu horno es eléctrico".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me encojo de hombros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos quedamos un rato en silencio, hasta que señala el libro con un gesto de cabeza, alza las cejas: "¿Qué te parece? ¿Te crees una sola palabra de esa sarta de sandeces?", resopla. "Te pasas la vida escribiendo poesía, destripas tus propios sentimientos, intentas reventar con ellos y luego lo tergiversan todo, se quedan con las rabietas de mamá, los celos de tu cuñada, la cobardía de tu ex".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le pregunto cómo era Ted Hughes, no sé, para ver si se le pasa el enfado. "Lo pone ahí, ¿no?", contesta secamente. Expulsa el humo con parsimonia. Y me recuerda, no sé por qué, a esas mujeres americanas que salen en las películas ambientadas en los cincuenta que llevan diadema y viven en casitas blancas con porche, plantas y una mecedora. Suena la voz rota de &lt;i&gt;To Bring You My Love&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me sorprendo preguntándome cómo llamarla. ¿Sylvia? ¿Así, a secas? Es un poco fuerte. A ella le parece normal estar sentada a mi lado, en el sofá sin decir nada, mientras miramos nuestro reflejo en la ventana, bajo la lámpara de pie también recortada en el cristal. Oscurece y el cielo se tiñe de añil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le pregunto por Herta Müller; yo qué sé, para iniciar una conversación o algo, esta visita me ha pillado desprevenida. Hasta ayer, no tenía ni puta idea de quién es la Müller esta, tal vez ella tenga una opinión formada. Se vuelve hacia mí con cara de "qué coño me estás contando". Luego suspira profundamente. Espero que no haya venido a darme lecciones de nada, no estoy para rollos morales; ya sé que la gente no lee, que nadie escribe lo que debería, que el mundo está lleno de mierda, que los intereses, la economía y la política. Pero ella no se mató por lo que había afuera, sino por lo que llevaba dentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su hijo también se suicidó. Se colgó en Alaska hace unos meses. Pobre desgraciado. Un día te levantas y tu madre te ha dejado el desayuno preparado junto a la cama, ha precintado la puerta de la habitación para que no se cuele el gas y te despierte... o no te despiertes nunca más. Cuarenta y seis años después, te anudas una soga al cuello. Me temo que éste tampoco es un buen tema de conversación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sylvia Plath, Anne Sexton, Virginia Woolf. Quizá para ser una escritora reconocida tienes que dejar un bonito cadáver, tienes que ser un poco Kurt Cobain.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me siento insistente y fea como Courtney Love.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También me siento un poco estúpida: Sylvia Plath está en mi casa y no sé qué puedo ofrecerle. ¿Tal vez una cerveza? Responde: no, gracias. Y me dedica una sonrisa espléndida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De repente, es como si estuviera con mi mejor amiga. Me vienen ganas de preguntarle qué tal con el chico éste, que si folla bien y tal, que si cree que van a durar juntos. Ojalá me respondiera que el tío le ha regalado un cepillo de dientes para que pueda quedarse a dormir en su casa siempre que quiera. Entonces chillaríamos las dos, hostia, qué &lt;i&gt;heavy&lt;/i&gt;, ¿y qué cara has puesto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pienso inconscientemente, rápidamente, que la fuerte ha sido ella, Sylvia. De algún modo, hizo que Ted Hughes destruyera el diario en el que contaba su historia juntos. Él la dejó por Assia Wevill, que nunca tuvo claro si prefería ser musa o vate. Cualquiera de las opciones se lo ponía difícil: como poeta, su rival era imbatible; como musa tampoco tenía nada que hacer. Imitó a Plath hasta el final: metió la cabeza en el horno. A diferencia de ella, después de muerta desapareció casi del todo. Y sin ella, probablemente no existiría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sylvia es una cabrona. Hay quien sostiene que Anne Sexton se quitó la vida porque Plath se le había adelantado. "Esa muerte era mía", dicen que dijo. Ambas fueron alumnas de Robert Lowell, pero no sé si eso tendrá algo que ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Plath se cargó indirectamente los diarios que la relacionaban con Hughes, acabó con sus rivales. Años después, se llevó consigo a su ex, y su hijo siguió sus pasos. La relación entre los factores de esta enumeración es tan débil como arrebatadora e inevitable resulta la muerte: acabamos todos en el mismo agujero. De todos modos, pensar que ella provocó esta masacre queda romántico. Muy gótico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Sírveme un Martini, ¿quieres?", suelta, y su retintín imperativo me recuerda a mi abuela. "Sólo tengo whisky", respondo por joder. "Pues un whisky con hielo", resuelve. Tengo la impresión de que su cigarro no se consume nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PJ Harvey y Nick Cave cantan&amp;nbsp;&lt;i&gt;Henry Lee. &lt;/i&gt;Estoy en la cocina, y mientras doblo la cubitera para que los cubitos salten dentro de un vaso ancho, me pregunto a qué habrá venido. Uno de los cubitos cae al suelo. Lo recojo con el pulgar y el índice, y dejo que se deshaga en el fregadero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin sé que todo irá bien. Nos pasaremos la noche contándonos cosas que podrían ser poéticas,&amp;nbsp;&lt;i&gt;plathéticas&lt;/i&gt;, si así lo queremos; cotidianas, si así nos lo piden el alcohol y el cuerpo. Hablaremos, reiremos y escucharemos música hasta quedarnos dormidas. Nos sentiremos vivas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Suena&amp;nbsp;&lt;i&gt;Good Fortune&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me alegro de tener un horno eléctrico.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-4345162756937240368?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/4345162756937240368/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=4345162756937240368&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/4345162756937240368'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/4345162756937240368'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/10/el-horno-electrico.html' title='El horno eléctrico'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-8003930791986141619</id><published>2009-10-05T20:38:00.007+02:00</published><updated>2009-10-05T20:55:39.832+02:00</updated><title type='text'>Noches en Blanca</title><content type='html'>Estoy en la habitación de un hotel que no tiene mesas. Escribo con el ordenador sobre mis rodillas, que se calienta. Unos niños juegan en el jardín, oigo sus comentarios, los pájaros, el susurro sordo del aire acondicionado y el movimiento de alguien en otra habitación que se parecerá sospechosamente a ésta. Los mismos cuadros en tonos pastel colgados en las paredes, el mismo mueble junto al armario y el mismo toldo que resulta acogedor no sé por qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo ganas de llorar. Hace un rato, tumbada en la cama, he pensado que podría imaginarme que follaba con un desconocido de este pueblo minúsculo de Murcia. Que salía a la calle, le decía: “Tú, eh, ven!”. La idea no me ha excitado. Son unos neandertales. Lo digo en serio. Además tienen grandes discapacidades. En dos días he visto tres chicos en silla de ruedas, cuatro personas con síndrome de Down y la camarera del bar de moda está completamente sorda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio no sabíamo qué le pasaba. Creíamos que el problema lo teníamos nosotros, porque era imposible entenderse con ella. Como en los bares de moda la música suele estar muy alta y no te queda otra que comunicarte con gestos... pues eso, que el de barman es el trabajo ideal para un sordo. O lo que sería más políticamente correcto: un disminuido auditivo. La cuestión, que aquí están todos tarados. Algunas personas tienen fantasías sexuales con tarados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También podía imaginar que follaba con alguno de los invitados, pero con cuál.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy resfriada desde el domingo. Cada vez que estornudo o toso, la gente se vuelve y me mira como si estuviera apestada. Nadie quiere estrecharme la mano.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En lugar de montarme una peli porno intelectual, me he levantado y he metido la ropa en la mochila. Las camisetas que he traído para tres días, los pantalones, la ropa interior. Sé dónde guarda el dinero la editora con la que comparto habitación. Hace años que somos amigas. Antes era mi amiga La Loca, pero ahora ya no lo está tanto, no puedo seguir llamándola así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta mañana ha comentado que no quería llevar tanto dinero encima y me he fijado en dónde lo dejaba. He cogido su dinero y me he dicho: no le importará. Ahora ella estará nadando en la piscina de una casa rural entre los limoneros, y luego tiene que presentar un libro. Yo tengo que participar en una mesa redonda. Pero qué más da.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He contado el dinero: 150 euros. Más 75 que tengo yo, 225. He doblado los billetes y me los he metido en el bolsillo del pantalón. Ya está. Ella se divierte con otros editores en la piscina, lleva puestos los calzoncillos de un chico que se los ha prestado. El chico es amigo de otro editor que no ha podido venir y que ha cortado con su novia. Mi amiga La Loca acaba de enterarse y salta al agua dando un grito de felicidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se lió con otro hombre hace dos días. Está enamorada y eso. Pero aquel editor que no ha podido venir y que ha cortado con su novia le gusta mucho. Llevan años tonteando. Por eso salta a la piscina. El agua está helada entre las montañas y los limoneros. Ella chilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí todo parece barato, con esto tengo suficiente para desaparecer. Doscientos veinticinco euros. No sé, salgo a la carretera, camino hasta algún sitio, pregunto dónde queda la estación o hago autoestop. Me largo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer, en este mismo pueblo en el que no lee ni dios porque a ver si te crees tú que dios pasará por este pueblo, durante otra presentación, hablé del morbo. O mejor: de la falta de él, en el caso barcelonés. Esa ciudad quiere mantenerse tan perfecta que oculta sus muertos bajo la alfombra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me he colgado la mochila a la espalda y sólo esperaba no toparme con nadie a la salida. De este hotel se sale por el comedor.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando acabamos la presentación, una mujer vino a hablar conmigo. Dijo que tenía razón. Que ella había vivido seis años en Lleida y que lo que yo decía era cierto. Que Cataluña no es morbosa. Que en Valencia, en cambio, se diría que están orgullosos de las mujeres que aparecen muertas y mutiladas en las cunetas.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer me cabreé con mi amor sobre ruedas. Hace dos días, creí haber encontrado el piso de nuestra vida. Él también lo creyó así. Pero es un caprichoso, siempre piensa que merece un poco más, que puede negociar hasta conseguir la perfección. Puso condiciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El administrador le dio el piso a otro más conformista y sin tantas puñetas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé que son las casas las que te eligen y me consta que ésa se enamoró de mí. Mi amor sobre ruedas no le gustó tanto. Nadie quiere que le saquen a relucir los defectos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adiós piso perfecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiero sentirme en la puta calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El propietario de este hotel es un encanto. Por las mañanas, prepara zumo para desayunar, nos tuesta pan. A veces se distrae con algún rumano que le pide diez euros, y cuando se los da, el rumano le pide diez euros más, y entonces al propietario del hotel (que es vasco) se le quema el pan que estaba tostando. El comedor huele a quemado y dice “otra vez!”, porque siempre olvida que está tostando pan. Acaba de verme en el comedor con la mochila a la espalda, y sé que no hubiera preguntado nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podría haberme dirigido a la carretera, en busca de la estación. Podría haber buscado la piscina entre los limoneros. Podría haberme ido tranquilamente a la cuneta o a la mierda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me hubieran buscado esperando no encontrar mi cuerpo. Cuerpo es el eufemismo de eso en lo que nos convertimos cuando estamos muertos en un lugar inapropiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me asusta ponerme triste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya casi en la puerta del hotel, como digo, me he topado con el propietario, la ropa en la mochila, el dinero en el bolsillo, el futuro en cualquier parte. ¿Cuánto tiempo compras con 225 euros? Sé que no hubiera dicho nada. Buenas tardes, buenas tardes, hasta luego, adiós. Sólo dentro de un par de horas, cuando alguien me hubiera reclamado en la mesa redonda, él habría dicho: sí, vi que se iba sobre las cinco, pero pensé que querría darse un chapuzón en el río.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Río suena a Marta del Castillo. Y vertedero. Y descampado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He sentido la necesidad de poner una excusa al propietario del hotel. Del mismo modo, no sé por qué, me siento culpable por haber perdido el que yo creí que sería un piso perfecto.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No puedo volver al piso que alquilo sabiendo que ese ático existe, joder. Y esa puta terraza.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé que parece estúpido. Probablemente lo sea. Lo que para ti son tonterías se convierten en abismos ante una premonstruosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mochila, el odio, el morbo, el dinero. Y esa puta tristeza. Se supone que tendría que quedarme por amor. O si no, por responsabilidad. Tengo que participar en una mesa redonda.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También tengo que largarme de aquí. Y de todas partes. Empiezo a pensar en un nombre nuevo. ¿Cómo puedo llamarme? ¿Laura? No me gustan las Lauras. Marta es seco, casi todas mis amigas se llaman Ana y sucedáneos. Los nombres de mujer son feos. Por eso no quiero tener hijas. A mis hijas las llamaría Pablo, Juan o Roberto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si me largo, necesito un nombre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me he cruzado con el propietario amable del hotel cuando estaba a punto de salir, y aunque sabía que no tenía por qué decirle nada, le he preguntado: “¿Sabe dónde puedo encontrar un cibercafé? Tendría que conectarme un momento”. Era una buena excusa para irme sin levantar sospechas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mujer más o menos rubia y más o menos delgada y de estatura media. Se busca. Tres días desaparecida. Seis días desaparecida. Un año desaparecida.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre amable ha contestado que hay internet en el hotel, pero que el WiFi no siempre funciona, que un momento, por favor, que ahora me daba un cable y así podría conectarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora estoy sentada en la cama de la habitación sospechosamente idéntica a la de al lado, un cable une mi portátil con la pared -desgastado cordón umbilical con el mundo-, he devuelto al escondite de mi amiga el dinero que he cogido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta noche iremos al concierto de un cantautor con el que descubrí que soy la peor groupie del mundo. Y hablaré de tantas cosas con mis nuevos amigos y nos reiremos tanto. Y el cantautor acabará dando un concierto junto al río rodeado de los cuatro roqueros de este pueblo, todos borrachos perdidos, rascando las guitarras, hasta que la policía les diga “disculpen, señores” a las seis de la madrugada. Mientras mi amiga La Loca que ya no lo está y yo dormimos a pierna suelta sin acordarnos de la resaca de mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acaba de llegar ahora mismo, el pelo empapado y una sonrisa triunfal. Le brillan los ojos y me comenta que hacía tiempo que no se lo pasaba tan bien como en la piscina. Que qué hago aquí metida. Que tendría que haber ido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-8003930791986141619?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/8003930791986141619/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=8003930791986141619&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/8003930791986141619'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/8003930791986141619'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/10/noches-en-blanca.html' title='Noches en Blanca'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-1452258173962481729</id><published>2009-09-28T20:00:00.003+02:00</published><updated>2009-09-28T20:21:22.193+02:00</updated><title type='text'>During that time (Colombo II)</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SqZMzXZ45FI/AAAAAAAAAWI/X3XidYYUJxE/s1600-h/IMG_0518.JPG" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5379071250280277074" src="http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SqZMzXZ45FI/AAAAAAAAAWI/X3XidYYUJxE/s400/IMG_0518.JPG" style="cursor: hand; cursor: pointer; display: block; height: 300px; margin: 0px auto 10px; text-align: center; width: 400px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Traducción del catalán.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Colombo, 31 de julio de 2009&lt;br /&gt;&lt;div&gt;(mientras espero una Lion Beer y mi amor sobre ruedas está en el centro Pettah comprando una tarjeta SIM)&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La selva se divisa a través de los cristales del aeropuerto, empañados por la humedad y el calor. Cambiamos dólares por rupias o petrodólares, palabra aceptada por la Real Academia de la Lengua aunque parezca mentira, y un señor con traje y zapatos lustrosos nos convence para que vayamos en uno de sus taxis. Las guías lo desaconsejan, pero nos da igual. Se llama Maxi porque cree ser lo más. Damos unas monedas al tío que carga las maletas y, por la cara que pone, le hemos dado poco.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El taxi arranca y nos adentramos en una mezcla casi absurda de Tailandia y el Caribe. No he estado ni en Tailandia ni en el Caribe, pero mi amor sobre ruedas sí, y me lo comenta. Lo de "mezcla absurda" es de mi cosecha, tal vez la mezcla no sea tan absurda. Son las cinco de la mañana y los niños ya juegan en los parques con el uniforme impoluto del colegio, las niñas van vestidas de blanco inmaculado y la gente camina por el arcén de la carretera como si fuera una calle principal. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Veo palmeras, perros, casas que se doblan bajo el peso de grandes anuncios de colores, veo figuras de santos enormes en vitrinas, figuras de Buda, veo basura, cuervos, motos, bicicletas, autobuses y tuk-tuks. Las señales de tráfico son decorativas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lugar de frenar, se pitan los unos a los otros, perpetúan una competición que consiste en ver quién es capaz de llegar más lejos sin detenerse, colarse es una afición. Nuestro conductor debe considerar muy divertido escurrirse entre los autobuses que no le hacen caso y pretenden cortarle el paso sin conseguirlo. Es falso que en Sri Lanka conduzcan por la izquierda; también lo hacen por la derecha y contra dirección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resulta curioso, pero no tengo miedo. Tampoco me asustan las cabinas con militares que cargan gastadas kalashnikovs. Uno de ellos nos para con un gesto desde lejos y nos pide el pasaporte, pero sólo porque no ha visto antes un pasaporte español. Lee correctamente: "Es-pa-ña".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La eñe suena a eñe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intento matar un mosquito que se ha metido en el coche. El taxista me da un trozo de papel higiénico. El mosquito no opone resistencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo que esta gente es budista, y cree en la reencarnación. A lo mejor acabo de cargarme a la abuela del taxista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El aire acondicionado estaba muy alto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hotel Galle Face se yergue con la elegancia y la moderación de los edificios coloniales, tiene ese algo de country club inglés. Hace ilusión ver una construcción ordenada (como mínimo descriptible) en medio de todo este caos. Un descanso para la vista y para los sentidos después de la saturación de emociones, acrecentada por un viaje de nosécuántashoras sin dormir, y un &lt;i&gt;jet lag&lt;/i&gt; o sucedáneos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras el hotel se levantan unos edificios terribles convenientemente borrados con Photoshop en su página web.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora mi amor sobre ruedas dibuja a mi lado. Tenemos el Índico delante, gente que come a nuestras espaldas. Estamos sentados en el porche, sostenido por columnas y una balaustrada que aquí (y sólo aquí) queda bien. Hay palmeras y banderas y anoche se celebró una boda en esta misma terraza. Vimos la sesión fotográfica desde la tabla de ajedrez que se extiende en el centro del jardín. Mientras tanto, el sol se ponía en el mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SsD56xCgwII/AAAAAAAAAXA/scZdHrDW9gc/s1600-h/IMGP1672-1.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SsD56xCgwII/AAAAAAAAAXA/scZdHrDW9gc/s400/IMGP1672-1.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto está lleno de cuervos. Me pregunto si Hitchcock pasó unos días en Sri Lanka.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El barrio de Pettah está &lt;i&gt;petao&lt;/i&gt;. Por eso se llama Pettah. A mi amor sobre ruedas le encanta, a mí me estresa. Me pongo histérica cada vez que tenemos que cruzar una calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuimos a comprar billetes de tren para ir Kandy. Fuimos en tuk-tuk, y el humo de los camiones se nos metía en las narices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imposible comprar billetes en plena Perahera. La Perahera es una procesión para celebrar la luna llena. Milagrosamente, si le pedías al tipo del centro de turismo que te consiguiera una plaza en primera, conseguía que viajaras en ese tren. Siempre y cuando te alojaras en el hotel que él te recomendaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya habíamos reservado la &lt;i&gt;guest house&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El barrio de Pettah no puede ser surrealista porque no tiene nada que ver con la realidad. En las calles se acumulan coches, motos, cajas, tuk-tuks, más cajas, gente que lleva cajas, gente que no lleva nada, gente que lleva dos sacos enormes sobre la cabeza, algunas mujeres, muchos hombres, ni un niño, fruta, comida caliente, comida maloliente, ropa, un negro hinchado sin camiseta, una vieja que pide limosna sentada en una silla de ruedas, perros famélicos o no tanto, gente en el suelo, carritos repletos de cajas, más cajas y dos turistas: mi amor sobre ruedas y yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No podemos ir por la acera porque no hay acera. Las furgonetas aparcadas se las comen. Entramos en una tienda oscura en la que venden cuadernos. Son preciosos, pero tienen rayas y no nos gusta dibujar ni escribir sobre líneas, como si te dictaran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenemos la impresión de que no cabemos. Curiosamente, éste es el barrio donde menos nos molestan. No nos preguntan todo el rato si necesitamos un taxi, si necesitamos un hotel o si necesitamos algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo les contestaría: "¿Y tú?".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SsD7oFUoAjI/AAAAAAAAAXQ/n3L4_jM2kTA/s1600-h/IMG_0504.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://3.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SsD7oFUoAjI/AAAAAAAAAXQ/n3L4_jM2kTA/s400/IMG_0504.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasamos por delante de un edificio extraño de arquitectura extraña en el que la gente se tumba a la sombra, evidentemente descalza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace calor, quiero una cerveza, no venden cerveza en ningún sitio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi amor sobre ruedas compra un coco de color naranja. Cuesta 15 rupias, ignoramos si es mucho o es poco para un coco. Parece poco. Mi amor sobre ruedas intenta comprar unas sandalias por 200 rupias. El vendedor del tenderete le dice que está como una cabra, que valen 2.900.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creemos que nos seguirá cuando nos vayamos. El vendedor pasa de nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para cruzar las calles que llevan al barrio de Fort tienes que estar tarado o ir muy tranquilo. De momento, no nos han atropellado. Creerán que, si matan a un turista, se reencarnarán en mosca. No, en mosquito con malaria, para picar a los turistas. No, en cuervo. Yo qué sé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El barrio de Fort está lleno de accesos cerrados. Un militar o una militar te impiden pasar. Hay un montón de mujeres militares, pero ellas no llevan kalashnikov.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomamos una cerveza en el Hilton (mirar 30 de julio). Observamos cómo una garza se zampa un pez negro y enorme que buceaba en el estanque. La forma del pez se recorta en el cuello largo de la garza mientras se lo traga. Unos cuantos árabes con turbante toman té.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego vamos hacia el malecón. Tenemos que pasar por el World Trade Center. Tras una cortina, una srilankesa me toca las tetas por seguridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intento sacar fotos de un edificio. Oigo que alguien me silba. Son unos militares que, desde la distancia, sacuden la cabeza para decirme que no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemos ido a la estación por segunda vez esta mañana y no, definitivamente no queda un puto billete a Kandy. Dentro de unas horas descubriré que, como mínimo, hay que reservar plaza en primera con dos días de antelación. En plena Perahera, misión imposible. Por eso el vendedor de la taquilla se reía tanto, el muy cabrón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He aprendido a decir &lt;i&gt;bohoma istuti&lt;/i&gt;, que significa "muchas gracias".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regresamos por el paseo marítimo, olas de tres metros, parejas agarradas de la mano, militares haciendo instrucción, un grupo de postadolescentes bromeando y enviando mensajes de móvil. Y ya, delante del hotel, cuando acordamos que Colombo es un lugar realmente feo, unos niños en uniforme hacen volar cometas de alquiler.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SsD8ohcbFKI/AAAAAAAAAXY/xMftfgB-jRs/s1600-h/sri.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://4.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SsD8ohcbFKI/AAAAAAAAAXY/xMftfgB-jRs/s400/sri.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-1452258173962481729?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/1452258173962481729/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=1452258173962481729&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/1452258173962481729'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/1452258173962481729'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/09/during-that-time-colombo-ii.html' title='During that time (Colombo II)'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SqZMzXZ45FI/AAAAAAAAAWI/X3XidYYUJxE/s72-c/IMG_0518.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-8222791638626083144</id><published>2009-09-24T14:11:00.004+02:00</published><updated>2009-09-24T18:51:05.059+02:00</updated><title type='text'>Fotos encontradas en la calle</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SrtfHZWPVcI/AAAAAAAAAWQ/ONXKe5WUIaM/s1600-h/carrer4.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SrtfHZWPVcI/AAAAAAAAAWQ/ONXKe5WUIaM/s320/carrer4.jpg" width="250" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;Todo empezó en una calle de Barcelona, un día cualquiera de 2001.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/Srtf2PndRfI/AAAAAAAAAWY/Sn7ES5a040g/s1600-h/carrer2.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://3.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/Srtf2PndRfI/AAAAAAAAAWY/Sn7ES5a040g/s400/carrer2.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;Descubrí que en París abundan las fotos sin dueño.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SrtgHe-Ze3I/AAAAAAAAAWg/iFh7E0Q8-Kw/s1600-h/carrer3.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://4.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SrtgHe-Ze3I/AAAAAAAAAWg/iFh7E0Q8-Kw/s400/carrer3.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;i&gt;Amélie&lt;/i&gt; no tiene mérito. Empecé a coleccionar fotos antes de ver la película.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SrtghZ1qLEI/AAAAAAAAAWo/ZAPThximYag/s1600-h/carrer6.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://1.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SrtghZ1qLEI/AAAAAAAAAWo/ZAPThximYag/s400/carrer6.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;Regresé a Barcelona, y continué encontrando rostros a punto de ser pisados.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/Srtg4RYvpKI/AAAAAAAAAWw/thwBo3-LxDw/s1600-h/carrer1.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/Srtg4RYvpKI/AAAAAAAAAWw/thwBo3-LxDw/s400/carrer1.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;Personas anónimas llenan mis cuadernos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SrthGrKb1UI/AAAAAAAAAW4/pBKins2xfBg/s1600-h/carrer5.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://3.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SrthGrKb1UI/AAAAAAAAAW4/pBKins2xfBg/s320/carrer5.jpg" width="262" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;La última, el miércoles pasado, en un banco de la estación de metro de Fabra i Puig.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;A veces me pregunto cómo serán sus vidas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-8222791638626083144?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/8222791638626083144/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=8222791638626083144&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/8222791638626083144'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/8222791638626083144'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/09/fotos-encontradas-en-la-calle_9420.html' title='Fotos encontradas en la calle'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_aXGKyN_TUTs/SrtfHZWPVcI/AAAAAAAAAWQ/ONXKe5WUIaM/s72-c/carrer4.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-5353372723652176706</id><published>2009-09-18T21:21:00.000+02:00</published><updated>2009-09-18T21:21:40.838+02:00</updated><title type='text'>Es Pelut</title><content type='html'>Le llamábamos "Es Pelut" porque llevaba el pelo largo y rizado, tenía una nariz poderosa. Pero antes incluso de que lo bautizáramos, lo veía pasar por delante de la casa de mis padres; caminaba pausadamente y como caminaría alguien sin preocupaciones, pantalones &lt;i&gt;hippiosos&lt;/i&gt; de colores y aquella mochila de tela semivacía colgada a la espalda. Caminaba como a quien le importa un pito adónde va, cuándo llegará, si llegará, y qué más da.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi amiga la doctora se enamoró de él. Le gustaba su estilo. Le gustaba la aparente felicidad con la que se dirigía hasta la Riera, donde hay ratas y eucaliptos, y luego, no sé, podías verlo junto a los Institutos, una expresión neutra en la cara que tal vez fuera fruto de, pues eso, una alegría nihilista o quizá de un pasotismo hedonista. Mi amiga la doctora solía fijarse en tipos como él, tipos libres. Ahora mi amiga la doctora es lesbiana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quien le puso el nombre, sin embargo, fue otra amiga mía, la abogada. Mi amiga la abogada se lió con un amigo suyo que no tenía nada de libre, ni de hippy ni de tranquilo. Y un día, así sin más, aquel chico que veía pasar por delante de la casa de mis padres pasó a llamarse "Es Pelut". Él no lo sabía, no nos dirigíamos ni la palabra ni la mirada. Yo lo veía caminando hacia ninguna parte y pensaba: "Mira, Es Pelut". Luego le comentaba a mi amiga la doctora: "Avui he vist en Es Pelut".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que nos conocimos en un callejón. Estaba sentada en el suelo frente a la puerta de un bar, en aquella época podías tomarte las pomadas en la calle sin que viniera la policía ni los camiones de la BCNeta que te sacan a manguerazos, entre otras razones porque en Mallorca no hay camiones de la BCNeta. La cuestión es que conocía al amigo des Pelut porque se había liado con mi amiga la abogada. Y bueno, el amigo des Pelut se sentó a mi lado, y Es Pelut se sentó con nosotros, y enseguida nos pusimos a hablar de no recuerdo qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí recuerdo que Es Pelut llevaba una petaca con coñac, o un licor de esos bastante abominables.&lt;br /&gt;También recuerdo que nos llevamos bien.&lt;br /&gt;Recuerdo que tanto él como su amigo elogiaron mi constitución ósea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasamos la noche de fiesta juntos los tres. Fuimos a un bar de lesbianas y acabamos en un clandestino, borrachos como cubas, seguramente yo fumé algún porro pero no lo sé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora iba a escribir que, sin apenas darme cuenta, me descubrí liándome con Es Pelut. Pero me ha venido a la cabeza un instante: estamos en el oscuro bar de las lesbianas, una luz azul eléctrica cae sobre la barra, el amigo des Pelut ha ido un momento al baño y no queremos que vuelva. Ignoro si nos habíamos cogido de la mano disimuladamente o ya nos estábamos besando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Huimos? ¿Cómo saberlo? Nos recuerdo escondidos en los portales, entre los coches aparcados, también junto al muro de aquella residencia de ancianos. Él tenía una de esas novias de toda la vida. Según él, nunca antes le había sido infiel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y luego yo regresé a Barcelona, le envié un cuento, él me contestó con otro cuento, y así estuvimos una temporada contándonos historias de cafés aburridos, pelotas amarillo locura, manifestaciones universitarias contra Aznar, en realidad sin contarnos nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis letras, en aquellos folios reciclados, parecían arañas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche, en el bar de siempre, durante una visita sorpresa a Palma, noté que algo me golpeaba en la espalda. Una bola de papel. Al cabo de un rato, otra pelota cayó sobre la mesa en la que apoyaba la cerveza. En aquellas hojas estaba escrita la respuesta a un cuento que había enviado a Es Pelut. Era un cuento sobre conejos suicidas que manchan de sangre y sesos el piso de la vecina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me volví, y allí estaban Es Pelut y su amigo inseparable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De nuevo salimos de juerga los tres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El amigo des Pelut estaba celoso. Empezó a enviarme cuentos él también. Sus cuentos no eran tan buenos, eran cursis, grandilocuentes, y estaban escritos para seducirme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una tarde, llamaron a la puerta de casa, en Barcelona. Típico piso de estudiantes. Era el amigo des Pelut. Dijo que no tenía dónde pasar la noche. Mentía, pero dije pasa, porque en los pisos de estudiantes siempre sueles decir pasa. Quiso enrollarse conmigo, y aunque entonces yo casi nunca solía negarme porque daba más palo decir que no a decir "bueno, vale, pero luego lárgate", me negué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dio lo mismo, porque el muy cabrón volvió a Palma diciendo que nos habíamos acostado juntos. Y aunque mi amiga ya no estaba liada con él y me aseguró que le daba igual, sé que en el fondo le jodió un poco. Ese poco es mucho más de lo que jodí yo aquella noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han pasado doce años desde entonces. Los cuentos desaparecieron del buzón. Acabé la carrera, trabajé todos los veranos, me fui a París, regresé, salí cuatro años con un cantante, la relación duró tanto porque era a distancia y distante; cambié de piso una, dos, tres, cuatro veces. Salí con un barman, un actor de culebrones, un escritor, dos o tres periodistas, un columnista, otro cantante, me lié con uno que iba de artista, otro que iba de profundo, un mago, un jefe, un fotógrafo, un crítico literario, otro escritor, un profesor de filosofía, un pianista, otro barman, un dependiente buenorro, un sociólogo que trabajaba en Correos, otro escritor y otro y otro, y otro periodista y otro, con un gay y su ex (en momentos diferentes), un actor de teatro, un estudiante de medicina, uno que no sé a qué se dedicaba, otro que no sabía a qué dedicarse, supongo que algún editor, un empleado de la cadena de montaje de Rubí y un capullo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me he encontrado al amigo des Pelut unas cuantas veces. La noche antes de que fuera padre, por ejemplo, y él llevaba un pedo de escándalo. Y luego, también, cuando se divorció. Y una tarde en la Fnac del Triangle. Y bueno, aquí y allá. La última vez, este mismo verano en Ses Voltes, en un concierto de Manel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Es Pelut, en cambio, no he vuelto a verle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin haberle olvidado, no había vuelto a acordarme de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anteayer tenía un mensaje suyo en la bandeja de entrada del Facebook. Decía que había leído mi libro, que las cartas, que el talento, que los veranos con las rodillas peladas y el pan con nocilla, el pino y la luz blanca. Luego añadía: "De repente he caído en la cuenta de que tal vez no tengas ni idea de quién soy".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le contesté que sí, que la noche en el bar, las bolas de papel, el cuento de los conejos suicidas, y aquella tarde que fuimos paseando hasta una casa antigua que él dijo que había sido de su familia. Las raíces de los árboles levantaban las baldosas del patio, y en las grietas se acumulaba la pinaza. Alrededor crecía la ciudad como un cáncer implacable. Pero aquella casa continuaba allí, tras la gasolinera, testigo acojonado de un pasado que fue tranquilo como tranquilo era el paso des Pelut por delante de la puerta de mis padres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le contesté que también recordaba que me había contado algo de un primo esquizofrénico que no quiso medicarse y desapareció.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le contesté que esperaba encontrármelo cualquier día frente a la casa de mis padres, como antes, de camino a la Riera; o en un bar de esos que ya no existen, en uno de los que no existían hace doce años. Le contesté que esperaba toparme con él en cualquier esquina, cualquier calle, o junto al mar en el Molinar, antes que reencontrarlo en Facebook. Le pregunté si aún lleva la petaca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respondió que no. Respondió que aún guarda mis cuentos y una foto carné en la que salgo rapada al cero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respondió que el azar nunca ha estado de nuestra parte. Y me contó que aquella segunda noche, los tres en el clandestino, él y su amigo dejaron que me fuera sola. Luego él se arrepintió y salió corriendo para ver si me encontraba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó a la casa de mis padres justo en el preciso momento en el que yo cerraba la puerta a mis espaldas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8883893185323799378-5353372723652176706?l=melalcoholik.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://melalcoholik.blogspot.com/feeds/5353372723652176706/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8883893185323799378&amp;postID=5353372723652176706&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/5353372723652176706'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8883893185323799378/posts/default/5353372723652176706'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://melalcoholik.blogspot.com/2009/09/es-pelut.html' title='Es Pelut'/><author><name>Mel Alcoholica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15996351624410680455</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://elmundovino.elmundo.es/elmundovino/imagenes/200502/1107485066.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8883893185323799378.post-1936487243558951219</id><published>2009-09-14T18:15:00.007+02:00</published><updated>2009-09-15T10:15:17.347+02:00</updated><title type='text'>La clase</title><content type='html'>Vengo de buscar a mi sobrina al colegio. Hoy era su primer día. En realidad no es mi sobrina de verdad, es la hija de una prima mía que no podía ir a buscarla porque tiene depresión, o agorafobia, o alguna enfermedad que no la deja salir de casa. Mi prima se divorció cuando aún estaba embarazada, y a veces me paso por su apartamento para llev
